"El Centésimo Mono" deslumbró en el Teatro Lírico

POSADAS
DOMINGO 07 DE SEPTIEMBRE DE 2014 - 15:04

“El teatro es magia”, una frase que se repite cíclicamente en la obra. Ni que fuera teatro dentro del teatro, el axioma es un resumen perfecto de la pieza. La que en la noche del sábado se presentó en el Parque del Conocimiento, llevada adelante por tres actores/magos.

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¿Vio alguna vez actores desplegando trucos en el devenir teatral (perdón, efectos, como dice el guion, truco remite a engaño, repiten los personajes…) con la naturalidad de los mejores ilusionistas?. Ésta fue la ocasión.

Parados, los actores/magos, sobre un guion perfecto, con acciones coreográficas que relatan que esos tres actores recrean tres obras en simultáneo, trucos que no llegan al hartazgo, por la gran cantidad, ya que en la totalidad son geniales, como el que, al estar concluyendo la obra y, en vivo y en directo, hacen descender 20 pececitos de colores de las mangas a una pecera.

Los espectadores se mordieron las manos en casi hora y veinte de actuación, para guardar el aplauso. Fue el que invadió la sala al final, en forma muy vivaz, premiando tres actuaciones descomunales, un libreto perfecto y eso: “el teatro es magia”, como dice en un principio “pasado y futuro transcurre en la imaginación, solo existe el presente”. La vida es teatro, ofrecen en otro tramo.

No fue irrealidad, amén que, por momentos, es de neto corte surrealista, fue parte de la obra “El Centésimo Mono”, que en la noche del sábado dejó boquiabiertos a 250 espectadores en el Teatro Lírico del Centro del Conocimiento, una de las  funciones finales del maravilloso “9no. Circuito Nacional de Teatro”, incentivado y organizado por el Instituto Nacional de Teatro, que desde la mitad de la semana pasada se desarrolló en Posadas, en salas de la capital misionera.

Cuenta con la actuación de los magos y actores Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff y Emanuel Zaldúa. Así, Osqui Guzmán tomó y dimensionó todos los recursos ilimitados que tiene el teatro, para plantear una pieza que sucede en un espacio onírico que es la cabeza de uno de los magos. Y es una obra de alto contenido filosófico, que habla de la parada del hombre frente a la muerte, de las relaciones maritales y del fracaso. Y así se van, como hemos venido al mundo, en una puesta final híper poética en la que trasponen una estela de burbujas y transporta a los tres monos/magos, que en realidad son uno, al más allá.

La dramaturgia craneada por el director Osqui Guzmán toma una teoría biológica para hacernos entender las redes planetarias y hacernos pensar que todos estamos unidos. El escritor Lyall Watson relató un sorprendente acontecimiento  que ocurrió cuando experimentaba con una colonia de monos en una isla cerca de Japón. Junto a otros científicos descubrió que un mono, un día se dio cuenta que el fruto caído sobre la arena y que estaba sucio, se podía lavar en el mar. 

A partir de ese momento todos los monos comenzaron a lavar su fruto, no sólo en esa playa sino en las distantes. Los científicos se dieron cuenta que había algo que los unía y comunicaba, desarrollaron, entonces, el concepto de redes planetarias, para cada especie de vida.

Ese episodio se transforma en metáfora en las vidas sin vasos comunicantes de los tres magos de la obra, como solo la magia del teatro puede narrarlo.

Seis mujeres cantantes

El viernes ante 150 espectadores, el sobrio Teatro de Prosa recibió el ciclo Solistas No Tan Solas, que anda girando por el país mostrando al emergente en la nueva canción argentina, esta con rostro y voz de mujer. En Posadas se juntaron a compartir y pasarse canciones seis artistas, Anamolí (Santa Fe), Gi Ahumada (Córdoba), Tefy Persi (Córdoba), las posadeñas Ronda y Cecilia Moya, y la brasileña radicada en Buenos Aires, Kika Simone.

La receta fue bien sencilla son compositoras, eligen repertorio propio y se lo pasan y hacen de instrumentistas de las que van tomando el rol de cantante, en un semicírculo, fueron interactuando entre sí durante todo el espectáculo.

Letras intimistas, universos propios, miradas en que la fragilidad y belleza se unieron y fundieron en rítmicas que abarcan el amplio abanico sonoro latinoamericano, desde el universo rioplatense, el tango, a la bossa brasileña, rastros folclóricos imantando todo y la guitarra fue el denominador común, pero no faltaron un vibráfono, una melódica, piano, sintetizador, hasta un ukelele. 

Excelente calidad en cada una de las artistas, bien heterogéneas entre ellas, atractivas y que se irán afianzando aún más, esa consolidación que ya tienen.







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