Habrá que empezar con la sintonía fina, porque la desigualdad social es mal ejemplo

EDITORIAL
SÁBADO 13 DE FEBRERO DE 2016 - 23:21
Habrá que empezar con la sintonía fina, porque la desigualdad social es mal ejemplo

La desigualdad social es el pasado no sólo en la Argentina, también en el mundo. La democracia es más que un sistema político, es un estilo de vida y, en teoría, debería manifestarse en el acontecer cotidiano. Por eso cuando la desigualdad social se hace realidad, lastima. Que un Presidente de la Nación le pida a los trabajadores que resignen porcentajes de aumento en sus salarios, afectados por la devaluación, concretamente “por debajo del 30%” y el mismo día que anuncia un raquítico 15% para jubilados y la Asignación Universal por Hijo, no puede informarse que él mismo, sin consultar ni consensuar con nadie, se aumente un 30%. Y se publique el obsceno sueldo de más 131 mil pesos, que servirá de referencia para los sueldos de los funcionarios del gobierno que tienen a los haberes del Jefe de Estado como referencia.

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Es obsceno porque la jubilación mínima apenas supera los 4.900 pesos -1/4 de pizza x día, para seguir la desafortunada comparación del ministro de Hacienda Alfonso Prat Gay- y la AUH apenar los 900 pesos –ni una migaja de pizza-. Claro que al día siguiente, la Secretaría General de Gobierno de la Nación salió a desmentir que se hubiera aumentado el sueldo del Presidente de la Nación. Difícil saber dónde está la verdad.

Aumentar la tarifa eléctrica de la noche a la mañana en más del 300 por ciento, abandonando subsidios adoptados para extender el consumo, aumentar calidad de vida y movilizar la industria conexa, puede admitirse como “sinceramiento”. Pero el empresariado que tiene por destinatario el mercado interno, está esperando el resultado de las paritarias que restañen la exacción practicada al poder adquisitivo y relancen el consumo porque empezó a caer tras la devaluación.

El reacomodamiento de la economía, con la política de shock del gobierno central, va expandiéndose a todas las áreas. Por caso, los alquileres sobre los que se aplica directamente el porcentaje de la devaluación: 40% y se consolida la indexación que ya incluían los contratos aunque sin llamarla por su nombre. Incluían –incluyen- ajustes semestrales. Y mientras en grandes centros urbanos hay cámaras inmobiliarias y asociaciones de inquilinos, en ciudades de menor volumen de población, sólo están integradas las primeras y no los segundos. En las grandes ciudades los valores se asignan por comodidades del inmueble, su ubicación –con mayor o menor cantidad de servicios urbanos-, en otras como la capital misionera dependen en demasía de la mayor o menor necesidad del propietario.

En una sociedad democrática es la ley la que rige el relacionamiento. Y son las normas las que consagran libertades y límites. Si una persona atesora propiedades inmuebles como ahorro, está obligada a mantener limpio el lugar, si se trata de baldíos, por caso. Porque su propiedad tiene valor social, también para combatir enfermedades como las vectoriales.

Nada puede hacer Misiones con las dos naciones limítrofes en las que ya el Dengue es epidemia, salvo coordinar asistencia eventual. Pero sí puede actuar hacia el interior de su frontera. ¿Cómo? Manteniendo limpios los domicilios, los negocios, las empresas, las ciudades.  Modificar costumbres, adoptar nuevas –descacharrar todas las mañanas el patio de la casa-. La limpieza deberá ser constante todo el año, el uso del repelente personal, los repelentes domésticos. La tropicalización llegó para quedarse. Habrá que aprender a convivir con ella, con criterio democrático. Esto es, de respeto mutuo. Y el que infringe la norma se hace pasible a la sanción.

Para eso se necesitan sistemas modernos y controles. Si han aumentado los usuarios, producto de la expansión del consumo, los bancos, las entidades de pago, las comunas, deben ampliar las oficinas para la atención de los clientes, los contribuyentes.

Poner balizas en el pavimento no ayuda a controlar la velocidad de los vehículos y mucho menos si los conductores saben que las van a encontrar en proximidades al acceso de los pueblos. Servirán controles que registren la salida de una ciudad y la llega a otra. Cuánto tiempo se insumió en cubrir tantos kilómetros. Respetar las normas de tránsito es respetar la propia vida y la de los demás. 

   



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