Nicolas Caputo: el empresario casi desconocido que es el otro yo del Presidente

NACIONALES
VIERNES 24 DE MARZO DE 2017 - 07:14
Nicolas Caputo: el empresario casi desconocido que es el otro yo del Presidente

Los 6 millones de dólares que llevaba en el baúl ya empezaban a pesar. Luego de recorrer durante 12 horas distintos puntos del Conurbano, por fin pudo entregar el dinero. Nicolás Caputo supo que había cumplido su parte, pero no estaba tranquilo: necesitaba escuchar la voz de su amigo de toda la vida, Mauricio Macri, a quien esa plata debía darle la libertad tras haber sido secuestrado el 24 de agosto de 1991.

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A Macri lo habían dejado ir luego de 12 días. Tras el abrazo con su papá Franco, marcó enseguida el número de "Nicky" Caputo: "Te llamo para despedirme, me van a matar", bromeó. Caputo sintió primero el alivio que tanto esperaba y después le dijo: "Sos un tarado". Y le cortó.

La anécdota sinteiza el nivel de cercanía que tiene el actual Presidente de la Nación con Caputo, exitoso empresario de la construcción, forjada desde los cinco años de edad.

Su figura es bastante enigmática: lo conocen en el mundo de los negocios y la política desde hace tiempo, pero la mayoría de la opinión pública no reconoce su cara en una foto. Tal vez, por los medios, se sepa que tiene empresas de construcción a las que les fue bastante mejor luego de que su amigo Macri asumiera como jefe de Gobierno porteño en 2007.

Pero, de hecho, "Nicky" no había dado reportajes hasta que accedió a hablar para El otro yo (Planeta 288 páginas 329 pesos), la biografía que escribieron los periodistas Noelia Barral Grigera (El Cronista) y Esteban Rafele (TN). El texto cuenta la intimidad no sólo de este prolífico empresario sino en parte, también, la de Macri: “Muchas de las personas a las que entrevistamos y tienen trato con los 2 remarcaron que hay una relación simbiótica -dice Rafele a Clarín-. De ahí salió el título. Las fuentes lo decían así: 'Nicolás es el alter ego de Mauricio. Son lo mismo'. Caputo sería la cara más amable y entradora de Macri, que es más gélido".

Lleno de anécdotas, el libro reconstruye la importancia del vínculo a través de recuerdos, como cuando tenían 20 años y decidieron independizarse de sus padres para abrir su propia empresa, Mirgor. Por supuesto, para llevar adelante el plan contaron con el capital de sus familias.

Caputo realizó proyectos como el shopping Abasto, la torre Consultatio en Catalinas (Retiro, Ciudad de Buenos Aires), las sedes centrales de los bancos Macro y Galicia, la de Coca-Cola, la de Axion Energy (para el petrolero Alejandro Bulgheroni) y hasta invirtió con Marcelo Tinelli en el club Badajoz de España, un proyecto que resultó un fracaso. Mirgor, cuenta, sigue siendo su gran orgullo.

Su peso en las decisiones de Gobierno es tan grande como cualquier funcionario de primera línea. Incluso, según El otro yo, "Nicky" le armó a su amigo el gabinete de ministros en la Ciudad, y tuvo gran influencia en el armado nacional.

Desde que empezaron el primer grado en el colegio Newman hasta los beneficios que obtuvo durante las dos gestiones de Macri en Buenos Aires pasaron muchas cosas, que los autores reconstruyeron a partir de documentos inéditos y el testimonio de unos 50 entrevistados.

—En varios tramos del libro apuntan a la relación de Mauricio Macri con Nicolás Caputo como “una relación que no tiene con nadie más”. ¿Cómo sería esto?

Noelia Barral: Me parece que el vínculo entre ellos es inescindible. Ellos son dos personas que llevaron una vida juntos en paralelo, los dos se acompañaron en los momentos más importantes de la vida del otro. Siempre estuvieron presentes. Lo que resulta importante a la luz del lugar que ocupa hoy Macri es cómo Caputo funciona como consejero y la cara amable de Mauricio ante un montón de integrantes del gabinete y del PRO que no tienen forma de llegar a Macri y eligen hacerlo a través de Caputo.


Esteban Rafele: Hay una anécdota que ilustra su relación. Cuando hablan por teléfono después del secuestro, Macri no le dice ni “gracias” a Caputo. ¿Por qué? Entendemos que el vínculo es tan fuerte que hay palabras que sobran. El episodio del secuestro es basal en esa relación simbiótica. Si bien eran amigos y compartieron muchas cosas juntos, Macri definió a Caputo como su “hermano de la vida”. Es un lazo demasiado potente desde lo afectivo, pero también cruzado por los negocios y la política.

—El Cardenal Newman, destacan testimonios en el libro, no era una escuela de excelencia académica. ¿Cuál es entonces la marca de ese colegio?

NB: La marca del Cardenal Newman es el tema del compañerismo. "El Newman no forma grupos, forma camarillas, que son estos grupos endogámicos”, nos dijeron. Ellos egresaron hace 40 años y de su grupo de cursada, al menos 20 de ellos se fueron de viaje en 2015. No es tan frecuente eso, y denota esto que queremos destacar en el libro sobre el Newman. Que, además, es un entorno muy cerrado.

ER: El Newman y otras escuelas de elite, son una gran red de contactos. Y hay una idea del trabajo en equipo que, en última instancia, es medio contradictoria con una organización piramidal donde las decisiones las toman Macri, Peña, Quintana y Lopetegui. Hay también una especie de "lealtad de clase". Cuando hablábamos con algunos entrevistados, hablaban de un "nosotros". Hay algo de "protegernos entre nosotros".


—¿Cómo es el perfil de Caputo como empresario?

ER: Hay una característica del empresario argentino muy clara, que hasta se ve en los balances de las empresas, y es la de acomodarse a distintos gobiernos, para ver cómo se pueden hacer mejores negocios con ese gobierno de turno. Esto implica acomodarse a lo que el Gobierno proponga. En este sentido, por un lado Caputo hizo muy buenos negocios en la década pasada con Mirgor, la empresa radicada en Tierra del Fuego, beneficiándose de un contexto en el que le cerraron la competencia a los electrodomésticos. Hoy sus negocios vienen más por el lado de la construcción y la energía. Pero en este caso, empresario y político se entremezclan: son las mismas personas. Porque Caputo se mete en la política, pero desde otro lugar. Esto es lo novedoso que vivimos a nivel nacional, que ya se percibía en la Ciudad de Buenos Aires.

—¿Cuáles son sus principales negocios?

ER: Los negocios de la familia Caputo, y de Nicolás en particular, se dividen, a grandes rasgos, en tres sectores: construcción, bienes de consumo y autopartes -Mirgor- y energía. Caputo SA, la constructora, es la empresa insignia de la familia; la fundó el abuelo de Nicolás y pasó de generación en generación. En la Ciudad, incrementó su participación en los últimos años a través de SES SA, una empresa de mantenimiento de hospitales, escuelas y espacios públicos. SES obtuvo sus primeros contratos durante la gestión porteña de Carlos Grosso, otro ex Socma. En los años de macrismo, sus negocios se expandieron notablemente. Pero Mirgor es la empresa que une a Macri y a Caputo desde lo afectivo. La fundaron juntos, para “divorciarse” de sus padres, aunque con financiamiento familiar. Ya con el kirchnerismo, y con Mauricio alejado de la firma, se expandió a la fabricación de electrodomésticos y celulares. Hoy es una de las cuatro grandes empresas radicadas en Tierra del Fuego.

—¿Cuál es su apuesta comercial más fuerte?

ER: La energía, sin dudas. Caputo es uno de los socios de Sadesa SA, una de las empresas nacionales más importantes del sector. Participa con fuerza en la generación de energía eléctrica (controla Central Puerto) y también está en Edesur, en distribuidoras de gas de Cuyo y el centro del país y en otros proyectos. La generación de electricidad -sobre todo, renovable- es una gran posibilidad de negocios hoy. Es el negocio menos conocido de Caputo y quizás el más estratégico.

—¿Qué es el “ámbito privilegiado de acumulación” que mencionan en el libro? ¿Qué explica de los directivos actuales del Gobierno, y en qué difiere del kirchnerismo?

NB: Bueno, Caputo fue protagonista de varios conflictos de intereses, ya desde cuando estaba Macri en la Ciudad de Buenos Aires. Él participó de casi toda la selección del primer gabinete de Macri. Y son ministros que terminan por hacer obras públicas con empresas que son subsidiarias de Caputo. Por otro lado, él se beneficia por algo que sucede colateralmente, que es esta sensación general de que si un empresario es amigo del tipo que llegó a presidente, no le puede ir mal. Por eso la acción de Mirgor en la bolsa vuela a un porcentaje altísimo cuando Macri gana el balotaje. A eso refiere un poco el ámbito privilegiado de acumulación.

ER: Hay empresas que se beneficiaron con sus contactos políticos. Tanto los emergentes, los Lázaro Báez, pero también las empresas más históricas argentinas que se acomodaron al nuevo esquema. Brito, los Bulgheroni, Roca en los primeros años. Creo que la diferencia es que ahora muchos de los ejecutivos que integraban la primera línea de decisión en las empresas, son ahora funcionarios, con lo cual ese contacto es mucho más directo, a diferencia con el kirchnerismo.

—Para simplificar, se ha dicho que Caputo era el Lázaro Báez de Macri. Después de investigar sobre su figura, ¿qué piensan de esto?

NB: No, para nada, no lo es, por varios motivos. Caputo es un personaje que en su inserción en este Gobierno, tiene características mucho más complejas que las que tuvo Lázaro Báez con el kirchnerismo. Báez era, durante el kirchnerismo, una figura para descargar obra pública y eventualmente cobrar algún retorno de alguna manera. Caputo es un consejero, es el amigo de toda la vida, es empresario y tiene conflictos de interés, pero me parece que no están tan explícitos.

ER: Hay muchas diferencias. Por otro lado, de alguna manera Báez es un invento de Kirchner. De hecho, hay sospechas de si es o no un testaferro. Acá la relación es más horizontal: fueron socios en Mirgor, comparten la inversión de un campo ganadero en el norte del país. Hay hasta puntos polémicos: Caputo le debe como 20 millones de pesos a Macri, lo cual es un gran problema, porque Macri depende de a que su amigo le vaya bien en los negocios para él recuperar esa plata. Además, ni Macri es el jefe de Caputo ni Caputo es el jefe de Macri.

—“Tiene entusiasmo por el Gobierno aunque no comparte ciertas decisiones”, señalan en el libro. ¿Qué críticas le hace?

ER: Las críticas de él son críticas que hacían los constructores, la UIA y los comerciantes. El tema con los Lebac es que cuando subís mucho la tasa de interés de referencia, aumentás el ahorro y sacás plata de la calle para contener la inflación. Ahora, cuando sacás plata de la calle y encima aumentás tarifas, tenés una doble llave contra el consumo: no consumís porque tenés menos plata en el bolsillo y la plata que tenés es para pagar los servicios. Y si te sobra algo, te conviene ahorrarla. Cuando vos subís así la tasa de interés, al mismo empresario le conviene guardar la plata y esperar, porque hace plata fácil, sin riesgo. Por eso él nos contó que compró Lebac. Y no es el único.


NB: Él está claramente muy en desacuerdo con la vía que el Gobierno eligió para bajar la inflación, con esta política tan rígida del Banco Central para mantener las tasas altas para que baje la inflación. Él no deja de ser un empresario de la vieja escuela. Él dice que prefiere invertir en capital de trabajo, en mano de obra. Pero si la tasa al nivel que está ahora, es mejor comprar Lebacs. Pero él está en desacuerdo con eso. Se lo planteó a Macri, y Macri no se lo tomó muy bien. Su gran desacuerdo es la demora en que arranque la economía. Él ve ahí el gran problema, a pesar de que es un consenso general.

—Caputo, según pudieron reconstruir, se “despide” de Macri después del balotaje. ¿Qué hace hoy?

NB: Su intención fue correrse, apartarse. Él se casó hace poco y tiene un nene chiquito, su intención fue correrse del medio y dedicarse un poco a la familia. Fundamentalmente, viaja por el mundo. Pero el tema es que por la relación que tiene con Macri, termina siendo imposible que se aleje del todo, porque de hecho, a medida que se acercaba fin del año pasado, comenzó a estar más presente. Y ya participando de las reuniones de mesa chica, y hoy está en Buenos Aires.

—¿Por qué, hacia el final del libro, sugieren que la condición de empresario constructor y energético de Caputo podría llegar a ser un problema para la gestión del Presidente?

ER: Es un problema porque en algún momento le van a auditar judicialmente la gestión a Macri. Una hipótesis que tengo yo es que cuidaron tanto de no beneficiar a las firmas de Caputo que se olvidaron de cuidar otros frentes, entonces ahora estalla Avianca, el Correo, Autopistas del Sol, el tema de Aranguren con las acciones de Shell. A mí me parece que en el gran negocio que tiene por delante Caputo es la energía, pero hay una tensión medio rara: si la empresa cumple con todos los requisitos, ¿no se lo vas a dar porque es amigo del Presidente? Y si se lo das, ¿es porque es el amigo del Presidente? Bueno, ese es el famoso conflicto de intereses que vemos todos los días.(clarin.com)



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