"Suenen claras trompetas de gloria ..." para el Libertador de América

NACIONALES
JUEVES 17 DE AGOSTO DE 2017 - 08:27

La historia y la figura de José de San Martín han sido una de las más prolijamente distorsionadas de nuestra historia nacional y, por ende  de la latinoamericana. Baste con decir que la historia fundacional sobre la vida y trayectoria del libertador la escribió Bartolomé Mitre y que, a partir de allí, la figura de San Martín adquiriría los rasgos de un libertador “a medida” de la élite porteña y su proyecto de nación colonial.

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José de San Martín y su dimensión latinoamericana

Por Carlos Ciappina*


La historia y la figura de José de San Martín han sido una de las más prolijamente distorsionadas de nuestra historia nacional y, por ende  de la latinoamericana. Baste con decir que la historia fundacional sobre la vida y trayectoria del libertador la escribió Bartolomé Mitre y que, a partir de allí, la figura de San Martín adquiriría los rasgos de un libertador “a medida” de la élite porteña y su proyecto de nación colonial. Para esta historia liberal el general San Martín era la continuidad de la línea de la Revolución de Mayo (un eslabón más, quizás el más importante, de la línea que empezaba con Moreno, seguía con Rivadavia, y culminaba con Mitre-Sarmiento-Avellaneda  y la “Organización Nacional”).

Ese San Martín era exclusivamente “argentino”.

Desde esta perspectiva, el libertador, en su desprendimiento y lejos de toda  especulación política había liberado también a Chile y al Perú. Esta perspectiva le daba a la revolución de Mayo una especie de preeminencia sobre las naciones libertadas, y a la Argentina (y a su elite porteña y unitaria) por añadidura; un liderazgo que se originaba en la misma Revolución nacida en Buenos Aires.

Así, este general “argentino” era para imagen de la historiografía mitrista (y todos sus seguidores y comentaristas)  un brillante y desinteresado general; pero  poco inclinado a la política y de allí su fracaso frente al “ambicioso” Bolívar para definir quien tendría la gloria de finalizar la guerra contra el imperio español. Así, cada libertador tenía su “patria chica” y esto justificaba la atomización latinoamericana (qué tan bien le venía a los interese colonialistas británicos en el siglo XIX y principios del XX).

Miles de actos, manuales escolares, noticias y análisis en los medios hegemónicos y obras literarias o semihistóricas (recuérdese por ejemplo el “Santo de la Espada”) retomaron y ampliaron esta mirada del general impoluto y apolítico que le había dado la independencia desde la obra y el apoyo de la Revolución porteña. Pero, como la historia se niega a quedar cerrada y los pueblos la vuelven a abrir y a repreguntar, muchas cuestiones quedaban, en ese relato, sin responder:

¿Porqué San Martín después de pelear por España  por  casi veinte y tres años (desde 1789 hasta 1811) se vino a América a luchar contra sus ex compañeros de armas?

¿Cuánto habían influido sus orígenes en su elección americana y en su relación con los pueblos latinoamericanos?

¿Porqué nunca se había autodefinido como un general “argentino” y siempre habló de la causa americana?

¿Porqué le había legado como herencia su sable al general Rosas que había sido repudiado permanentemente por la elite “civilizada”?   

Muchas preguntas quedaban en el aire…..en un nuevo aniversario de la muerte del gran  libertador americano y en pleno resurgir de la identidad latinoamericana señalemos algunas respuestas  para recuperar su historia y la de nuestros pueblos:

Si uno recorre hoy el pueblo de Yapeyú y camina unos pocos metros desde la casa en donde nació el Libertador se encuentra con el Río Uruguay. Tierra colorada y transitada durante miles de años por los guaraníes, desde hace cientos por españoles y los portugueses y hoy, pero ese mestizaje poderoso que habita la cuenca de los grandes ríos de América del Sur. La tierra de las misiones jesuíticas. El mismo Yapeyú era la capital de las misiones al momento del nacimiento del general en 1778. ¿Será verdad que el futuro general era hijo mestizo de la india guaraní Rosa Guarú y de Diego de Alvear y que fue cuidado y criado por los San Martín a pedido del ex gobernador de las misiones jesuíticas a su sucesor?

Si fuera así mucho se explicaría sobre su firme convicción emancipadora, también sobre su profundo respeto y trato para con los pueblos originarios (“mis hermanos los indios” o “yo también soy indio” fueron frases textuales del libertador)  y también explicaría el desprecio con que las elites españolas del Perú se referían al general libertador como el “indio misionero”; el general napoleónico Brayer lo denominó el “tape de Yapeyú” , otros lo llamaron “el cholo de misiones” ; “el paraguayo” o “el indio”.

San Martín nació en las Misiones, en el corazón de América del Sur. A los seis años partió para España y siguió la carrera que seguían los criollos que no podían aspirar a cargos más elevados: la carrera militar. Luchó con total convencimiento por España y fue escalando posiciones en el ejército español hasta llegar al grado de Teniente Coronel. Como oficial español pidió licencia para venirse a América. ¿Porqué? ¿Porqué no seguir la carrera de armas en España en la que era exitoso, por un incierto destino de lucha y privaciones en América?  Porque San Martín, como Bolívar, como O´Higgins, como Monteagudo y tantos otros veían en América el territorio para construir una sociedad emancipada de la tiranía y el absolutismo. El proyecto Sanmartiniano no es antihispánico ni probritánico, tampoco pro-revolución francesa ni menos aún, norteamericana. El proyecto sanmartiniano es sin más,  antiabsolutista y americanista. Esa convicción profunda nunca la perdió el general y fue siempre su punto de fricción con la elite liberal, unitaria y colonial de Buenos Aires, que soñaba con un proyecto antipopular y particularista, de patria chica asociada al poder británico.

La dimensión Sanmartiniana fue siempre Americana, nunca particularista. San Martín no funda el “ejército argentino”, comanda el cuerpo de Granaderos a Caballo (que lo acompañará por todas sus campañas americanas), luego se hace cargo del “Ejército del Norte” y finalmente será el general del Ejército de los Andes donde conviven correntinos, santafesinos, cuyanos, bolivianos, chilenos, peruanos, jujeños, riojanos, porteños…..El Ejército que comanda San Martín es pluriregional y sudamericano. Los recursos para sostenerlo vendrán muy pobremente desde Buenos Aires, siendo la región de Cuyo y sobre todo Chile el sostén económico del mismo, en especial en la costosa campaña Peruana (que fue naval y terrestre). Por el contrario, los porteños irán  retirando su apoyo , apoyo que retirará totalmente a partir de 1821 al crecer nuevamente la influencia de Rivadavia (a quien San Martín detestaba profundamente).    

San Martín tuvo siempre un fuerte compromiso político: lejos de ser “el santo de la espada” , cuando tuvo que intervenir en política lo hizo a conciencia de que esa dimensión era imprescindible a los fines de alcanzar la emancipación: Supo ganarse el apoyo del gobierno  (El Primer Triunvirato en 1812) para que le permitan crear un nuevo regimiento: el de Granaderos a Caballo; convenció al Segundo Triunvirato  de que la estrategia de ir por el Norte contra el Perú era una quimera y, tras cartón se hizo designar por el nuevo Director Supremo Posadas como gobernador de Cuyo, convencido de que sólo desde el control político podía organizar la campaña de los Andes. Presionó a fondo a los delegados de las Provincias Unidas en el Congreso de Tucumán para que dejaran de dudar y de temer y declararan la Independencia, y que además lo fuera “de toda dominación extranjera”. Luego del triunfo en Maipú dejó  en Chile a un general absolutamente leal a la causa americana como O´Higgins y llegado al Perú, buscó ser designado Protector del Perú, a los fines de reiterar la estrategia de acumulación de poder para terminar la emancipación americana. Y cuando la elite conservadora del Perú le cuestionó su liderazgo y Buenos Aires (bajo la Influencia de Rivadavia) le retiró su apoyo en 1822; el General tuvo la lucidez política para acordar con Simón Bolívar una salida que dejaba intactas las fuerzas emancipadoras al mando del venezolano. La política fue, como se ve , una de sus grandes habilidades junto con su capacidad militar.

Esta perspicacia política estaba sustentada en ese sólo gran principio orientador: la emancipación del imperio español y del absolutismo. Así, el general se negó terminantemente a involucrarse en las guerras civiles posteriores a la independencia; en particular rechazó las órdenes del gobierno porteño para que se ponga al frente de las tropas del ejército libertador para luchar contra los caudillos federales y en la misma línea se opuso terminantemente a la injerencia extranjera inglesa y francesa que en alianza con  los unitarios atacaban territorio americano. Desde este convencimiento no dudó en legarle su sable corvo al Gral. Juan Manuel de Rosas como reconocimiento a la lucha sostenida contra los bloqueos anglo-franceses (con apoyo de los unitarios desde Montevideo) que intentaban doblegar las medidas soberanas de la Argentina.    

El general José de San Martín vivió sólo 17 de sus 72 años en América y de esos años sólo 11 en su vida adulta. En esos once años recorrió el litoral y el norte argentino, atravesó los Andes y recorrió los valles de Chile; surco el Pacífico y se internó en el Perú, construyó una fuerza político-militar con argentinos, bolivianos, peruanos y chilenos. Toda su vida posterior la dedicó a defender la causa americana en cada una de las intervenciones europeas contra los nacientes países latinoamericanos.

Este general nacido entre el río, la selva y los guaraníes sigue esperando que la historia popular lo recupere y le haga justicia y que deje de ser el estandarte de las elites liberales argentinas (que lo combatieron ferozmente durante su lucha emancipadora); para ser el libertador de pueblos de la América Latina.   

* Docente, historiador y miembro del Consejo Directivo de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP







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