Jura poniendo su diestra sobre la réplica de la lanza del comandante guaraní al que llama “general” (de hecho hay un proyecto del senador Salvador Cabral Arrechea solicitando su ascenso post mortem en la Cámara alta del Congreso de la Nación). Ese mandato histórico está animado por una autonomía democrática, una defensa irrestricta de los intereses misioneros y éste es el hito –no menos histórico- que se levanta ahora. Porque quién del que venga después a la Legislatura, cuando Rovira concluya su mandato, podrá soslayar el imperativo. La réplica de la lanza, de fina orfebrería de Pallarols, permanecerá en una sala del remozado Palacio Legislativo para la jura de posteriores presidentes del Parlamento.
Es más, quien se atreva a conspirar contra los legítimos intereses será demandado con mayor fuerza aún por los mismos misioneros que vienen recuperando la propia historia. Y aunque éste es un punto de inflexión, no es menos cierto que continuarán sumándose mayores recuperos el año próximo, cuando se celebre el 60 aniversario de la Provincialización de Misiones.
Una cuestión por analizar será sin dudas la Constitución del 54, y su derogación de facto con el derrocamiento del presidente Juan Perón y su reemplazo por la del ’58, con el peronismo proscripto. Y la cláusula que, temerosos los convencionales del regreso de representantes de las mayorías al gobierno por imperio del voto popular, asigna escaños a quienes no reúnen los sufragios suficientes como para acceder a un espacio en la Cámara será motivo seguramente de nuevos análisis y debates.
Aquellos fueron los avatares vividos en la historia de la por siempre jaqueada democracia argentina. Hasta la recuperación del sistema representativo, republicano y federal en el 83 y el Nunca Más dado en forma contundente, reiterada y año a año por la ciudadanía.
En la actualidad, la democracia está robustecida. Ha soportado inclusive embates de poderes políticos y económicos concentrados y aliados. Y ha salido airosa.
El robustecimiento que ha logrado la democracia en Misiones ha tenido el resultado concreto del objetivo perseguido por la política: el bien común, la mejora de la calidad de vida de cada integrante de la comunidad; de la sociedad en su conjunto. Claro que hay mucho camino por recorrer. Doblegar la pobreza estructural es uno de ellos.
Pero no es menos cierto que hay un largo camino recorrido, al amparo de la estabilidad política obtenida por la fuerza en el Gobierno, por la convivencia, respeto e independencia de los Poderes del Estado. Que ha traducido la política misionerista también en la economía. Con políticas fiscales concretas alentadoras del crecimiento. Los resultados están a la vista. Misiones superó las propias proyecciones. Se estimaba que el Producto Bruto Geográfico (PBG) llegaría a los 106 mil millones de pesos y será, en cambio, de 108 mil millones.
Traducidos los números en palabras podría decirse que se ha recuperado la capacidad de vivir el presente en plenitud.