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Artymyszyn dice que la condenaron por su adulterio

La mujer cumplirá 48 años el 19 de este mes de febrero. Hace 8 que está tras las rejas acusada del asesinato de su marido Nicolás Hrenessen, pero la Suprema Corte de Justicia de la Nación anuló el fallo condenatorio y ordenó un nuevo juicio. Ella pidió aguardar el nuevo juicio en libertad, pero no se le hizo lugar. Se siente injustamente tratada, en especial porque le “robaron” sus hijos; no los vio en todos estos años y ya están en la adolescencia.

El no poder ver a sus hijos, no asistir a su crecimiento, es la peor condena que dice sufrir Violeta Artymyszyn, la mujer acusada de asesinar a su marido, que cobró notoriedad a partir de un fallo de la Suprema Corte de Justicia que anula el proceso condenatorio y obliga a un nuevo juzgamiento del caso. El 19 de este mes cumplirá 48 años y espera de sus hijos una “sorpresa” comenta a /c6, que obtuvo autorización del Tribunal Penal Nº 1 para entrevistarla en el Penal V donde permanece detenida, luego que el juez Marcelo Cardozo le rechazara un pedido de hábeas corpus. 


 


Decisión que se esfuerza por no criticar, para dejar que sea su abogado patrocinante Marcelo Ozuna el que “entiende de cuestiones técnicas” quien lleve adelante sus planteos judiciales. Pero es una mujer con muchas inquietudes, asiste a todos los talleres y ahora cursa una carrera de gestión en salud, luego de un convenio del Servicio Penitenciario con el instituto Alas y Raíces.


 


Artymyszyn dice que hoy el Penal es su “hogar, mi casa y las agentes, als guardias, mi familia”, para señalar que la sociedad –también la prensa- en un primer momento la señaló como culpable, “sin pensar que detrás de una persona está su familia. Yo tengo a mi madre muy viejita. Se imagina que tome un diario y vea que dicen que su hija es una asesina?”, interroga al aire. Y se pregunta sobre todo qué pasa “por la cabecita de un adolescente que sabe que la madre dormía con ellos cuando lo matan al padre y, sin embargo, a la madre la tienen 8 años detenida”.


 


 


 


En el tema de los hijos es rotunda: “a mi me robaron mis hijos. En plena democracia una mamá biológica no puede ver a sus hijos que están a 15 minutos de distancia”, lamenta una y otra vez a lo largo de una extensa entrevista en la que señala lo “errado” del rechazo del habeas corpus. “Un juez dice que me voy a escapar si me excarcelan. A dónde voy a ir. Tengo una amiga mía en Villa cabello, otra en candelaria y mi mamá a 60 kilómetros, en Apóstoles. Adónde voy a ir si vengo luchando en silencio por mis hijos”, reitera.


 


La alcaide inspector Lidia Ester Florentín es la que efectiviza la autorización dada por la justicia para que Canal 6 entreviste a Artymyszyn, no en la celda en la que vive sino en las oficinas del Penal. Allí la mujer empieza su relato dando cuenta que presentó el hábeas corpus porque “es uno de los métodos que tengo para reclamar algo que la Provincia no está haciendo. Me he callado mucho tiempo, dejando actuar a la Justicia pensando que se iban a escoger los medios necesarios para que como dice la Nación se realizara un juicio imparcial”.


 


 


Y cuenta que decidió ir a la Suprema Corte cuando se enteró que había casos como el suyo en los que los fallos condenatorios habían sido revisados. “Porque además, como mujer lo que perdés junto con la libertad es a tus hijos. Estoy hablando de 8 años, ya estoy caminando el noveno. Y qué tengo, sigo acá, sigo perdiendo años. Todo por capricho, porque si vamos a las leyes, la ley es clarita. Sé que un juez tiene que interpretarla pero no puede olvidarse del conjunto de la ley. Y la ley dice que llegado cierto tiempo hay que resolver la causa. No estoy pidiendo que se sea buenito conmigo, sino que se me respete el derecho a la defensa”.


 


 


 


Admite que se descompuso cuando se enteró de la denegatoria del juez, pero sabe que 2están con ella “mis amigos, mis familiares aunque a la distancia. Hasta los medios me tratan mejor, antes me dieron con un caño”. Enseguida llega el tema de los hijos y su lamento por haber pedido tanto tiempo sin verlos crecer.


 


 


 


Cuenta que si bien su relación era “pésima” con su marido –Nicolás Hrenessen-, “él se llevaba bien con mi familia. Mis hijos iban a visitar a mi mamá que vive en Apóstoles. Después mi mamá se quedó sin nietos y a mi me robaron mis hijos”. Claro que enseguida añade que sabe que están bien con su cuñada: “ella no tiene hijos y los quiere y los cuida como hijos propios”.


 


 


 


Pero Artymyszyn lamenta no poder verlos: “nuca fui a la Justicia porque no quería que ellos pasaron por todo eso de las antesalas de jueces, de secretarios, eran muy chicos—Ahora mi hijo tiene 17 años y mi hija 15”, dice y muestra orgullosa –no para las cámaras,-  las fotos de los chicos. La de la hija en la estudiantina “lograda por una amiga mía que la obtuvo de Facebook. Antes hace 8 años esto no existía”, señala.


 


 


 


 


 


Recuerda que al comienzo de su reclusión los amigos iban a verla “pero después la gente se cansa. No tengo quejas del servicio penitenciario, son excelentes, hoy por hoy esta es mi casa, los que hacen guardia mis parientes. Tengo una amiga del alma que viene siempre con su familia, con sus hijos, a celebrar el Día de la Madre, la Navidad y el Año Nuevo. Uno aprende acá qué es la amistad”. Dice que su mamá “es muy viejita y viene de evz en cuando. También mis hermanos cuando pueden”.


 


 


 


Y entonces advierte que “lo que me pasó a mí le puede pasar a cualquiera, por eso la justicia debe ser imparcial. La democracia es una mesa –la sociedad- con tres patas que tiene que sostenerla. No puede ser como esa mesa con una sola pata grande que hace lo que quiere”. Señala que no le interesa que “se juzgue a jueces, se les pida la cabeza, se le diga a una fiscal que tiene que estar en otro lugar y no ahí. Yo sólo quiero que se haga justicia y quiero mi libertad. Nada más”.


 


 


 


“Durmiendo con mis hijos”


 


 


 


“Estaba durrmiendo con mis hijos. No quiero hacer mucha mención ellos porque están con mi cuñada y en su cabecita no sé qué piensan. No tienen una contención psicológica, aunque pienso que Jesús se las da, los cubre con su misericordia. Pero qué pensarán si la mamá estuvo con ellos esa noche y después dicen que agarró un arma, de golpe, así de repente. En qué se basan para decir que yo fui”.  Dice que el marido tomaba ansiolíticos, pero observa que “cuando hay adulterio de por medio,. Ni el marido mira lo que hace la mujer ni la mujer lo que hace el marido. Yo me ocupaba que tuviera la comida lista, la ropa planchada y agarraba a mis hijos y me iba. Y digo esto para que otras mujeres que estén en adulterio resuelvan ese tema para no terminar como Artymyszyn. Acá se habla de homicidio y ésa es una palabra muy grave”, indica.Y agrega que no puede hablar de hipótesis`porque no sabe de ninguna. Cree que se quedaron con lo del adulterio que era lo que tenían más a mano. “Mi marido era contador y trabajaba en Obras Públicas. No sé si fue robo, no sé si tenía algo que ver con su trabajo. Yo a mi vez trabajaba en la Policía, en la parte administrativa donde conocí a mi perdición. Peor ni siquiera sé cómo es un arma, porque yo trabajaba sólo con papeles”. El periodista la lleva después a hablar de sus jornadas diarias en el Penal, a qué le diría a sus hijos.“Quiero que les digan –porque no hablo con ellos desde el 31 de diciembre- que los amo. Que llamen a la directora del penal, a la doctora Esperanza o al doctor Padula o a Ozuna, que se pueden acercar a ellos. Los dos van a la Industrial y uno de ellos recibió una notebook y le digo al adolescente que hable con la tía, que no tome alcohol, que no fume. Cuando escucho que hubo algún problema en un boliche, me arrodillo al lado de mi cama y le pido a Dios que les envíe sus ángeles para que a ellos no les pase nada”.Cuenta que “están muy presionados” por la cuñada a quien ella recomienda “abandonar el odio que no conduce a nada, el resentimiento. Dice que se inclina por la religión adventista aunque también escucha a los católicos. “La Pastoral que llega todos los sábados. Porque nosotros acá los necesitamos, necesitamos mucho cariño”.


Talleres y estudios



“No tenemos Internet acá. Pero yo soy muy activa y me dicen acá Artymyszyn tomate la planta de naranja (para serenarse). Pero la actividad me mantiene bien. Cumplo 48 años el 19 y tengo mis años bien asumidos”.


 


 


 


Dice que se levanta temprano desayunan y ya salen al taller donde realizan diversios trabajos que después se venden y con ese producido compran luego materiales para continuar elaborando prendas en telar o piezas de cerámica. “Yo trabajo desde los 18 años, cuando vine a Posadas. Estudiaba entonces pero a los 19 años me casé con Nicolás y dejé de hacerlo”.


 


 


 


 


 


Le gustaría estudiar abogacía “peor para eso una vez por semana al menos tengo que salir y no puedo. Entonces la gente de Añlas y raíces me trajo una listita de los estudios que podía elegir. Me decidí por técnico en sistemas de salud, que consiste en un tipo de gerenciamiento de Caps, hospitales, sanatorios”.


 


 


 


 


 


“Busquen al culpable”


 


Pero enseguida la mujer vuelve a su obsesión, lograr la libertad, ver a los hijos: “ya la castigaron a Artymyszyn por su adulterio. Ahora salgan y busquen al verdedero culpable. Que si estoy luchando es porque me considero fuerte. Mi conciencia me dice que tengo que seguir luchando. También porque acá adentro hay personas a las que las familias tampoco les dejen ver a sus hijos”. Y cuando se despide todavía tiene tiempo para un “gracias, por informar”.


 


 


 


 


 


 

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