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POSADAS

Caso Chomyn: dieron a conocer los fundamentos de la sentencia contra el religioso

(EXCLUSIVO) Tras la sentencia dictada por los jueces del Tribunal en lo Penal nº 1, de la Primera Circunscripción Judicial de la Provincia, Martín Errecaborde, Eduardo D´Orsaneo y Marcela Leiva contra el religioso Ladislao Chomyn, alias “Padre Cristóforo”, condenado a cuatro años por el delito contra la integridad sexual de una menor se dieron a conocer los argumentos del fallo judicial.

Fundamentos del fallo

En la Ciudad de Posadas, capital de la Provincia de Misiones, a los diecinueve días del mes de junio del año dos mil doce, se reunieron los señores jueces del Tribunal en lo Penal nº 1, de la Primera Circunscripción Judicial de la Provincia, los doctores MARTIN ERRECABORDE, EDUARDO ERNESTO D’ORSANEO y MARCELA ALEJANDRA LEIVA, asistidos por la señora Secretaria doctora MARIA CRISTINA ASENSIO, a los fines de deliberar y dictar sentencia en los autos “Expte. nº 43/09 -reg. del Juzgado de Instrucción nº 1, Secretaría nº 1 de la Primera Circunscripción Judicial nº 3469/05- CHOMYN, Ladislao s/Delito contra la integridad sexual”.
En esta causa vino como imputado: LADISLAO CHOMYN, alias “Padre Cristoforo”, paraguayo, nacido el 14 de febrero de 1939 en Colonia Fran (dpto de Itapúa – Paraguay), soltero, hijo de Pedro Chomyn y María Andrew (fs.), domiciliado en Taras Shewkenko nº 155 de Apóstoles (Mnes.), DNI. 93.676.470.
Se les atribuye el siguiente hecho, según la descripción de la plataforma fáctica que realiza la señora Agente Fiscal, doctora SILVIA MARIA BARRONIS en su requisitoria de elevación de la causa a juicio de fs. 24/242 y vta.: La presente causa se inició a raíz de la denuncia radicada en la Fiscalía de Instrucción n º4, por la ciudadana Alicia Haydée Kosinki, el día 20 de noviembre de 2003, en la pone en conocimiento que es la progenitora de la menor María Antonella Pissarello, de cuatro (4) años de edad, quien concurre a la salita de 4 en el Colegio San Josafat en el turno mañana de la localidad de Apóstoles (Mnes.). El día 18 de noviembre de 2003, siendo aproximadamente las 23,00 hs., su hija se quejaba mucho que le picaba la cola y que le costaba, desde unos días antes, hacer pis; por lo que intentó ponerle una crema y cuando lo fue a hacer advirtió que sus genitales que estaba “rojo como lastimado”. En virtud de ello comenzó a hacerle preguntas negándose la menor a responderlas; pero ante la insistencia de la denunciante y tapándose el rostro con una mano como con vergüenza le dijo: “solo el padre Chome” refiriéndose a un cura que se encargaba del quiosco del colegio. Al principio la niña no le quería contar nada porque le daba mucha vergüenza pero de a poco le fue narrando lo que le hacía esa persona. Cuando María Antonella iba la quiosco Chomyn le daba caramelos, por último, para quedarse solo con ella y le decía “ahora estamos solos”; con gestos y haciendo lo mismo que le hacía el sacerdote, le mostró a su mamá lo que sucedía: “él me hace así, poniendo la mano en su cola”. Posteriormente la denunciante llevó a su hija al médico pediatra doctor Artemio Tarnoski quien le dijo que la niña tenía lesiones por fuera y que presentaba enrojecimiento en la región perigenital. Agrega que es una niña dócil que desde hacía un tiempo atrás no quería ira a la escuela buscando excusas tales como “que no le gustaba ir a la escuela”. Luego de contarle a su madre le dijo que “no quería ir mas a la escuela porque el padre Chome le iba a tocar”. Dos días antes de la denuncia, en circunstancias en que la ciudadana Kosinki no se hallaba en su domicilio y la menor estaba al cuidado de su niñera se presentó el padre Chome, manifestándole a esta última que “había venido a visitar a Antonella”. La niñera lo hizo pasar y lo primero que hizo el sacerdote fue “sentar en su regazo a la niña y que muy afectivo con ella, que la llenaba de besos”
En este juicio actuó en representación del Ministerio Público, la señora Fiscal del Tribunal Penal nº 1, doctora LILIANA MABEL PICAZO y ejerció la defensa del imputado el señor abogado defensor doctor GUSTAVO ADOLFO BAGLIANI.
El Tribunal se planteó las siguientes cuestiones a resolver:
PRIMERA: ¿Está acreditado el hecho que se juzga y la autoría del encartado?
SEGUNDA: En su caso ¿Qué calificación legal corresponde a su conducta? ¿Es responsable penalmente?
TERCERA: ¿Corresponde aplicar sanción penal? ¿Qué resolver con respecto a las costas?
A la primera cuestión planteada el señor Juez doctor MARTIN ERRECABORDE, presidente del debate, dijo:
Ha finalizado la audiencia de debate en el expediente nº 43/09, del registro de este Tribunal en lo Penal nº 1 (Expte. nº 3469/03, del registro del Juzgado de Instrucción nº 1 , Secretaría nº 1 de la Primera circunscripción Judicial).
En el juicio ha quedado plenamente acreditado que días antes del dieciocho de noviembre de dos mil tres, el imputado Ladislao Chomyn llevó por lo menos dos veces a su dormitorio, ubicado en el claustro de los sacerdotes de la Iglesia Santísima Trinidad, contiguo al Colegio San Josafat, situado en calles Alvear y Taras Chewchenko de la ciudad de Apóstoles a la menor María Antonella Pisarello, que en ese entonces tenía cuatro años de edad, y que concurría a la Salita de 4 del mencionado colegio.
Una vez en dicho lugar, el imputado sometía a la menor a tocamientos impúdicos sobre sus zonas íntimas.
La investigación de este hecho se inició cuando Alicia Haydee Kosinski, madre de la menor, efectúa una denuncia ante la Agente Fiscal de Apóstoles, el día 20 de noviembre de 2003, aseverando que el día 18 del mismo mes y año, su hija María Antonella, siendo aproximadamente las 23 horas, “se quejaba mucho que le picaba la cola” y que ya unos días antes le costaba hacer pis; “entonces yo le dije que le iba a poner una cremita y cuando revisé sus genitales me dí cuenta que estaban todos rojos como lastimados”. Sigue diciendo la denunciante que ante esta evidencia, comenzó a hacerle preguntas a su hija sobre si alguien la tocaba, que primero la niña le negaba, “hasta que tapándose la cara con una mano como con vergüenza me dijo; solo el Padre Chome, refiriéndose a un cura que se encarga del kiosco del colegio, a ella le da mucha vergüenza, casi no quiere hablar, pero de a poco me fue contando que cuando va al kiosco él le da caramelos … y le toca los genitales …”. Narra que entonces la llevó al médico, atendiéndola el doctor Tarnoski, quien le dijo que la nena aparentemente no había sido penetrada, y que le extendió un certificado. Dice la denunciante que ya hacía un tiempo que la niña no quería ir a la escuela, que siempre buscaba una excusa para no ir, y “me dice que no quiere ir mas … porque el Padre Chome me va a tocar …”.
Narra también la denunciante que “aproximadamente dos semanas atrás, el Cura Chome había llegado a su domicilio, donde estaba la nena con su niñera, diciéndole aquél a ésta que “vino a visitar a Antonella”; que “entonces la niñera le hizo pasar y dice que lo primero que hizo fue sentar en su regazo a mi hija y que era muy efusivo con ella, que la llenaba de besos …”. Cuenta la denunciante que la maestra de Antonella se llama María Spaciuk.
Esta denuncia se glosa a fs.1/2 del expediente y fue incorporada al debate por el método de la lectura, al igual que la ampliación de fs. 41/42. En esta última, Alicia Kosinski afirma que de conversaciones que mantuvo con su hija se fue enterando “… de que el padre la solía llevar por un pasillo hasta una pieza, donde había una cama y un sillón que se tiraba hacia atrás, mostrándome con gestos como que el sillón se acostaba y que ahí la acostaba … le bajaba la bombachita y le tocaba la cola, yo le pregunté si fueron muchas veces y ella me dijo que sí, y que ella no quería pero el padre le decía que no me cuente nada a mí porque yo le iba a pegar y le daba paletas, refiriéndose a chupetines …”.
Luego contó la denunciante que su hija le dio detalles de la habitación donde Chomyn la llevaba, diciéndole que había una cama de una plaza, un sillón cuyo forro “… tiene como dibujitos, como rayitas, y que también hay un mueble con libros … que la pieza tiene un baño y que el sillón está cerca del baño y me dijo que hay escaleras, me dijo exactamente hay una puerta, otra puerta, una escalera y otra escalera, y también habló de un televisor con control …”. Como veremos más adelante, estos detalles que da la niña, según el relato de su madre, coinciden con las cosas que el imputado tenía en su habitación, como se comprueba con el acta de allanamiento de fs. 20/21, el plano de fs. 112 y las fotografías que se agregan a fs. 113 a 125.
Alicia Kosinski declaró durante el debate, y ratificó los términos de su denuncia, brindando algunos detalles que no constaban en ésta. Contó que la niñera le había advertido que Antonella se quejaba de que le dolía y ardía la cola y que luego del relato que le hace la niña sobre los tocamientos a que la sometía el cura Chomyn, “… nos asesoramos con mi marido, fuimos al médico …”. Agregó que cuando le preguntaban a Antonella sobre lo ocurrido, “… lloraba, nunca le pudimos sacar que pasó bien en concreto. Decía que cuando el hombre le largaba, ella volvía a la salita, y la maestra le retaba porque se había ido, o porque recién llegaba…”. Contó después que cuando Antonella le hizo tal relato “… ese mismo día ya le saqué a la nena de la escuela … salimos de Apóstoles, la familia se quebró, nos fuimos a vivir a Concepción de la Sierra …”.
Aseveró también que Antonella, el 5 de agosto de 2011, tuvo un ACV, lo que coincidió con la suspensión de la audiencia anterior.
Dijo que habían elegido al San Josafat como colegio para Antonella, “por la religión y por costumbre porque todos fuimos a ese colegio: yo fui, mis hermanos, tíos …”.
Aseguró que en la época que Antonella iba al colegio, Chomyn “… no trabajaba como sacerdote, era el encargado del kiosco … estaba vestido con chaqueta, blanca o celeste…”.
Siguió relatando que la niñera -el día que Chomyn fue a visitar a Antonella a su casa- le comentó que el cura le dijo que le había preguntado a Tamborini, el chofer del transporte escolar sobre el domicilio de la nena.
Mencionó a Luciano Oroño, compañero suyo, como alguien que había tenido un antecedente similar con el cura Chomyn y una de sus hijas. También, que habló con otros padres y les pidió que si tenían algo que decir, que vayan a declarar, que la ayuden, “… porque el abuso es algo que no se tiene como probar …”.
Habló del tratamiento psicológico de Antonella con la licenciada Rey, por lo que la Fiscal solicitó al Tribunal que la mencionada fuera citada a declarar, a fin de ser interrogada sobre dicho tratamiento. Trasladada la petición a la defensa, ésta dijo no tener objeciones, por lo que el Tribunal dispuso la comparencia de la Licenciada Rey.
“Ahora mi niña me pide perdón siempre … se siente sucia … cree que tuvo la culpa … ahora, cuando escuchó que salía el juicio, se fue, se bañó, se fregaba …”, terminó diciendo la testigo.
A fs. 78 y vta. se agrega la declaración que hace María Antonella Pisarello ante el Juzgado de Instrucción. Se deja constancia que la comparenciente tiene 4 años de edad. Se le pregunta que cuente lo que contó a su mamá del Padre Chomyn, a lo que la niña dice: “el Padre Chomyn me tocaba la cola … me acostaba en el sillón de su pieza y en su cama …”. Afirma que estaba “un ratito” en la habitación del imputado: que no le daba caramelos; que no le tenía miedo al Padre Chomyn; que éste le sacaba la bombacha y le tocaba con su mano; que le daba besitos en la mejilla, me decía que no tenía que contar nada porque sino me iban a retar … me tocó varias veces…”. Cuando se le pregunta cuál el recorrido que hacían cuando Chomyn la llevaba a su pieza, contesta la niña: “pasábamos por un pasillo, subíamos las dos escaleras, pasábamos una puerta rosada y entrabamos a la habitación, había un sillón, una cama y muchos libros”. Preguntado “si solía ver tele”, contesta: “Que no, estaba apagada”. Preguntado si el padre le tocaba solo con la mano o otra cosa. Contesta: no solo con la mano. Y cuando se le pregunta a Antonella desde donde la llevaba Chomyn y si la maestra veía, contestó que la “sacaba de la salita” y que la maestra sí veía. Aquí la Defensora Oficial, doctora Kuri solicita la suspensión de la audiencia, por el “estado de angustia” que presentaba la niña, lo que así se hace.
Al finalizar el acto, la defensa técnica de Chomyn manifiesta su disconformidad con el mismo, alegando que las preguntas “todas fueron inducidas” y que no tuvo la oportunidad de realizar ninguna pregunta. El argumento defensivo fue reiterado en todas las presentaciones efectuadas y también en el alegato final en el juicio y carece de fundamento, ya que de la simple lectura del acta -firmada por el defensor- se desprende que las preguntas formuladas no fueron capciosas ni sugestivas. Así, la declaración de la menor -coincidente casi en su totalidad con lo que le cuenta a su madre- se convierte en sólida prueba de cargo en contra del imputado.
Dije -y lo reitero- que estas manifestaciones de Antonella, en cuanto al recorrido que debían efectuar para llegar a la habitación del imputado y a las cosas que había dentro de aquélla (cama, sillón, televisor, libros, baño, etc.) coinciden con las constancias del acta de allanamiento de fs. 20/21, con el “croquis planta alta”, de fs. 112, y con las fotografías de fs. 113/125.
Y tengo la convicción de que son estas coincidencias las que obligan a Ladislao Chomyn a reconocer, en su indagatoria de fs. 46/48, que llevó dos veces a Antonella a su dormitorio, “una vez cuando estaba llorando y la otra porque fue a buscar algo y me quiso acompañar …”.
El mentado allanamiento, que la defensa considera favorable a su pupilo, puesto que en él no se ha secuestrado nada, y porque no se ha recolectado material pornográfico (como si fuese ineludible que un pederasta lo tenga), se ha convertido -así- en motor para el reconocimiento que hace Chomyn de su inexplicable conducta.
Y digo que es inexplicable, porque no existe ningún argumento que justifique que un sacerdote lleve a su dormitorio -lugar de acceso prohibido para cualquier miembro del instituto educativo, según surge de diversas testimoniales que examinaremos- a una niña de cuatro años, alumna de tal instituto.
El allanamiento de fs. 20/21 es complementado con el informe técnico de fs. 108/110 vta., que también deja constancia de la existencia, en el dormitorio de Chomyn, y entre otras cosas, de un mueble con libros, una cama de una plaza y un sofá cama, elementos todos mencionados por Antonella.
A fs. 15 está agregado el certificado que expide el doctor Artemio Tarnoski, constatando en la niña María Antonia Pissarello “enrojecimiento de la región perigenital”. El médico declaró durante el debate, reconoció como suya la firma puesta al pie del certificado y dijo que éste está fechado el 19 de noviembre de 2003. Aseveró el médico que la mamá de la menor ingresa a su consultorio “en un estado alterado” y que le comentó mas o menos lo que había pasado. Que le pidió un certificado, por lo que examinó a la nena, que había un enrojecimiento en la zona vulvar, circunstancia que es habitual en las niñas, y que a su juicio se trataba de una dermatitis amoniacal, aunque después aclaró que esa dermatitis, provocada por la orina que irrita la piel, era “una de las posibles causas” del enrojecimiento. Y cuando se le preguntó si ese enrojecimiento pudo haberse producido por tocamientos dijo no poder contestar, porque no tiene experiencia en la materia. Más adelante, a preguntas de la defensa, contestó que a su criterio, el enrojecimiento “podía” deberse a una dermatitis amoniacal, aseverando que nunca tuvo experiencias con niñas sometidas sexualmente.
El doctor Manuel Acosta, Jefe del Cuerpo Médico Forense, que había sido citado por el Tribunal para declarar sobre el certificado de fs. 15, ante la nula experiencia como médico legista del doctor Tarnoski, concurrió y declaró durante el juicio. Cuando la Fiscal del Tribunal le pregunta sobre las posibles causas del enrojecimiento que presentaba Antonella en la zona perigenital, contestó que podría deberse a diversas causas, pero que “si ese enrojecimiento era más marcado en alguna zona específica, la primer cosa que uno pensaría sería en tocamientos”, porque si la paciente fuera de condición muy humilde, con condiciones de higiene bajas, podría deberse a otra cosa. “Pero si hay un mínimo de higiene, no”. Descartó una infección urinaria como causa del enrojecimiento, porque aquella no tiene comportamientos externos y se detecta por análisis clínicos.
Y cuando la defensa le hace ver al doctor Acosta que el doctor Tarnoski dijo que el enrojecimiento se debía a la orina, el doctor Manuel Acosta contestó: “yo creo que no. Por la edad, en una chiquita que usa pañales, sí, pero en esta, no”.
Por último, cuando se le exhibe el informe de fs. 56, dice no recordar el caso, pero que por los términos de aquél se trata de “una chica que está pasando por un momento muy estresante”.
El informe de fs. 56 se refiere a un examen de María Antonella Pissarello efectuado el 27/11/2003, es decir, apenas una semana después de efectuada la denuncia. Deja constancia que se trata de una niña comunicativa y que su estado emocional sufrió variaciones, de acuerdo al contenido de su relato. Señala que la angustia, producto del examen, se advirtió por la inquietud de la niña, y por la necesidad de aferrarse tanto a su madre como a los examinadores. Concluye en que por la corta edad de la niña se consideran suficientes esas manifestaciones como demostración de que la misma “presenta un cuadro de angustia y conmoción emocional reactivo a situación psicotraumática”.
Estimo que el informe descarta la posibilidad, sólo presente en inquietudes del defensor, de que la niña esté fabulando.
Sobre el mismo se expidió, durante el debate, la doctora Norma Lapuente de Acosta, manifestando que recordaba el caso “porque no es habitual que uno tenga una situación como ésta dentro de todos los exámenes que efectuamos, por la condición del agresor y la edad y condición sociocultural de la niña”. Aseveró que la niña relata quién era el agresor, un religioso; dónde sucedía y con quién sucedía; “cuando se llegaba al punto de decir quién era el autor, la niña daba demostraciones de sufrimiento. Se aferraba, se agarraba a la madre, como no queriendo separarse. En algún momento también se aferraba al examinador”. Luego expresa en forma terminante: “no advertí en ningún momento que la niña estuviera guiada por otros en su relato. Si lo hubiera advertido, lo hubiéramos hecho constar en el informe”. Dijo después, que “el que se aferrara a la madre, demuestra que estaba angustiada”.
Ante una pregunta del defensor, de si la angustia de la niña podía deberse a la situación de la entrevista, negó tal posibilidad, afirmando que la reacción de la menor “no fue por la entrevista sino por el tema que se trataba”, detallando todas las precauciones que se tomaban, antes que se implementara la Cámara Gesell, para generar el mayor vínculo de confianza y tranquilidad posible, “lo menos traumático para las víctimas”.
Ante una pregunta, referida a la actitud de la víctima con su agresor, si puede o tiene que cambiar su actitud respecto del agresor, o seguir tratándolo, si se quiere, con cariño, como antes, contestó la doctora Acosta que “puede pasar de todo. Los niños conviven con los agresores, y a veces pasan años siendo agredidos, hasta que finalmente pueden decir lo que les pasa”. Que, a veces, el niño sigue confiando, sobre todo en este tipo de situaciones, donde no hay una agresión física que lastime.
A preguntas formuladas por la defensa, respecto a si los pedófilos siempre tienen material pornográfico, contestó la doctora Acosta que “habitualmente” suelen tener algo de material, “pero eso no define el perfil”.
A mi juicio, el testimonio de la doctora Lapuente de Acosta también descarta la posibilidad de que los dichos de Antonella sean producto de la fabulación o de la inducción, sobre todo al destacar la verdadera angustia que vivía María Antonella en el momento del examen.
Sigamos con el examen de la prueba colectada en el transcurso de la causa.
El día 6 de julio del año 2010 se realizó una entrevista en Cámara Gesell a la niña María Antonella Pissarello, con la presencia de jueces del Tribunal, la Fiscal del Tribunal, el defensor del imputado y las secretarias actuantes. Antes del comienzo del acto, la defensa técnica hace constar que esta prueba, a seis años del hecho, puede no tener importancia, solicitando a la psicóloga que trate de determinar -tema que desvela al defensor- si la menor es fabuladora o no.
A fs. 429/430 se agrega el informe de la entrevista, incorporada al debate por el método de la lectura, como consta en el acta del juicio. En dicho informe, la psicóloga actuante deja constancia que ante la situación de la entrevista “la menor se muestra con elevado nivel de ansiedad. Se la observa seria, inhibida y muy angustiada”. Afirma que al indagar sobre los hechos investigados, “la menor no dice nada espontáneamente, su correlación afectiva es de mucha angustia, se la observa nerviosa y muy seria. Baja la cabeza y dice no acordarse de nada”; explicando la profesional que “el olvido en muchas oportunidades actúa para que el nivel de angustia sea algo soportable, está ligado a la negación, cuando la persona está consciente de que una situación le está provocando un temor o angustia insoportable, el inconsciente entra en acción y emplea al olvido como una defensa”.
Mas adelante dice el informe que la entrevistada “únicamente puede hacer referencia a que una persona a quien no logra identificar le daba golosinas y la llevaba a su pieza, destacándose dos factores que podrían haber influido en la inexactitud del relato: a) el intervalo de la retención, entendida ésta como el tiempo transcurrido entre la observación o experimentación del suceso y el recuerdo posterior del mismo, sobre todo si se considera la edad de la niña (4 años al momento de la denuncia) y las particularidades del recuerdo y la memoria en esa etapa; b) la información post suceso, con el agregado de nuevos elementos aportados por terceros.
En forma terminante afirma “que no aparecen indicios de que la niña fabule, es decir, que se muestre proclive a aportar datos imposible o incoherentes con esta área. Tampoco aporta indicios de fabulación en otras áreas … tampoco se evidenciaría que el testimonio sea inducido por terceros”.
Como conclusión, afirma la psicóloga interviniente que “se considera que en el presente caso la situación emocional de la menor y sus verbalizaciones actuales son compatibles con la vivencia de una situación traumática …”.
A fs. 441/445 se agrega una impugnación del informe que hemos considerado, presentado por la defensa de Chomyn, argumentando que el informe y las conclusiones de la psicóloga “no se condice desde ningún punto de vista con lo ocurrido en el desarrollo de la Cámara Gesell…”.
A mi juicio, la impugnación presentada, y que el Tribunal resolvió diferir su tratamiento para el estadio procesal correspondiente, no merece mayor análisis, ya que sólo responde al propósito permanente de obstaculizar la llegada al juicio oral y la resolución final de la causa, presente a lo largo de las innumerables presentaciones de la defensa durante el proceso.
Si observamos el video de la entrevista en la cámara Gesell y escuchamos las partes relevantes de ésta, podemos apreciar que el informe de la entrevistadora se ajusta a lo visto y oído.
En efecto, en 8:32 se escucha: “me acuerdo que había un señor que me daba caramelos. En 8:40: ¿Por qué ese señor te daba caramelos?. No sé, era viejo, un señor grande. Tenía pelo blanco. No me acuerdo el nombre. ¿Cuál era su función?. No sé. En 8:41: ¿Esto pasaba siempre? Casi todos los días. Cuando salíamos él me agarraba, subía la escalera y me llevaba arriba a una habitación. No sé por qué. En 8:43: ¿Algo más?. No me acuerdo. Había una silla que me sentaba, tocaba la campana … el timbre y me llevaba. En8:46: ¿Cómo estaba ese señor?. Con camisa … pantalón largo … medio clarito. En 8:48: ¿Por este señor que sentías?. No sé. Por ejemplo cariño, bronca?. Nada no sentía. En 8:50: ¿Este señor le hablaba a otra persona?. No solo a mí. ¿Cómo sabés?. Porque me contaba … yo no entendía por qué me llevaba. En 8:51: ¿Vos querías ir?. No, él me agarraba del brazo…
Lo expresado por la niña María Antonella en esta entrevista que estamos analizando, realizada cuando ya tenía 11 años de edad, dentro de lo parco de sus contestaciones, coincide con lo que había expresado cuando solo tenía 4 años, según lo hemos analizado, y debe ser considerado como prueba de cargo en contra del imputado, debiendo rechazarse la impugnación de la defensa, por falta de fundamento.
Continuando con el examen de las pruebas aportadas a la causa, digamos que el informe médico de fs. 55, incorporado por lectura al debate, que expresa: “examen médico-Examen ginecológico: Himen íntegro. Vulva sin lesiones. No presenta lesiones de interés médico legal”, resulta fundamental para descartar la subsunción de la conducta del imputado en otras figuras del artículo 119 del Código Penal.
En el curso del juicio declaró también Ricardo Pissarello, padre de la víctima. Contó al Tribunal en que circunstancia se había enterado de lo ocurrido con su hija, del rechazo de ésta hacia él y que “al otro día salimos a buscar ayuda. Fuimos con el abogado De Paula. Mi señora hizo la denuncia”. Mas adelante, visiblemente conmocionado, dijo que tuvo que irse de la ciudad de Apóstoles “para salvar a mi hija, para que no escuche algo referente al tema”. Reiteró sobre el rechazo de su hija hacia él, quebrándose en varias oportunidades al relatar momentos de lo que fue, para la familia, evidentemente un calvario.
Dijo Pissarello que ahora Antonella ya tiene 13 años, que el año pasado sufrió un ACV, que los médicos no supieron decirle cuál fue su causa, que recuperó la relación con su hija (antes “la quería alzar y no me dejaba, me cerraba las piernas”), que la vida de la familia “cambió 360 grados”, que su esposa dejó de trabajar para ocuparse de Antonella.
Prueba importante fue la declaración testimonial de Ana Raquel Antúnez Maciel, niñera de María Antonella en el momento en que ocurren los hechos que estamos considerando, y que ya había declarado durante la instrucción. Narró la testigo que conoció al Padre Chomyn el día que “fue a ver a la nena”. Aseveró que Chomyn “llegó un día a la mañana y preguntó si era la casa de Pissarello. Dijo que traía unos dulces para los chicos. Que le preguntó al chofer del transporte la dirección de la casa y que él se la dió. Le hice pasar. El con las golosinas, con la nena sentada en el regazo y le acariciaba las piernas, le tocaba el cabello. Como los chicos decían tío, tío, yo creí que era pariente”.
Cuando se le preguntó si en esa reunión hubo algo que le llamara la atención, contestó: “sólo me llamó la atención que la nena estaba sentada en el regazo del hombre; que él le acariciaba las piernas, le tocaba el cabello, le daba besitos. En ningún momento se me presentó diciendo que era cura, ni dijo quién era. Yo lo dejé pasar porque creía que era un tío verdadero”.
Mas adelante aseveró que no notó rechazo de Antonella hacia el visitante y que no notó rechazo de Antonella hacia los hombres, y que cuando llegaba su padre, Antonella lo recibía con besos y abrazos, aunque después reconoció que ella no compartía tiempo con esa familia, porque cuando ella llegaba los padres de la niña se iban, y cuando éstos llegaban, la que se iba era ella. Dijo: “yo no pasaba tiempo con el padre, a veces ni lo veía”.
También aseguró la testigo que lo que le llamó la atención fue que el trato del hombre era con Antonella y no con el nene. “… le ví muy amoroso con la nena, no solía ver esa efusividad … la nena no, estaba quietita, sentada en el regazo …”. Precisó que el hombre le acariciaba las piernas, el cabello, de media pierna para acá, señalando la parte del muslo.
A otras preguntas, dijo no recordar algunos detalles: “… pasó tanto tiempo que no recuerdo bien…”. Una de las cosas que no recordaba bien era si la madre de Antonella estaba en la casa cuando llegó Chomyn (como aquélla lo había afirmado). Titubeando, dijo la testigo: “ … ese día … no me acuerdo, parece que estaba por irse a trabajar…”, aunque después afirmó que no estaba, que ella estaba sola con los chicos.
Cabe señalar que debido al tiempo transcurrido (casi nueve años desde la fecha del hecho) hubo algunas diferencias entre los testigos, en cuestiones de detalle, no decisivas para el juzgamiento del imputado.
También recordó la testigo Antúnez que Antonella, desde unos días antes del suceso que narra, le decía que cuando iba a orinar, “le picaba la colita” … una semana antes, la nena se quejaba de dolor o ardor al orinar …”, por lo que le comentó a la madre de la nena sobre esa circunstancia, y que ésta le dijo “… que a ella también se le había quejado”.
La insólita visita que realiza Chomyn a Antonella, pretendió ser explicada diciendo que esa era una conducta habitual en el cura, que visitaba a todos los alumnos del Colegio. Sin embargo, testigos del juicio aseveraron que nunca habían recibido visitas del sacerdote en sus casas, pese a tener hijos en ese Colegio, como después veremos al analizar otros testimonios.
Luciano Oroño fue otro testigo que depuso durante el juicio. Mencionado por la madre de la menor durante la instrucción, ya había declarado en el curso de ésta. Aseveró el testigo: “mi nena iba también a la escuela, y un día andaba con fotos y caramelos. Cuando le pregunté de donde los sacó, me dijo que el padre Chomyn le dió. Dijo: lo que pasa es que a la otra chica ya la llevó a la habitación, a mí todavía no. Mi señora fue a hablar a la escuela y dijo que no autorizaba a la nena que salga del grado”.
Continuó el testigo aseverando que luego de ese hecho la sacaron a la nena del Colegio, que lo que le contó su hija fue anterior al caso de María Antonella, y que en ese momento su hija, que se llama Carolina Belén, iba al jardín, no
recordando si a la Salita de 4 o de 5.
Dijo el testigo ser compañero de trabajo de la mamá de Antonella y que ella le pidió si podía venir a declarar.
Ante una pregunta del Tribunal, respecto de si Chomyn había ido alguna vez de visita a su casa, lo negó terminantemente.
Cuando la defensa le hace notar que en su declaración en sede judicial había afirmado que sacó a su hijo varón del colegio porque había repetido el curso, el testigo afirmó que no recordaba que su hijo hubiera repetido ahí, “pero puede ser que ese era el motivo por el cual sacamos al chico, pero no con respecto a la nena”.
El testimonio de Luciano Oroño fue claro y coherente, por lo que no existe ningún motivo para dudar de su veracidad y debe ser valorado como prueba de cargo.
Por acuerdo de partes, se incorporó por lectura el testimonio de Margarita Graciela Gregorzuk de Oroño, que concuerda en lo esencial con el de su esposo, analizado anteriormente. Dijo , a fs. 60/61 y vta., que mientras su hija jugaba en el arenero que está al costado de la iglesia, “se le acercó tres veces el padre Chome y le invitó a la pieza a mi hija, cuando mi hija me cuenta eso yo le digo que no vaya a la pieza… y le digo a su maestra … que no la dejara salir a ningún lado sin mi permiso … quiero aclarar que fue en varias oportunidades, no en un solo día”.
La única discordancia entre los testimonios de Oroño y de su esposa radica en el hecho de la visita al abogado de la denunciante, que el primero niega y la segunda asiente. Pero esto en nada influye en el resto de lo declarado, que merece plena credibilidad, y que constituye otra sólida prueba de cargo para juzgar la conducta del imputado.
Analicemos ahora lo declarado por el imputado Chomyn. En el primer llamado (fs. 34/35) ejerció el derecho de abstención. Igual conducta observó durante el debate, por lo que se ordenó la lectura de su indagatoria de fs. 46/48, donde cuenta los abrazos y besos cariñosos que daba a Antonella en el recreo y narra el episodio de su visita a la casa de ésta. Asevera que le preguntó a la maestra de la niña sobre su domicilio y aclara que no es a la única casa a la que va, “sino que concurro a varias, muchas, la nena es muy dócil, cariñosa, por eso y porque quería saber sobre sus padres”. Endeble argumento para justificar la visita a la casa de una alumna del jardín, munido de golosinas, desarrollando luego con Antonella la conducta que tanto llamó la atención de la niñera de ésta, como hemos visto.
Como vimos, el testigo Luciano Oroño, que también tenía hijos en ese colegio, negó que Chomyn alguna vez hubiera ido de visita a su casa. Y lo mismo ocurre con el testigo Julio César Tamborini, como veremos después.
También miente Chomyn cuando dice que le preguntó la dirección de la casa de los padres de Antonella a la maestra de la niña, lo que esta niega. En realidad, Chomyn le pregunta sobre dicha dirección a Julio César Tamborini, conductor del transporte que llevaba a la menor al colegio, circunstancia reconocida por éste, quien también afirma: “no me pidió nunca direcciones de otros niños”, como consta en el acta de debate.
Y cuando se le pregunta al indagado si alguna vez llevó a Antonella a su dormitorio, contesta: “Que sí, dos veces la llevé a mi dormitorio, una vez cuando estaba llorando y la otra porque fui a buscar algo y me quiso acompañar, la llevé en horario de recreo”. Cuando se le pregunta si pedía autorización para llevar a la nena a su pieza, contesta “que no, ya que era un momentito, nada más, llevaba también a otra nena la sobrina del Padre José le dicen Lucerito … no eran los únicos, una vez también vinieron a mi pieza dos hermanitos pero fuera de horario de clases. También aclaro que a veces le daba plata a Lucerito para que concurriera al colegio, era un incentivo …”.
Sostuve que este reconocimiento del imputado fue debido a la descripción que hace Antonella sobre el recorrido que cumplían para llegar a la habitación del cura y sobre las cosas que había en esa habitación, y no porque no tenía “nada que ocultar” como sostuvo su defensor.
Por último, cuando se le pregunta si “alguna vez le tocó a la nena sus partes púbicas”, contesta: “nunca, nunca”.
En síntesis, Chomyn reconoce haber llevado a su dormitorio a la niña Antonella Pissarello; es decir, a un lugar de acceso prohibido para maestros y directivos de la escuela y al cual se le hubiera negado autorización, de haberla pedido.
Mencionamos ya al testigo Julio César Tamborini, y dijimos que era el conductor del transporte escolar que trasladaba a la víctima. Declaró durante el debate y cuando la Fiscal del Tribunal le preguntó si Chomyn le pidió la dirección de la casa de los Pissarello, contestó que sí, que “fue en el momento en que le retiro a la nena … no me pidió nunca direcciones de otros niños”. Después de afirmar que tenía hijos en ese colegio, pero que Chomyn nunca fue a su casa, aseveró: “nunca ví una actitud rara del padre. Al contrario, siempre muy querido por las criaturas”. Dijo también que después que Antonella dejó el colegio, la mamá le pidió que saliera de testigo de cuando el padre Chomyn le pidió esa dirección. “Le pregunté como estaba la nena, y me dijo fue solo un manoseo”, que ese fue el único contacto con ella.
Cuando la defensa le preguntó al testigo Tamborini cuando fue la última vez que Antonella fue al colegio, teniendo en cuenta que la denuncia se hizo el 20 de noviembre, primero dijo que “aproximadamente unos 15 días antes”, aunque después aseveró: “no recuerdo la fecha, pasó tanto tiempo”.
También declaró en el juicio María Hnatiuk, en la época del hecho, Vice Directora del Colegio. Dijo que cuando se enteró del hecho, para ella fue una bomba y que casi se desmaya. Afirmó que “en ningún momento autoricé que Chomyn lleve a la niña al dormitorio, ni lo autorizaría …”. Preguntada para que diga qué tratamiento le hubiera dado al tema si hubiera sabido que el imputado llevó a Antonella a su dormitorio, contestó: “le hubiera avisado al representante legal”, agregando: “es una conducta prohibida que el sacerdote lleve a una niña a su dormitorio”. Afirmó que era como normal que Chomyn estuviera en el colegio, que era como de la familia. “Jamás, jamás, jamás, hubiéramos pensado que esto iba a ocurrir”.
También aclaró la testigo que los sacerdotes tienen sus habitaciones “en forma privada” y que nadie puede ingresar, salvo con autorización extendida por la máxima autoridad de los sacerdotes, recordando un caso en que una vez uno de ellos se rompió una pierna y que tuvo que pedir permiso al párroco para visitarlo.
La testigo, al igual que otros que también declararon en el debate, sostuvo que al salir al patio, para el recreo, los niños siempre eran acompañados por las maestras y que era muy difícil que una maestra no se diera cuenta que le faltaba un chico, porque todo está muy controlado.
Pero lo cierto es que evidentemente no todo estaba bien controlado, porque Antonella fue llevada al dormitorio de Chomyn cuando teóricamente debería haber estado bajo la custodia de su maestra.
María Elena Spaciuk, maestra de Antonella en la Salita de 4, también depuso durante el debate, sosteniendo lo mismo que todos los integrantes de la comunidad educativa. “No hubo momento para que en mi clase pasara esto”; “nada hacía sospechar que esto iba a pasar”; “nadie sacaba a los chicos”; “nadie retiraba a los niños”; “si él reconoce que la llevó, la habrá llevado cuando estaban en el patio o en el arenero”. Para Spaciuk, pareciera que cuando los niños estaban en el patio o en el arenero, terminaba el deber de vigilancia y custodia de las maestras.
Aclaró Spaciuk que “no le hubiera autorizado que fueran a la habitación del sacerdote. Era una actitud prohibida que la llevara a su habitación. Esta situación se me habrá escapado …”. Sostuvo mas adelante, que “de haber tomado conocimiento de esto, yo hablaría con la directora, que ella hable con él, o recurriría al representante legal, mi hermano”.
Aseguró que no le dió la dirección de los Pissarello a nadie, desmintiendo así a Chomyn. “Y ahora no se que decirle, me pone mal saber que él la llevó dos veces a su habitación”. Dijo que Antonella nunca se quejó que no podía hacer pis o que algo le dolía.
Sostuvo que Chomyn, teóricamente era sacerdote, no daba misa en la escuela, no usaba sotana, siempre anduvo vestido como un ciudadano. “Nunca le ví usar el cuellito blanco de sacerdote”.
También declaró como testigo el sacerdote José Spaciuk, quien sostuvo que tomó conocimiento de lo ocurrido cuando la policía allanó el colegio. Que eso fue al mediodía y que cuando terminó el allanamiento la policía se quedó esperando a Chomyn, que había viajado al Paraguay. Que cuando Chomyn regresó lo detuvieron.
Aseveró que acompañó a la policía y que la guió hasta la habitación de Chomyn que estaba abierta. Dijo que a ese lugar donde viven los sacerdotes lo llaman convento, monasterio o clausura.
Dijo que en este momento es representante legal y rector del Colegio.
Aludió a las actividades de Chomyn, que atendía algunas iglesias y capillas, y a la labor que desempeñaba en el Colegio, atendiendo el quiosco. Además, hacía fotografías como aficionado. Dijo que la mercadería necesaria para reponer los faltantes en el quiosco, estaban en un local en la planta baja.
Sostuvo que en el sector del monasterio donde estaban las habitaciones de los sacerdotes, sólo éstos podían ingresar. Que se necesitaba de autorización para ingresar en ese sector. “En relación a las niñas del jardín de infantes de cuatro años, no podían ir, no tenían autorización para ir a la habitación del Padre Chomyn”. Aseveró que tomó conocimiento que éste había llevado a la nena Pissarello a su habitación, después de la denuncia. “Solamente sabía que en un ir y volver, llevaba a la nena Lucerito, la madre sabía, yo sabía…”. Dijo también que “el ingreso de la niña a la habitación del padre está prohibidio, esa situación tiene una sanción, los superiores aún no han tomado la decisión, esperando la decisión de la justicia”. En mi opinión, dijo Spaciuk, lo que hizo Chomyn está muy mal y debería recibir una sanción de los superiores.
Dijo también el rector del Colegio San Josafat que Chomyn nunca usó sotana y que incluso no usaba la camisa sacerdotal. No era personal del Colegio.
Destacó el carisma de Chomyn, que los chicos cuando lo veían iban hacia él, que solía visitar a familias, y que en los ocho años que Chomyn estuvo en Apóstoles nunca recibió una sola queja ni nada que le indicara que hubiera tenido una inconducta.
Cuando se le preguntó si cuando tomó conocimiento de lo ocurrido con Antonella tomó medidas con las docentes que tenían que estar controlando la asistencia de las nenas a clases, contestó que no tomó ninguna sanción “porque ellas no podían creer, no sabían, estaban totalmente sorprendidas, lo tomé como un accidente”. Dijo que preguntó a la Directora y a la maestra de la nena, que es hermana del testigo; “la maestra dijo que cree que fue cuando la nena estaba jugando en el recreo, o ensayando para fin de año. No tomé medidas porque estaban todos llorando, acongojados, fue terrible lo que pasó para toda la comunidad”.
Contestando otra pregunta, consideró que el imputado “actuó mal en todo concepto. Tenía que haber pensado que involucraba a mi hermana”. Dijo luego que nadie puede sacar a un niño del aula y que la única forma que Chomyn pudo haberla sacado a Antonella fue mediante ardid o engaño a la maestra, o aprovechando un descuido de ésta.
Cuando se le preguntó por qué no se acercó a la familia Pissarello al enterarse de lo que había pasado, se justificó porque le decían que tuviéramos cuidado, porque los padres de la nena son gente complicada, que si iban a esa casa podían salir a decir cualquier cosa; entendiendo que los Pissarello podrían haber ido a decirles qué pasó, a prevenirlos, sin perjuicio de hacer la denuncia penal.
A continuación declaró Gladis Michalek, quien dijo ser maestra de primaria de todos los niveles, y que fue propuesta por la defensa. Dijo conocer al señor Domingo Ojeda (un testigo al que nos referiremos más adelante) y que nunca éste manifestó o dijo haber visto una conducta indecorosa de Chomyn hacia alguna criatura. Sostuvo que nunca tuvo quejas de los padres o de los alumnos contra Chomyn. Dijo que no conoció a Antonella Pissarello; que se enteró que la denuncia era porque Chomyn había llevado a la niña a la habitación; que consideraba que eso no es normal, que no está bien.
Luego declaró Juan Marcelo Yaborski, quien dijo ser Secretario del Colegio desde el año 2008 y que compartía la oficina con el rector, que era Domingo Ojeda. Aseveró que éste nunca le confió nada respecto del padre Chomyn. “Aparte, desde donde estabamos, no se veía nada”, dijo. También contó que el Rector “constantemente estaba sentado”, y que si se observaba algo, lo tendrían que haber visto los dos. Dijo que Ojeda “tenía una enemistad general en el colegio, que todo le molestaba; “yo observaba una enemistad con los sacerdotes, sobre todo con el padre José. No me acuerdo que alguna vez hiciera comentarios en contra de Chomyn”.
Cuando se le hizo saber al testigo que Chomyn había reconocido haber llevado a Antonella dos veces a su dormitorio, expresó que “… si él lo reconoció es porque alguien que tenía que cuidar, no lo hizo …”.
A otras preguntas, afirmó que vió el movimiento policial el día del allanamiento, pero que no recordaba si había habido o no clases ese día.
Y así terminó de declarar este testigo, ofrecido por la defensa, que parece haber tenido la misión especial de desacreditar al testigo Ojeda y a sus dichos.
A continuación declaró Catalina Delia Klikailo, testigo de la defensa, que dijo ser amiga de Chomyn, que ella era preceptora del Colegio y que sus hijos eran alumnos del Colegio. Alabó al cura Chomyn diciendo que todos lo querían mucho, que era muy servicial; que conoció a Domingo Ojeda porque era rector, pero que nunca le comentó que haya visto nada fuera de lugar del sacerdote hacia las criaturas.
Siguió en el orden de los testimonios la señora Angela Spaciuk, quien dijo ser bibliotecaria del Colegio San Josafat. Aludió a que se hacían reuniones para docentes, mensualmente; que conoce al señor Domingo Ojeda, pero que nunca comentó nada de la conducta de Chomyn.
Cuando se le comentó a la testigo que Chomyn había reconocido haber llevado a una niña del colegio a su habitación, dijo que “no lo sabía ni lo ví”.
A continuación depuso como testigo Silvia Mabel Spaciuk, quien también manifestó ser amiga del imputado y que éste iba a su casa y que sacaba a pasear a sus hijos. La testigo, propuesta por la defensa, dijo trabajar como docente en el Colegio San Josafat, que conocía a Antonella Pissarello como compañerita de Sala de su hija; que ésta nunca le comentó que Chomyn quisiera llevarla a la pieza o alguna conducta indecorosa de parte del cura.
Preguntada sobre el hecho por la señora Fiscal del Tribunal, contestó la testigo que se enteró de lo sucedido después de la denuncia. Que le preguntó sobre ello a Lucerito (hija de la testigo) y que ésta le dijo que sí, que había ido a la habitación de Chomyn; “… me dijo que fue con Antonella … cuando me enteré no podía creer … no está permitido que fuera al claustro …”. Mas adelante dijo: “… sentí mucha tristeza que le haya llevado a la habitación, no se, no lo puedo creer. El padre Chomyn nunca me dijo que le llevó a la pieza … es un lugar prohibido, privado … no se cómo pudo haber ocurrido eso sin que nadie se haya dado cuenta …”. Y terminó diciendo que “… hasta hoy no le pregunté a la maestra, mi hermana, cómo fue que pasó …”.
Si quisieramos hacer una síntesis sobre las deposiciones de los testigos que pertenecen a la comunidad educativa del San Josafat, y los ofrecidos por la defensa, podríamos decir que todos se encolumnaron férreamente tras la posición del representante legal del colegio, demandado civilmente por los padres de la víctima, alabando al sacerdote Chomyn, demostrando desconocimiento sobre lo sucedido, o no pudiendo explicarse como pudo haber ocurrido tal cosa, y tratando de desacreditar al ex Rector Domingo Ojeda, salvo alguna excepción, afirmando que en las reuniones de docentes nunca se refirió a alguna actitud indecorosa de Chomyn.
Analicemos ahora el testimonio de Domingo Ojeda. Descalificado por todos los testigos propuestos por la defensa, a veces hasta con el infantil cargo de ser “sedentario”, lo cierto es que no existe ninguna circunstancia objetiva que permita dudar de la veracidad de su testimonio.
Al declarar ante el Tribunal, dijo que quería ratificar lo dicho en su testimonial prestada en Apóstoles y relata un episodio en el que ve a Chomyn en una actitud indecorosa con una niña del Colegio. Aseveró que lo visto lo dejó tan mal que tuvo que tomar una licencia, aclarando que era la segunda vez en su vida laboral que lo hacía. Que luego de esa licencia conversó con el Padre José Spaciuk, su superior jerárquico, sobre lo que había visto. Que no se lo dijo “con todos los detalles”, pero que lo hizo porque él no podía tomar medidas ya que Chomyn no era empleado del Instituto (debe aclararse que Ojeda era rector en ese momento). En cambio, como el Padre Spaciuk sí podía tomar medidas con Chomyn, “le pasó lo que había visto”. Siguió relatando que el Padre Spaciuk no le dio importancia a lo que le informaba, diciendo que Chomyn era muy cariñoso con los niños.
Aseveró Ojeda que con el Padre Spaciuk “siempre tuvo desencuentros laborales”, explicando al Tribunal, cuáles eran las razones de algunas de esas diferencias.
Dijo también que luego de ver la escena que relató se puso a pensar en otras situaciones en las que vio que Chomyn era sumamente afectuoso con las nenas, explicando que en su despacho tienen una ventana que da al patio y al garaje donde entran los vehículos. “Veía en el patio de abajo al padre Chomyn con dos nenitas”, dijo, agregando que veía la puerta por donde se va al sector privado de los sacerdotes, y que a veces veía a Chomyn transitando por ese lugar con criaturas del preescolar, expresando su creencia de que las docentes tienen que haber visto lo que él vio, “pero creo que si lo vieron, se callaron, por la forma que tienen de conducir el Instituto”.
Explicó las razones que tuvo para concurrir espontáneamente al Juzgado de Instrucción a declarar y a preguntas de la defensa sobre si tiene juicios contra el Instituto y si consultó con su abogado antes de declarar, afirmó: “yo le hice reclamos laborales al colegio. Mi abogado era el doctor Gonzalo De Paula. No hablé con él antes de prestar declaración”.
También afirmó el testigo que en las reuniones que se hacían permanentemente en el colegio nunca se trató ni se comentó el problema de Chomyn.
A raíz de la manifestación del testigo respecto de lo que veía desde su despacho, la defensa de Chomyn solicitó una inspección ocular “para determinar que del lugar donde dice estar sentado el señor Ojeda y haber visto al señor Chomyn pasar, no se ve el pasillo al que alude. No puede haber visto pasar a mi cliente”.
La medida solicitada por el defensor carecía de fundamento, ya que en ningún momento el testigo dijo haber visto a Chomyn que pasaba, cuando estaba sentado en su escritorio; y esto lo aclaró el propio testigo al afirmar que “por supuesto que si estoy sentado en mi silla no veo el pasillo, pero … si estaba parado lo veo”.
Aquí debe estar la razón de la preocupación expresada por José Spaciuk respecto de que Ojeda “era un señor sedentario … siempre estaba sentado …”, lo que es repetido en su testimonio por Juan Yaborski; lo que no tendría explicación si no fuera porque había que destruir la afirmación de Ojeda de lo que había visto de Chomyn.
José Spaciuk niega que Ojeda la haya comentado lo de Chomyn. Pero tiene más razones Spaciuk para faltar a la verdad que las que pueda tener Ojeda, ya que si aquél hubiese tomado las medidas que correspondían ante lo que le contaba éste, quizá lo de Antonella no hubiese ocurrido.
Y lo que también se le pregunta a todos los testigos, por la defensa, respecto de si Ojeda había comentado alguna vez en las reuniones del colegio, respecto de la conducta de Chomyn, es desde todo punto de vista lógico que no lo hiciera, ya que si había puesto en conocimiento de los hechos a su superior jerárquico y éste no había tomado medidas, no correspondía que los mencionara en las reuniones de docentes.
Por lo expuesto, considero que el testimonio de Domingo Ojeda constituye prueba de cargo en el juzgamiento de Ladislao Chomyn.
Vamos a analizar ahora el testimonio de la Licenciada Alina Valeria Rey.
En primer lugar me referiré a la impugnación -absolutamente infundada- que el defensor de Chomyn hace de esta prueba.
Considera la defensa que el testimonio de la Licenciada es una pericia, “porque la está tratando a la nena desde el 2007, sin control de esta defensa”, y que, por lo tanto, no se han cumplido con los requisitos de los artículos 243 y 244 del C.P.P.
Como dije, el planteo resulta absolutamente infundado, porque cuando el Tribunal decide llamar a la Licenciada Rey a los fines de prestar declaración, lo hace previo acuerdo de Fiscal y Defensa, y en la inteligencia de que se trataba de una declaración testimonial. Tanto es así que -como consta en actas- el Tribunal dispuso la previa comparencia de los padres de la menor a fin de que releven o no a la Licenciada de la obligación de guardar el secreto profesional. Comparencia que se efectivizó y Alicia Kosinski y Ricardo Pissarello, ante el Tribunal, relevaron a la Licenciada Rey del deber de guardar el secreto profesional, como también consta en actas; todo en función del artículo 229 del C.P.P. Todo esto no hubiera tenido sentido si se hubiese tratado de una pericia, y hasta ese momento no hubo objeción alguna por parte del defensor, lo que -por otra parte- hubiese resultado incongruente con su anterior acuerdo para llamar a la testigo.
Creo que fue la importancia y contundencia de la testimonial de Alina Rey como prueba de cargo lo que determinó a la defensa a impugnarla, lo que resulta incongruente -lo reitero- con su anterior aquiescencia.
Por lo expuesto, considero que no se debe hacer lugar al planteo defensivo.
Paso entonces a analizar y valorar el testimonio de la Licenciada Alina Rey, del que trataré de hacer una síntesis, debido a su extensión.
Comenzó diciendo la testigo que la menor Antonella Pissarello es su paciente desde enero de 2007 y que en ese momento tenía 8 años. Que comenzó por hacerle unos test, y que “cuando hace el dibujo libre, hace la crucifixión, hace la cruz, muy rígida, un señor pequeño, de pantalón largo y un saco con botones, y con anteojos, hace tres dibujos y al finalizar les rayaba la cara. Se le veía ansiosa, angustiada. Le pregunto quien es, me dice: el padre. No usaba lo que usan en el cuellos los padres, pero es un padre. Usa anteojos. No quiso hablar mas, y yo no insistí”.
Afirmó la psicóloga que Antonella presentaba pesadillas recurrentes. Que “ahora se baña mucho, mucho, me dice que ella tiene la culpa y está sucia”.
Que en mayo de 2007 vuelve Antonella con mucha angustia, que no puede dormir con las luces apagadas, tiene pesadillas. “Empieza a relatarme que en el San Josefat, me llevaba a una habitación”.
La psicóloga, mientras recordaba, se ayudaba permanentemente con fichas relativas al tratamiento.
Contó que Antonella juega a ser abogada para poder defender a todos los que sufren abusos.
Aseveró Rey que en el 2010 vuelve a aparecer el dibujo de la habitación, “muy oscura … una mesa, una cama, una silla, un caramelero y un foco colgando del techo. El padre me regalaba golosinas, lloró …”.
En 2010, afirmó Rey, dice: “… el sacerdote iba a mi casa; me subía a su regazo y me daba paletas y besos …”. Contó la psicóloga que cuando Antonella tuvo un derrame, le dijo: “siempre me viene su cara, en blanco y negro”. Y afirmó algo fundamental al decir que no hay nada que la pueda llevar a decir que lo que contaba Antonella no era cierto.
Dice que hay un dibujo muy particular, hecho por Antonella, que es el de la cuerda floja, donde está “el padre caminando por la cuerda floja, con su traje y sus anteojitos. Le pregunto quién está en la cuerda y me dijo: el padre; ¿Quiénes son los de abajo?. Mis compañeritos. ¿Por qué las tijeras? Porque me quieren salvar”.
Sostuvo la psicóloga que “hay indicadores claros de abusos en los test”, los que son exhibidos, ordenándose su agregación.
“No tengo ninguna duda que esta chica fue víctima de abuso sexual”, aseveró Rey, explicando el procedimiento utilizado para descartar mentiras o fabulaciones, a través del “proceso de mentira”.
Sostuvo después que los dibujos de Antonella pintaban tan bien a su agresor, que cuando ella entró a la Sala de Debate no tuvo que preguntar quién era el que estaba sentado, porque supo quien era. “Me puso muy nerviosa verlo”, dijo la psicóloga refiriéndose a Chomyn; “hasta ahora estoy nerviosa”.
A preguntas del Tribunal sobre las causas del ACV sufrido por Antonella, dijo que los médicos lo plantearon desde un lugar de estrés. Que la niña no podía ver, ni escribir. Que tuvo que ser llevada a Buenos Aires en un ambulancia de alta complejidad. Que los médicos le prohibieron esfuerzos físicos, que no estudie, y que deje de pensar. “Ella dijo que no puede dejar de pensar. No puede ir sola a ningún lado, ni siquiera al baño”, afirmó la licenciada.
Con relación a lo que dijo Antonella concretamente sobre el hecho del abuso, afirmó que “solo dijo que la besaba, que la acostaba en la cama, que era un lugar oscuro, que hay un foco colgando, y las golosinas”.
Ante preguntas de la defensa, sobre el tema machaconamente planteado por ésta sobre la veracidad o la fabulación de la niña, volvió a explicar la profesional sobre los métodos que se utilizan para determinar tales circunstancias, afirmando que no hubo nada en el relato de Antonella que le haya hecho pensar “no ha sucedido”, y que tampoco tuvo indicadores que le hicieran pensar que los padres le hayan inducido a decir lo que dijo.
Terminó la psicóloga diciendo que “inicialmente la niña tenía un cierto rechazo al papá. Ella tenía una cuestión con todos los hombres, un rechazo general, evitaba contacto con los hombres”. Pero que actualmente “el papá pudo comunicarse sin tanta angustia”.
En consecuencia, con los elementos de juicio que he analizado y valorado, tengo por suficientemente probada la materialidad histórica del hecho imputado y la autoría de Ladislao Chomyn, en las circunstancias de tiempo, modo y lugar que explicitara al comienzo de este voto; concordando así con las conclusiones a las que arribara la señora Fiscal del Tribunal.
Me referiré brevemente a algunos planteos defensivos, salvo en lo referido a la apreciación de pruebas, donde ya he expresado mi opinión.
Con respecto a la inspección ocular solicitada a raíz de la testimonial de Domingo Ojeda, reitero que se trató de un pedido infundado, ya que el testigo en ningún momento expresó lo que sostuvo el defensor para fundar la solicitud.
En relación a la impugnación del informe de la entrevista en Cámara Gesell, ya me he referido a ella, considerando que debe ser desestimada.
Y con relación al planteo sobre la declaración testimonial de la licenciada Rey, también me he expedido supra, y a ello me remito.
Los señores Jueces, doctores EDUARDO ERNESTO D’ORSANEO y MARCELA ALEJANDRA LEIVA, votaron en el mismo sentido que el doctor Martín Errecaborde.
A la segunda cuestión planteada el señor Juez, doctor MARTIN ERRECABORDE, dijo:
Debo avocarme ahora al tratamiento de la segunda cuestión, en la que se determinará la calidad de responsable o no del justiciable y la calificación legal de su conducta.
Estimo que sobre la responsabilidad de Ladislao Chomyn no quedan dudas. Del informe médico de fs. 150 surge que el imputado no presenta compromiso de las funciones psíquicas y que está en condiciones de comprender y dirigir sus acciones.
Además, en el curso del debate se mostró como una persona lúcida, contestando coherentemente a las preguntas que se le formularon durante el interrogatorio de identificación.
Vayamos ahora a la calificación legal de su conducta.
La señora Fiscal del Tribunal acusó a Ladislao Chomyn como autor responsable del delito de abuso sexual simple, en los términos del artículo 119 primer párrafo del Código Penal.
Coincido con tal calificación, ya que en el juicio se probó que Ladislao Chomyn abusó sexualmente de la niña María Antonella Pissarello, que en el momento del hecho tenía 4 años de edad, mediante tocamientos deshonestos sobre zonas íntimas de la menor.
Con la figura mencionada se protege la reserva sexual de la víctima, entendida como el respeto a su incolumidad física y dignidad en tanto persona, pero muy particularmente desde la óptica de su pudicia personal sexual (Jorge Luis Villada, Reformas al Código Penal Argentino, Nova Tesis Edit. Jurídica, pág. 186).
Se ha probado que el imputado desplegó sobre la víctima actos corporales de contenido esencialmente sexual, entendiéndose que el acto sexualmente abusivo tiene dos aspectos que deben valorarse a fin de determinar sus carácter sexual: a) que objetivamente tenga entidad para ofender el pudor sexual de cualquier persona; b) por otra parte, subjetivamente debe analizárselo desde la perspectiva de la víctima, a la que debe resultarle ofensivo de su sexualidad, de su pudicia. No interesa, en cambio, el móvil que anima al autor, es decir, si obra para satisfacer su lascivia o con una motivación distinta. Basta la ofensa (aspecto objetivo) que sufra el sujeto pasivo en su ámbito de reserva corporal-sexual (aspecto subjetivo), como enseña Villada en su otra citada. Y cuando el acto abusivo se ejecuta sobre una persona menor de 13 años, la ley presume iure et de iure que el damnificado carece de capacidad o madurez para autorizar libre y conscientemente la ejecución de tal conducta sobre su cuerpo.
Con las actas de nacimiento agregadas a fs. 16 y 154, queda acreditado que María Antonella Pissarello tenía 4 años al momento de sufrir el abuso sexual.
Por ello, voto para que Ladislao Chomyn, conocido con el apodo de “Padre Cristoforo”, sea condenado como autor penalmente responsable del delito de abuso sexual simple (art. 119, 1er. párrafo del Código Penal).
Los señores Jueces, doctores EDUARDO ERNESTO D’ORSANEO y MARCELA ALEJANDRA LEIVA votaron en el mismo sentido.
A la tercera cuestión el señor Juez, doctor MARTIN ERRECABORDE, dijo:
Con relación a la pena que estimo justa para su aplicación al encartado, cabe hacer las siguientes consideraciones.
El proceso de determinación de la pena debe estructurar los rasgos esenciales del delito y su autor, compararlo con la imagen del hecho recogido por la ley de forma abstracta y seleccionar la pena adecuada a partir del marco penal. Como lo sostiene Jeschek, se trata de una justa transmutación de la cuantía del injusto y de la culpabilidad en magnitudes penales.
Los topes mensurativos máximos y mínimos de las penas constituyen el marco dentro del cual ha de moverse el juez para imponer la sanción.
Es así, que en el marco descrito y partiendo que la graduación debe tomar en cuenta, por un lado el grado de lesión del derecho y por el otro, la culpabilidad del autor, parto de las siguientes premisas:
El condenado resulta ser un miembro activo de la iglesia católica bizantina, con sólida formación espiritual y cultural. Tal circunstancia no puede ser valorada por el Tribunal como un privilegio conducente a la impunidad, sino más vale como una circunstancia agravante de la individualización de la pena (Cfr. respecto a funcionarios políticos CPRosario, Sala II, 26/2/91, J.A., 1991-IV-335).
La circunstancia de ser un ministro de un culto que si bien no lo ejercía a éste en plenitud dentro del ámbito educativo, pero de continua concurrencia por estar responsabilizado del quiosco y de otras tareas que se desarrollaban en el instituto que regenteaba la congregación a la que pertenecía, indican que no debía ni podía estar ajeno a contribuir e incluso preservar el cuidado e integridad de la víctima, la que sin dudas, se encontraba en una particular situación respecto al autor por la propia investidura que el contexto escolar otorgaba al condenado.
Es imposible, a mi criterio, soslayar que ello facilitó el propósito delictivo y aunque no resulta suficiente para encuadrar la conducta reprochable en el último párrafo del art. 119, en función del inciso b) del 4º párrafo del Código Penal, si lo es como elemento mensurador agravante de pena en el marco de los arts. 40 y 41 del Código Penal. Y dentro de éstos y con idéntico alcance también incluyo la corta edad de la víctima, por ser una circunstancia que fue aprovechada por el victimario.
Por el contrario no encuentro atenuante para mensurar la pena, por ello propugno valerme del máximo que prevé la escala penal como correctivo y en el marco de la prevención especial que lleva ínsita cada pena.
En consecuencia, voto por condenar a Ladislao Chomyn a la pena de cuatro (4) años de prisión, con las accesorias legales del artículo 12 del C.Penal, con costas (art. 29 inc. 3º del C.Penal), debiéndose disponer la inmediata detención del nombrado, que deberá ser cumplida en el domicilio que fije el condenado para lo que tengo en cuenta la edad y su estado de salud (art. 10 inc. d) del C. Penal). Es mi voto.
Los señores Jueces, doctores EDUARDO ERNESTO D’ORSANEO y MARCELA ALEJANDRA LEIVA votaron en el mismo sentido.
Por ello el Tribunal Penal nº1
RESUELVE:
I)CONDENAR a LADISLAO CHOMYN, cuyas demás circunstancias personales constan en autos, como autor penalmente responsable del delito de ABUSO SEXUAL (art. 119, 1er. párrafo del Código Penal), a la pena de CUATRO (4) AÑOS DE PRISIÓN, CON ACCESORIAS LEGALES y CON COSTAS (arts. 12 y 29, inc. 3º del Código Penal).
II) DISPONER LA INMEDIATA DETENCION DEL NOMBRADO la que se hará efectiva desde los estrados de este Tribunal y que deberá ser cumplida en el domicilio que fije el condenado por acta que se labrá ante la actuaria (art. 10 inc. d) del C.P.), debiendo ser conducido hasta el mismo por personal del Servicio Penitenciario Provincial, y bajo el estricto control del Patronato de Liberados y Egresados de la Provincia.
III) OPORTUNAMENTE, y firme que quede dar cumplimiento a lo dispuesto por el art. 490 del C.P.P.
IV) FIRME QUE QUEDE la presente COMUNICAR lo resuelto al Departamento Judicial de Jafatura de Policía y al Registro Nacional de Reincidencia y Estadística Criminal.
REGISTRESE, NOTIFIQUESE. AGREGUESE al expediente y copia protocolizada al Registro respectivo. LIBRENSE las comunicaciones pertinentes y oportunamente, ARCHIVESE.-
FALLO Nº 21, RESOLUCIÓN Nº 31, FS. 165/191, FECHA 19/06/12

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