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Caso Dávalos: la fiscal pidió prisión perpetua para los tres imputados

La fiscal Liliana Picazo pidió que Cristina Vázquez, Gerardo Omar Jara y Lucía Cecilia Rojas sean condenados a prisión perpetua por el brutal homicidio de la anciana Ercélides Dávalos, hecho que ocurrió en el barrio El Palomar de Posadas en la noche del 27 de junio de 2001. Los defensores cuestionaron el proceso judicial y señalaron en todos los casos que los imputados deben ser absueltos por la falta de pruebas. La sentencia se conocerá este jueves a la mañana.

El hallazgo de tres testigos que no podían ser ubicados por la Policía demoró este miércoles el inicio de los alegatos en la causa por el crimen de la anciana Ercélides Dávalos, y obligó a los integrantes del Tribunal a postergar hasta este jueves el dictado de la sentencia que podría terminar con una condena a prisión perpetua de los tres imputados, Cristina Vázquez, Omar Jara y Cecilia Rojas, tres jóvenes que admitieron ser adictos a las drogas.



Este miércoles el primero en declarar fue Fernando Sdanovich, quien relacionó entre sí a los acusados. Pese a que sostuvo no acordarse de nada, reconoció su firma en una declaración judicial, donde había admitido que en una oportunidad Cristina le había confesado que temía que la viejita que habían matado le estirara de las piernas a la noche, cuando dormía. Si bien dijo no haber recordado ese relato, admitió que declaró en un Juzgado tras ser llevado por la Policía. El muchacho, que dijo consumir “algo” de drogas, sostuvo que su hermana Fany y los imputados consumían todo tipo de alucinógenos. “Mi mamá era muy permisiva”, afirmó.



Fany Sdanovich, en tanto, reconoció ser amiga de las dos imputadas, y agregó que el día del homicidio estaba en la casa de una tía, en Montecarlo. Y agregó que mantenía una mala relación con su hermano Fernando, ya que éste no le gustaba los amigos con los que se relacionaba.



Por su parte, un electricista de apellido Trinidad, quien compartió las últimas horas de vida con la víctima, dijo que en la noche del crimen cambió la ducha en el baño y colocó una luz sobre la vereda de la calle San Marcos. “Cuando me retiré, cerca de las 21.00, la señora me acompañó hasta la camioneta. Me acuerdo que tenía una escoba en la mano”, afirmó.



El hombre había alquilado un pequeño departamento de la víctima entre 1993 y 1996 y aseguró que en todo momento mantuvo una excelente relación. “Incluso, cuando me mudé a Encarnación, vine a buscarla porque quería visitar a mi esposa”, agregó.



En su alegato, la fiscal Liliaba Picazo sostuvo que “la escena del crimen se contaminó pero el cadáver no fue movido y la evidencia es el charco de sangre que había debajo”, y agregó que el caso le recordó el homicidio del abogado Valdez, hecho por el cual terminó condenada su ex esposa, el amante de ésta y otro joven.


Para la fiscal “el testimonio del investigador privado contratado por la familia es prueba porque los datos que aporta llevan la responsabilidad en la cabeza de los tres imputados”.



Picazo consideró “testigo clave” a Yolanda Ester Bosián porque “nos dice cuál fue la responsabilidad que tuvo Rojas en el homicidio. No es una testigo estrella y sus dichos son reconocidos en parte por la propia imputada, cuando dice que concurría a la misma iglesia que la testigo”.



Dijo que el homicidio estaba relacionado con la necesidad de los imputados de conseguir dinero para seguir drogándose. Y dijo que el ataque se produjo “porque era una viejita ricachona y en el barrio corría el rumor que había cobrado un seguro por la muerte de su marido, unos meses antes. Para ellos (los acusados) era dinero fácil”, agregó.



Para Picazo, también fue importante el testimonio de un joven de apellido Duarte, que aseguró ver a Jara pasar raudamente y con la ropa sucia por la Chacra 178, rumbo a su casa cerca de las 23.30 del viernes 27 de julio de 2001.
En otro párrafo de su extenso alegato -orilló las dos horas- sostuvo que “Inés de Lima también nos dijo que Jara le ofreció en venta unas joyas de oro” y dijo que eran las robadas en la casa de Ercélides Dávalos.



Al intentar desbaratar la coartada de Cristina Vázquez, apodada en la cárcel “La reina del martillo”, dijo que “ella dice que fue a Garupá con su amiga a las 18.00, pero Celeste nos dice que fue a las 20.30. En realidad ella buscaba una coartada para desacreditar lo que dijo el testigo Da Silva, quien la vio pasar caminando dos veces esa noche por el frente de la casa de la víctima”.
La fiscal pidió que los tres imputados fueran condenados a prisión perpetua acusados del delito de homicidio calificado, ya que mataron para ocultar otro delito y procurar la impunidad.



Por su parte, del defensor oficial Ricardo Venialgo, representante de Rojas, cuestionó la investigación “por la falta de pruebas científicas, ante las cuales uno siempre se rinde. Yo no he escuchado en la acusación ninguna prueba que ligue a Rojas con el hecho”.



Se quejó porque “se escucharon declaraciones de testigos de oídas y supuestas confesiones, testigos que fueron sospechosos… esto habla mal de nuestro sistema judicial, que es lento, caro e ineficiente”.



Y agregó que “los testigos aparecen cuando no hay pruebas. Este caso es emblemático y desastroso porque nuestro Código Procesal no prevé la posibilidad de que un investigador privado aporte pruebas a una causa”.



Al enumerar los errores cometidos, dijo que “se perdieron pruebas, no se preservó el lugar del crimen, no se hizo un perfil psicológico del asesino y llegamos al absurdo que debajo del cuerpo se hallan dos balas calibre 38 y la Policía sale a buscar un martillo como el arma homicida”.



El defensor indicó que la prueba de los cabellos hallados en el lugar “impidió realizar una prueba de ADN” y recordó que “las huellas dactilares levantadas allí no coinciden con la de ninguno de los imputados”.



Y atacó el alegato de la fiscal al señalar que “no nos dijo cómo, quien o quienes y por dónde entraron a la casa de la víctima, ni quien fue el autor del hecho y quiénes los partícipes”, motivo por el cual solicitó “la absolución lisa y llana” de Rojas.



Rosa Basila, defensora de Jara, pidió la nulidad de todo lo actuado por la desaparición de pruebas y también el hecho de que varios policías fueron citados a declarar como testigos en el juicio oral. Para la abogada “es imposible que Jara haya participado del hecho porque los forenses nos dicen que el ataque fue cerca de las 23.00 y media hora más tarde un testigo lo ubica a mi cliente cruzando la cancha rumbo a su domicilio, a 45 cuadras de la escena del crimen. Es imposible que haya llegado tan pronto hasta allí”, afirmó. Y solicitó la absolución por el beneficio de la duda.



Por su parte, Ricardo de la Cruz Rodríguez, defensor de Vázquez, dijo que durante el debate “no aparecieron indicios congruentes ni pruebas que la señalen como responsable del homicidio. “Existen testimonios que dicen que estuvo en Garupá” y agregó que “Trinidad debería estar sentado aquí porque fue el último que la vio con vida a la víctima”.



Rodríguez afirmó que “absolver también es hacer justicia” en una causa y se quejó “porque el policía que está acusado de haber engañado a dos jueces que terminaron destituidos se convierte aquí en un testigo estrella”, en referencia a Diego Gastón Guarda, procesado en la causa de las escuchas ilegales.



Para Rodríguez, “el colmo se da cuando Guarda nos dice que indagó a Cristina cuando la traía en un patrullero desde Buenos Aires y conjetura que mi cliente no habló más porque se dio cuenta que se iba a comprometer en el hecho”.



Por su parte, la codefensora Viviana Kukla, dijo que en la causa no existían pruebas científicas que probaran que Cristina Vázquez estuvo en la vivienda de Dávalos y pidió la absolución.



El Tribunal preguntará este jueves a los imputados si quieren decir algo más en su defensa y luego pasará a deliberar para dictar sentencia.

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