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Caso Dávalos: prisión perpetua para los tres imputados como coautores

La sentencia del Tribunal recayó sobre Cristina Vázquez, Gerardo Omar Jara y Lucía Cecilia Rojas, acusados de dar muerte a Ercélides Dávalos en la noche del 27 de junio de 2001. En su alegato realizado este miércoles, la fiscal Liliana Picazo había reclamado que sean condenados a prisión perpetua por el brutal homicidio de la anciana. En otro punto del fallo, se condenó a los tres imputados a abonar un resarcimiento de 200.000 pesos más intereses a la hija de la víctima en concepto de daño moral.

Los defensores, en tanto, cuestionaron el proceso judicial y señalaron en todos los casos que los imputados debían ser absueltos por la falta de pruebas.


El veredicto


Tras deliberar casi tres horas, los camaristas subrogantes Marcela Leiva, Fernando Verón y Selva Raquel Zuetta, dictaron la sentencia que, además, ordena investigar a un hombre y a una joven por supuestos falsos testimonios; y también a la Policía luego que dos hombres relataran que sufrieron apremios ilegales por parte de agentes de la Dirección de Investigaciones.



En otro punto del fallo, se condenó a los tres imputados a abonar un resarcimiento de 200.000 pesos más intereses a la hija de la víctima en concepto de daño moral.



Este jueves la audiencia se reinició cerca de las 9.00, cuando la imputada Cecilia Rojas se sentó en el banquillo de los acusados y reiteró su inocencia. “Cometí errores por la droga pero nunca un delito tan grave como este. Todo este tiempo sufrí muchísimo, al igual que mi familia”, sostuvo.



La joven agregó que “yo salía con Jara y era amiga de Cristina, pero eso no me involucra en un hecho tan grave como este. Sería unjusto que por una declaración me condenen y hagan justicia por mi cuero”.



Por su parte, Jara admitió ser responsable de robos y hurtos “pero con este caso no tengo nada que ver” y pidió “disculpas a mi familia por todo esto que les hice pasar”.



Por último, Cristina Vázquez aseguró que “desde 2001 vivo un calvario” y mirando a la hija de Ercélides Dávalos le dijo “yo no asesiné a su madre”.
Al escuchar el fallo, Daniel Insaurralde rompió en llanto. Después de nueve interminables años, había conseguido que la Justicia condenara a los responsables del brutal asesinato.



Los jueces señalaron en su fallo que los tres imputados fueron coautores del delito de homicidio calificado. Para Leiva, Verón y Zuetta, los jóvenes mataron para ocultar otro delito y, además, procurar la impunidad. Los fundamentos de la sentencia se conocerán el 31 de mayo próximo.



El hecho de que los tres hayan sido considerados coautores tiene que ver con la imposibilidad de la Justicia de determinar quién aplicó los golpes que provocaron la muerte de Ercélides Dávalos.



La mujer, de 79 años, vivía sola en la avenida Trincheras de San José y calle San Marcos cuando fue asesinada en la noche del viernes 27 de julio de 2001. Hasta las 21.00 la víctima había estado en compañía de un electricista que había colocado una luz para iluminar la vereda y reemplazó un ducha eléctrica.



Para la Justicia quedó probado que Cristina Vázquez -vivía a cuatro casas de allí- aprovechó su conocimiento de la víctima para poder ingresar en la casa, donde le habrían exigido dinero para poder comprar drogas. La mujer se habría negado y le aplicaron más de una decena de golpes en la cabeza hasta dejarla moribunda en el piso.



La banda se llevó algunas joyas que luego Jara se habría encargado de comercializar a un precio vil en la Chacra 181 y en el barrio San José Obrero.
Durante el juicio quedó probado que los tres imputados se conocían y juntos consumían marihuana y psicofármacos. La sospecha es que esa noche actuaron bajo los efectos de alguna de esas sustancias.



El cuerpo de la anciana fue hallado al día siguiente por la empleada doméstica, que rápidamente dio aviso a la familia, que vivía a pocas cuadras.



Una desastrosa instrucción policial y una no menos floja investigación judicial privó al caso de pruebas científicas que podrían haber dado un mayor grado de certeza sobre la autoría de Jara, Vázquez y Rojas.



Los jóvenes fueron liberados en tres oportunidades por falta de pruebas, hasta que el procesamiento quedó firme. La última en ser capturada fue Vázquez, quien había buscado refugio en Buenos Aires y fue hallada tras una serie de escuchas telefónicas. La imputada, que trabajaba como moza en una parrilla, fue detenida en 2008.

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