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Caso Knack: “de tan destruido que estaba no le llegué a reconocer a mi cuñado”

Este martes comenzaron las audiencias con los testimonios ante los miembros del Tribunal Penal de Oberá, Francisco Aguirre, Lilia Avendaño y José Pablo Rivero. Uno de los testigos que relató los momentos dramáticos de aquella tarde-noche del domingo 25 de mayo de 2014 fue el cuñado del empresario maderero Oscar Carlos Knack. “Estábamos comiendo, estaba oscuro ya y en eso golpean en la ventana. Abrimos la puerta y era mi cuñado, yo no lo reconocí y entonces me dicen ´es Carlitos, Tony´y  de tan destruido que estaba no le llegué a reconocer. (Tenía) quemado los cabellos y la piel saliendo. El nos pidió socorro, que vayamos (a la casa) porque estaban quemando todo”, recordó el cuñado, Antonio Mojsiuk, hermano de Graciela Mabel Mojsiuk (42)

Según recordó, llamaron a la Policía y luego salieron rápido hacia la casa de la familia Knack. "Cuando llegamos estaba todo en silencio. Sí se veía el fuego pero nos quedamos escuchando un ratito porque no sabíamos quiénes estaban o qué había ahí. Entonces escuché a mi hermana pedir por ayuda", comentó.

También prestaron declaración la esposa de Mojsiuk, Norma Esther Dranchenberg, y su hijo Germán Alexander Mojsiuk. Fueron en los primeros en llegar a la dantesca escena donde ocurrió el feroz ataque a la familia Knack. 

Además, Carlos "Nano" Knack dió su versión de los hechos. No estuvo cuando sucedió la salvaje agresión a sus padres y hermanos porque había llevado a su novia a la casa tras celebrar en horas del mediodía su cumpleaños. 

Le avisaron por teléfono y al volver inmediatamente halló a su familia quemada, sin ropa. Acompañó a su madre y padre en un patrullero cuando las llevaban al Hospital Samic de Oberá. En el camino intentaba informarse de lo ocurrido haciéndole preguntas. También logró comunicarse con su hermano Cristian quien le dijo que había reconocido a uno de los atacantes. Y entonces hizo mención al ex prefecturiano Pablo Paz, uno de los imputados en el crimen junto con Juan Ramón Godoy y Marcial Alegre. 

Luego fue el turno de los vecinos José Serfas y Gisela Schwartz. Más tarde dieron su testimonio los hermanos Miriam (esposa de Carlos "Nano" Knack) y Rodolfo Richter.

El ex juez penal Ramón Grinhauz es el abogado del chapista Alegre. María Cristina Salguero y Eduardo Paredes ejercen la defensa de Godoy y Paz.

El caso

La tarde noche del 25 de mayo del 2014, Carlos Knack (43), su esposa  Graciela Mojfiuk (42), y sus hijos Cristian (20) y Bianca (12) fueron asaltados y brutalmente asesinados cuando 5 delincuentes ingresaron a su vivienda ubicada en la hasta ese entonces tranquila localidad de Panambí. 

La jueza de Instrucción 1 de la Segunda Circunscripción Judicial con sede en Oberá, Alba Kunzmann de Gauchat, dictó la prisión preventiva para ex prefecturiano Pablo Paz (51), Juan Ramón Godoy (44) y Marcial Alegre (45), imputados por el delito de “cuádruple homicidio calificado”, en tanto el suboficial del Ejército Rubén Orlando Bueno (51) fue beneficiado con la excarcelación pero sigue supeditado a la causa.

Entre los elementos que complican la situación de los imputados se encuentra el informe de la Secretaría de Apoyo para Investigaciones Complejas, en el que detalla las llamadas y mensajes de textos que los sospechosos del ataque a la familia Knack realizaron horas antes del hecho. Confirma que los detenidos Pablo Paz, Juan Antonio Godoy y Marcial Alegre se comunicaron para concretar el "trabajo" que ya habían planificado tiempo atrás.

Un crimen que conmovió al país

“Los ataron, masacraron a mi hermanita y luego nos prendieron fuego”, habría declarado el joven Cristian días antes de morir como consecuencia de las graves quemaduras.

Desde el ámbito investigativo se actuó rápidamente con tres detenciones, que transcurrido un mes se convirtieron en cuatro. En un primer momento el móvil del hecho estuvo centrado en el robo de los más de 300 mil pesos que Cristian Knack había cobrado ese domingo por una carga de madera que vendió en el paraje correntino de Cuatro Bocas; sin embargo, algunos detalles pusieron la atención de los investigadores en un presunto “ajuste de cuentas con tinte mafioso”.

Fueron varios los testimonios que los investigadores recabaron en averiguación del hecho. De estos datos comenzaron a surgir elementos que habrían afianzado tal hipótesis. 

Allegados a los Knack detallaron el repentino –como llamativo- crecimiento que tuvo el negocio maderero convirtiéndose en uno de los empresarios que más viajes con cargas realizaba por la región.  Mejora habitacional, autos 0 kms y un gran aserradero en poco menos de dos años, son signos de un crecimiento que llama la atención”,  dijeron testigos a los investigadores.

Por otra parte, empleados de la empresa maderera le detallaron a la justicia que  “ciertas cargas de madera con destino a Buenos Aires las preparaban Carlitos y sus hijos”.  Esta información llevó a la justicia a pedir informes en el ámbito federal que arrojaron como resultado, varios hechos con camiones de madera cargados en Panambí y secuestrados en Buenos Aires por transporte de estupefacientes en medio de la carga.

El detalle más llamativo 

De todo lo recabado, lo que más llamó la atención de los investigadores fue el hecho de que los asesinos llegaron hasta la escena con por lo menos dos botellas de alcohol, es decir que el objetivo era asesinar a los Knack utilizando el fuego.  “Claras características de mensajes mafiosos para los que hacen mal un encargo o se quedan con un vuelto”, dijo un alto jefe del cuerpo de investigaciones complejas.

Como elemento final para confirmar esta hipótesis, los peritos trabajaron sobre llamadas telefónicas con amenazas de muerte que le habrían hecho a Carlos “Nano” Knack , el único sobreviviente de la masacre.

La declaración de “Nano” 

Carlos "Nano" Knack, meses después del horror, se presentó ante la jueza que lleva adelante las actuaciones judiciales de la causa y contó sobre su vida antes del crimen. Dijo que el día fatal había ido a casa de su novia y demoró en regresar porque llovía. Se quedó allí hasta las 18:30 y reiteró que una vecina que fue la primera en asistir a los suyos fue la que le dio el aviso. A partir de allí, la historia conocida.

La agonía de sus padres que sólo pudieron dar cuenta que los habían rociado con alcohol y prendido fuego. Y las breves conversaciones con su hermano Cristian que había reconocido al ex prefecturiano Pablo Julio Paz, el principal sospechoso, que solía comprar madera a la familia.

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