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Caso Pauluk: volverán a peritar la computadora del ingeniero informático asesinado

Apenas finalice la feria judicial, el Juzgado de Instrucción 1 de Posadas ordenará una batería de medidas para darle un nuevo impulso a la investigación del crimen de Javier Pauluk. Los peritos de Gendarmería volverán a revisar la computadora de la víctima e ingresarán a un correo electrónico cuya contraseña fue descifrada por la familia. La contraseña está incorporada al expediente desde mediados de 2009, pero nunca se ordenó una pericia para ver si allí surgía algún indicio o prueba que permitiera esclarecer el brutal y misterioso crimen. A 27 meses del crimen, sigue el misterio.

La investigación iniciada por el asesinato a balazos del ingeniero Javier Pauluk tomará un nuevo impulso apenas finalice la feria judicial. En el Juzgado de Instrucción 1 preparan todo para cumplir con una serie de pedidos que realizó la fiscal Amalia Spinnato, pero todas las expectativas están centradas en un nuevo peritaje sobre la computadora de la víctima, ya que sus familiares pudieron obtener algunas claves de acceso.



La tarea de buceo en el correo electrónico decodificado y en el resto de la pc será encargado nuevamente a Gendarmería, pero esta vez se designará a un perito de Posadas para evitar la demora que implica enviar la máquina hasta el gabinete que esa fuerza tiene en Buenos Aires.



La contraseña está incorporada al expediente desde mediados de 2009, pero nunca se ordenó una pericia para ver si allí surgía algún indicio o prueba que permitiera esclarecer el brutal y misterioso crimen.



A partir de agosto, volverán a desfilar por el Juzgado de Instrucción 1 testigos que ya declararon pero superficialmente en la causa, se pedirán informes sobre algunos números telefónicos y se completarán algunos exámenes de ADN.



Los familiares del ingeniero asesinado saben que el paso del tiempo es una complicación extra para los investigadores. Pese a ello, recomiendan retomar de cero el caso y trabajar con todas las hipótesis, y no quedarse únicamente con la pasional como hizo hasta ahora la Policía y la Justicia.



El expediente acumula 12 cuerpos, lo cual equivale a 2.500 fojas, pero ninguna pista concreta sobre la identidad de la persona que por la espalda y utilizando un revólver calibre 38 le descerrajó cuatro tiros a Pauluk.



Miriam Pauluk, hermana de la víctima, recordó que la Policía de Misiones encargó el peritaje de la computadora de Javier a un joven que aún no había completado la carrera de informática. “Debían analizar la PC de un ingeniero informático y se la dieron a un estudiante!!! Con todo respeto, me parece que por momentos hubo mucha improvisación”, sostuvo Miriam.



La familia del joven aportó todas las casillas de correo electrónico que éste manejaba, pero nadie se encargó de desbloquear las contraseñas para buscar amenazas, relaciones ocultas o cualquier otro indicio que permitiera avanzar en la investigación.



“Desde un primer momento le dije al juez y a la Policía que era una aberración que siguieran una única línea de investigación”, dijo Miriam, refiriéndose a la de un crimen con connotaciones pasionales. En ese sentido recordó que “a los 20 minutos de haber aparecido el cuerpo de mi hermano dentro del coche ya nos preguntaron si conocíamos o habíamos escuchado hablar de Juan Pablo Cecheto”. El joven estuvo detenido varias semanas por el crimen pero fue liberado tras comprobarse que al momento del crimen se hallaba en Buenos Aires.



Las sospechas



Miriam está convencida que una persona de la extrema confianza de su hermano al menos fue testigo o partícipe del crimen. “Javier no le prestaba el auto a nadie, siempre manejaba él. Ese día, cuando lo mataron, estaba sentado en la butaca delantera derecha y el asesino le efectuó los disparos desde el asiento de atrás”, recordó. “Me aterra pensar que pude haberme cruzado con el asesino las veces que estuve en Posadas”, afirmó.



El médico forense que realizó la autopsia estableció que Pauluk estaba relajado al momento del crimen, lo cual permite aseverar que el ataque fue sorpresivo. “Estuvimos hablando con el médico y nos dijo que esa noche no había comido, no había tomado alcohol ni algún medicamento, y tampoco había mantenido relaciones sexuales”, explicó Miriam.



A Javier le pegaron cuatro tiros con un revólver calibre 38 y uno de los proyectiles atravesó el parabrisas del Volkswagen Gol en el que había salido la noche del 10 de abril de 2009. “El auto estuvo doce horas abandonado sobre la calle Catamarca casi Buenos Aires con un balazo, con una persona adentro que tenía cubierto el rostro con una toalla y un brazo con manchas de sangre y nadie se dio cuenta. Todo es muy raro”, dice desde Resistencia la hermana de la víctima.
Miriam dice que la Policía ni la Justicia nunca exploraron la posibilidad de que el homicidio tenga algún tipo de vinculación con el trabajo que el ingeniero informático tenía en la firma Siemens. “Mucha gente nos dice que el asesinato viene por ese lado, pero nadie quiere hablar por miedo”, agregó.



A la familia le resulta extraño que Javier haya sido convocado por la empresa para trabajar un Sábado Santo a la tarde. “Nadie preguntó nada a la empresa porque toda la investigación se orientó hacia un crimen pasional”, sostuvo Miriam.



La búsqueda



Sobre el día del crimen, Miriam Pauluk recordó que a las 8.15 del 11 de abril de 2009 “mi mamá me avisó que estaba preocupada porque Javier no había regresado ni había llamado para avisar que se quedaba a dormir en otro lado. Lo buscamos hasta cerca del mediodía, pero un amigo que trabaja en la Dirección de Tránsito me dijo que era preferible hacer una denuncia por la sustracción del auto”.



La mujer recordó que “me fui a Jefatura y no me tomaron la denuncia, así que a las 12.30 me presenté en la Seccional Tercera para denunciar la desaparición de mi hermano y el coche”.



Una oficial de la Policía avisó a la familia sobre el hallazgo del vehículo y el cuerpo del ingeniero adentro. “Ese mismo día, en el lugar del hecho, una mujer le contó a mi mamá que ella había llamado a la Policía a las 14.00 por la presencia de un coche sospechoso, pero el patrullero nunca apareció”, contó.



Los detenidos



El primer detenido que tuvo la causa fue Cecheto, un joven con el que Pauluk había tenido algunos problemas, lo cual quedó asentado en una exposición policial.



Cecheto se presentó ante la Justicia y quedó detenido, pero fue beneficiado con una falta de mérito porque logró probar que el día del crimen no estuvo en Posadas.



Luego fue detenido un oficial de la Dirección Tránsito porque había utilizado el chip del teléfono de la víctima para hacer un llamado telefónico a un camarada. El policía también quedó preso hasta que se lo desvinculó porque la madrugada del homicidio había estado en un operativo de seguridad en San Ignacio.



La investigación policial llegó luego hasta dos hermanos que tenían un comercio en Itaembé Miní, pero otra vez la Justicia debió dejarlos en libertad por falta de pruebas.



El papelón mayor se cometió el año pasado, cuando un supuesto testigo aportó la identidad de los tres supuestos autores del hecho. Los jóvenes -todos con antecedentes policiales- fueron detenidos pero quedaron en libertad por falta de pruebas. Un ADN posterior confirmó que nada tenían que ver con el asesinato. Incluso, uno de ellos había estado preso en Resistencia al momento del asesinato.



A 27 meses del crimen, la Justicia debe encontrar la forma de encausar una mala investigación tanto por parte de la Policía como del mismo Juzgado de Instrucción 1. Quizás de esa manera se logre dar con los asesinos.



 



 

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