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Caso Valdez: Adriana García y su refugio en la fe

A ocho años del crimen de su ex esposo, la otrora exitosa escribana posadeña pasa sus días en la Alcaidía de Mujeres ejerciendo como pastora evangélica. Su entrega religiosa llegó a tal punto que abandonó su otro pasión, la pintura. En la cárcel tiene un comportamiento ejemplar y contiene a otras mujeres con las que comparte el encierro. En 2023 podrá volver a caminar por las calles de Posadas. Lo publica el Semanario /6p en su edición Nº 83.

Lejos de los costosos maquillajes, los perfumes importados y todo el glamour al que estaba habituada, la escribana Adriana María Inés García pasa sus días en la Unidad Penal de Mujeres entregada por completo a la religión evangélica, ejerciendo dentro de la cárcel como pastora. A ocho años del brutal asesinato de su ex esposo, el abogado Guillermo José Valdez, tomó con calma la resolución de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que ratificó la condena que la tendrá tras las rejas por lo menos hasta 2023.



Adriana García fue detenida pocos días después del crimen y su imagen de profesional exitosa se derrumbó como un castillo de naipes. Los amigos desaparecieron y buena parte de sus bienes fueron vendidos para pagar una costosa defensa que no evitó su condena a prisión perpetua.



En la cárcel donde pasa sus días de encierro tiene un muy buen concepto. Las guardiacárceles la consideran una persona muy tranquila, entregada totalmente a los estudios bíblicos luego de su incursión en la pintura sobre tela.



En su nuevo rol, el de pastora evangélica, Adriana ayuda a contener a muchas de las mujeres que están presas por distintos delitos. Son alrededor de 50 las que permanecen alojadas en la UP 5, de las cuales unas quince también deben purgar pena de prisión perpetua. Lejos de significar prisión de por vida, implica un encierro mínimo de 20 años, sin posibilidades de acceder antes a la libertad.



En los próximos días, Adriana García deberá integrarse a alguno de los talleres que funcionan dentro del Penal. Desde el Servicio Penitenciario Provincial explicaron que todos los presos deben desarrollar algún oficio para poder ser evaluados y así dejar asentado en los registros la evolución del interno/a y eventualmente si se halla en condiciones de reintegrarse a la vida social.



La escribana recibe permanentemente la visita de su madre y en forma esporádica la de sus tres hijos, con quienes logró recomponer al menos en parte el vínculo. Durante la semana, cuando las horas se vuelven interminables, colabora en la biblioteca de la Unidad Penal y también en la parte administrativa de la escuela donde algunas de las presas terminan de cursar sus estudios.



En algunas charlas con las celadoras de la cárcel, Adriana les contó que todavía abriga la esperanza de revertir el fallo, pero a esta altura sólo le queda el recurso de presentarse ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.



 



Las horas de Bertoldo



No muy lejos de allí, Bertoldo Roberto Neumann Rojas, pasa sus días encerrados en la Unidad Penal de Encausados, donde estudia abogacía a distancia. Para poder cumplir con el programa de estudios, el Tribunal Penal 2 le autorizó a acceder dos horas diarias al servicio de internet para bucear en la biblioteca virtual de la universidad.



El abogado Hugo Zapana confía en que esta necesidad de contar con el servicio de internet para poder avanzar en sus estudios impida su traslado a la Unidad Penal de Loreto, adonde son remitidos los presos con sentencia firme.



El tercer condenado, Jorge Alberto Ramírez, en tanto, también purga una condena a prisión perpetua por ser coautor del homicidio del abogado Valdez.



 




El crimen, horror sin límites



En la noche del 19 de junio de 2003, Adriana García convocó a su ex esposo a su escribanía para finiquitar el acuerdo para la separación de bienes, ya que estaban tramitando el divorcio ante la Justicia.



Ese mismo día, al anochecer, habían llegado hasta ese lugar, en la calle La Rioja casi San Lorenzo, Neuman y Ramírez, quienes ingresaron y se ocultaron en la parte superior del local. Pasadas las 21.00, la víctima arribó al lugar y la escribana le franqueó el paso a través del portero eléctrico.



Cuando el corpulento abogado caminaba hacia la oficina de su esposa, fue atacado a balazos y puntazos por Neumann -portaba una pistola calibre nueve milímetros equipada con silenciador- y Ramírez.



El cadáver luego fue arrastrado hasta un baño, donde fue salvajemente mutilado. Ya en la madrugada del 20, los tres cargaron el cuerpo en la camioneta Nissan de Valdez y lo trasladaron hasta la avenida Cabo de Hornos, donde lo arrojaron entre las malezas.



La pick up la abandonaron en cercanías del Hospital “Doctor Ramón Madariaga” tras lavar las manchas de sangre en la casa de Ramírez. El plan parecía perfecto.



Ese mismo día, en horas de la mañana, fue hallado el cuerpo y toda la Policía junto al por entonces juez de Instrucción Eduardo D’Orsaneo iniciaron la investigación.



Apenas 24 horas después, los investigadores ya habían colocado como sospechosa del crimen a Adriana García. Fue después de descubrir que mantenía una relación amorosa con Neumann, dueño de un hotel barato y varios años más joven que ella.



El juez ordenó la requisa del Crysler Stratus del muchacho. Los peritos revisaron todo, pero no hallaron nada. La tarea ya llegaba a su fin, cuando uno de los policías descubrió en el torpedo del coche la pistola calibre nueve milímetros y el silenciador. En el hotel, en tanto, apareció el maletín del abogado y dinero con manchas de sangre.



Faltaba todavía establecer el lugar del crimen. Y se logró a través de la prueba de luminol. El líquido fue esparcido en pisos y paredes de la escribanía de Adriana García y la luz verde flúo delató la existencia de restos de sangre humana pese a que el lugar había sido prolijamente limpiado. Sobre el piso aparecieron las huellas de arrastre del cadáver y en el baño azulejos, lavatorio y perillas dieron cuenta de la verdadera carnicería que se había producido dentro del coqueto edificio.



 




La sentencia condenatoria fue un mero trámite



El Tribunal Penal 1 condenó a los tres imputados por el delito de homicidio calificado y a Neumann también por la tenencia ilegal de un arma de guerra. Ese fallo fue sorteando las distintas instancias y ahora, a ocho años de ese macabro crimen, la Corte Suprema de Justicia de la Nación acaba de ratificarlo.



Los abogados aseguran que en dos años más los imputados podrían acceder a las salidas transitorias si continúan con el buen comportamiento en la cárcel. Pero para gozar de la libertad condicional deberán esperar hasta 2023.
(www.seispaginas.com o Semanario Seis Páginas edición Nº 83)



 

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