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POSADAS

Comerciantes posadeños enemigos de la autocrítica, incapaces de escuchar a la gente

Sucede de tanto en tanto. Es como que el consumidor posadeño debe apelar a una “argentinidad” de la que no hace gala el comerciante inescrupuloso que remarca precios o lo trata mal. Y se increpa al consumidor –hasta se le quitan medios para expresarse- si acaso se atreve a criticar a autodeclarados “exponentes” del comercio “posadeño y misionero”. Porque los hombres de negocios, principalmente del micro centro, que hace años están en la actividad asumen una actitud de víctimas corporativas de gobiernos, consumidores, prensa.

Por ejemplo el caso de Carlos Palombo que por “atreverse” a decir que no está de acuerdo con Mario Ortigoza, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Posadas, sale a apelar a la “argentinidad” y al que “hay que pensarlo bien” (¿una velada amenaza?) cuando se critica a una “empresa ejemplo como California”. Y debe hacerlo seguramente porque se atrevió a cuestionar que haya quienes se opongan a la instalación de nuevas empresas, a inversiones nuevas (en alusión a Chango Más de Walmart) asegurando que hay que “acostumbrarse a competir”.  No dice –en cambio- que justamente esa empresa ejemplo es la que estaría movilizando la oposición a la instalación de un competidor  y, justamente, directivos de la Cámara son proveedores del supermercado de los seis locales. En otras palabras, no hace más que sostener la postura de un cliente, en definitiva.



 



Palombo dijo que pensó antes lo que salió a decir: “que la política actual sí favorece al comercio, que se está viviendo un paraíso. Que cuestiones como las de los electrónicos y Paraguay no se pueden resolver desde Misiones. Que hay que inventar, ir a otros lugares y ver qué cosas nuevas hay. Hay que invertir”. Ideas que no necesitaban de los gratuitos agravios a quienes se atreven a decir que algo no les gusta: ni los altos precios, ni los malos tratos. El consumidor tiene derecho a expresarse y el comerciante a defenderse. Sería más que oportuno que antes de otorgar malas intenciones, alguna vez escuchen al cliente y empiecen a corregir los errores que se les achacan. La “argentinidad” sería, por fin, transparente.



 



 



 

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