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Condenaron en Córdoba al misionero Pity Arrúa a ocho años de cárcel por narcotráfico

El Tribunal Oral Federal Nº 1 de Córdoba resolvió condenar a Pedro Amadeo “Pity” Arrúa (39) a ocho años de prisión por traficar marihuana. Arturo César Goldstvaj, abogado defensor del acusado, dijo estar “desilusionado” por el planteo del fiscal Maximiliano Hairabedian y dijo que todo era nulo porque el caso era competencia de la Justicia de Misiones, ya que en esa jurisdicción se produjo el secuestro de 162 kilos de marihuana de un Fiat 147 que fue abandonado por sus ocupantes antes de ser atrapados por los investigadores. El misionero estuvo preso en la investigación del caso de tráfico de efedrina desde Argentina a México.

Condenados por 200 kilos de marihuana



A uno de los acusados, que también estuvo preso por el caso de la efedrina, lo sentenciaron a una pena de ocho años de prisión.



“Narcotraficar varias toneladas en una manera organizada exige que la droga esté en poder de los narcotraficantes, pero si son los cabecillas, los financistas, los cerebros, los titiriteros, no se puede exigir que tengan droga en el bolsillo. No estoy atado a demostrar que tenían droga consigo”. Las palabras del fiscal Maximiliano Hairabedian, del Tribunal Oral Federal N° 1, apuntaban al misionero Pedro Amadeo “Pity” Arrúa (39), quien estuvo preso en la investigación del caso de tráfico de efedrina desde Argentina a México, y a Hugo Antonio Gallardo (33), los que fueron juzgados por traficar poco más de 200 kilos de marihuana (162 kilos se secuestraron en Misiones y 44 kilos en la ciudad de Córdoba). El tercer acusado en la causa fue Ramón Samuel Simbrón (59).



 Arrúa y Gallardo llegaron a juicio imputados de los delitos de “organización ilícita destinada al narcotráfico, contrabando de estupefacientes y transporte de estupefacientes agravado 
por la cantidad de personas”, mientras que a Simbrón se le atribuyó “almacenamiento de estupefacientes”.



Al iniciar su alegato, el fiscal destacó la investigación con­junta de la Policía de Córdoba y de Gendarmería que permitió sentar en el banquillo a “verdaderos narcotraficantes” y no a perejiles. Aunque descartó el delito de organización, Hairabedian consideró que fue una operación de narcotráfico que tuvo la intervención organizada de tres o más personas. La estrategia del acusador se concentró en el análisis e interpretación de los contenidos de las intervenciones telefónicas que permitieron escuchar varias conversaciones entre Arrúa y Gallardo, cuando planificaban la operación. Las escuchas permitieron establecer que Ga­llardo fue quien compró la droga en Paraguay y pagó “por adelantado”, con dinero facilitado por Arrúa.




El fiscal se mostró extrañado porque todos los acusados decían ser vendedores de autos y, en cuanto a las conversaciones entre los dos “cerebros”, señaló que hablaban de chicas y caballos de manera incongruente, cuando en realidad estaban hablando de cómo ingresarían 
la marihuana y la trasladarían a Córdoba. Luego de referirse 
a la participación de Gallardo 
y Arrúa, a quien consideró 
un mafioso peligroso que estuvo vinculado al caso de la efedrina, donde hubo hasta una ejecución, el acusador estimó que la participación de Simbrón consistió en almacenar 44 kilos 
de marihuana en una casa 
de su propiedad ubicada en barrio Urca.



Sostuvo que Simbrón le compró la droga a Arrúa, a quien en pago le entregó una camioneta valuada en 110 mil pesos.



Al concluir, el fiscal reclamó una condena de nueve años para Arrúa, ocho años para Gallardo y cinco años para Simbrón. Respecto a este último pidió que no se lo absolviera por la duda y pidió una condena alternativa de cuatro años.



 Todos contra el fiscal.



Ya en horas de la tarde alegaron los abogados, quienes atacaron desde todos los flancos el alegato del fiscal. Arturo César Goldstvaj, defensor de Arrúa, se confesó “desilusionado” por el planteo de Hairabedian y dijo que todo era nulo porque el caso era competencia de la Justicia de Misiones, ya que en esa jurisdicción se produjo el secuestro de 162 kilos de marihuana de un Fiat 147 que fue abandonado por sus ocupantes antes de ser atrapados por los investigadores. “No aportó ninguna prueba. Dice que Arrúa trasladó o hizo trasladar la droga que apareció en la casa de Simbrón, no puede decir eso, tiene que precisar si la trasladó o no, de lo contrario está sembrada la duda”.



 A su turno, Juan Pablo Bastos, defensor de Gallardo, compartió lo expuesto por su colega y resaltó que a Gallardo no se lo pudo involucrar con el procedimiento de Córdoba y sólo existían conversaciones. Para descalificar al fiscal dijo que pensaba y actuaba como policía y por eso defendía los procedimientos policiales que no aportaron ninguna prueba consistente. El último en exponer fue Tirso Pereyra quien pidió la absolución de su cliente porque había dudas sobre su participación, ya que la casa donde se encontraron los 44 kilos, si bien era de su propiedad, estaba vacía y, además, había otras personas que tenían copias de las llaves para ingresar a la misma. El abogado hizo hincapié en la personalidad de Simbrón, quien tenía tres hijas con títulos universitarios y un hijo estudiando abogacía. Simbrón estuvo sólo dos meses detenido y fue excarcelado. “Este caso destruyó su familia, cuando salió en libertad un día llegó a su casa y encontró a su mujer como bonzo (se suicidó prendiéndose fuego)”, comentó Pereyra, mientras el imputado lloraba como un chico.



Más allá de la enjundia de los defensores, el Tribunal, presidido por Julián Falcucci e integrado por Jaime Díaz Gavier y Vicente Muscará, por unanimidad, resolvió condenar a Arrúa a ocho años de prisión, a Gallardo a siete años y seis meses y a Simbrón a cuatro años y seis meses. En el caso de este último, a pedido de su defensor, permanecerá en libertad hasta que la sentencia se encuentre firme. (La Voz del Interior)



 




 

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