SEGUINOS

Opinión

Control de precios: efectividad y defectos

En una nota de un sitio digital especializado en economía, el autor del artículo que publica el Semanario /6p en sus ediciones 213 y 214 observa que “los argentinos estamos acostumbrados a vivir en una economía “capitalista” o “de libre mercado”. Nuestra tradición y nuestros orígenes lo confirman también: Nuestra Constitución Nacional tiene un fuerte arraigo liberal en su creación con el trabajo del Dr. Juan Bautista Alberdi que se inspiró en la Europa del sigjo XIX y que defiende a la propiedad privada y a los derechos individuales como elemento sustancial de la misma.

Solamente con la reforma de la Carta Magna que incorporó el Peronismo en la década del ’40 se le agregaron los derechos sociales hasta ese momento tristemente olvidados.

Es por eso, que los argentinos somos sumamente reacios a tolerar la injerencia del Estado en la economía, y hasta los mismos beneficiarios de las políticas regulatorias del Gobierno Nacional se manifiestan en contra de ellas, tal vez desconociendo a veces de sus efectos benévolos.

 

Miramos con recelo las fuertes políticas intervencionistas en Venezuela, y nos meten miedo cuando algunos dirigentes de la oposición sostienen que la Argentina va por el mismo camino.

Hace días atrás el flamante Ministro de economía Lic Axel Kicillof anunció un acuerdo de precios voluntarios con un grupo de proveedores y cadenas de supermercados (http://www.mecon.gov.ar/kicillof-%e2%80%9cle-estamos-dando-previsibilidad-al-consumo-de-los-argentinos%e2%80%9d/)  y estas medidas generaron reacciones en uno y otro sentido, por nuestra tendencia a desestimar la efectividad del Estado.

Ahora bien, la teoría económica distingue los efectos de una medida de control de precios dependiendo si se aplica en mercados competitivos de los mercados concentrados.

  1. I.                    CONTROL DE PRECIOS EN MERCADOS COMPETITIVOS O CUASI-COMPETITIVOS:

Imaginemos por un momento, que al Gobierno Nacional se le ocurriese implementar un control de precios a los Panificados (a consecuencia del aumento de la harina). Este razonamiento, lo podríamos extender a cualquier otro producto o servicio que tuviera varios oferentes (carnes, lácteos, medicamentos, etc.).

Supongamos que el precio de equilibrio del Kilogramo de pan es de $20, y el gobierno fija un precio máximo de (por ejemplo) $15. Vamos a ayudarnos con el gráfico 1 siguiente:

CUADRO 1 ARTICULO ENERO 2014 SAFRAN

El mercado por la fuerza de la oferta y la demanda (recordemos que es un mercado que tiene bastantes características competitivas) fija un precio de equilibrio de $20 y que a ese precio los consumidores compran la cantidad que desean 2.300 Kgs.  En el gráfico podemos distinguir la función de oferta (la cantidad que los productores están dispuestos a vender) con pendiente positiva (o función creciente), y la función de demanda (la cantidad que los consumidores están dispuestos a comprar) con pendiente negativa (o función decreciente). En el punto que se cortan ambas curvas (que aparecen “rectas”) se determina el Precio de equilibrio (Pe= $20) y la cantidad de Equilibrio (Qe=2.300 u).

Ahora bien, con el precio máximo que fija el Gobierno con el fin de proteger a los consumidores para que obtengan el Pan a un precio más accesible, el gráfico nos indica qué ocurre: Al Precio de $15 la cantidad demandada por los consumidores (3.000 Kgs) es superior a la cantidad ofrecida (1.100 Kgs) produciéndose inmediatamente el fenómeno de la ESCASEZ del Pan. El faltante de Pan es de (3000 Kgs-1.100 Kgs) 1.900 Kgs, es decir que hay consumidores que quedan sin adquirir pan por 1.900 Kgs.

En todo proceso de control de precios máximos en mercados competitivos o cuasi-competitivos el primer fenómeno que se observa es la escasez de ese producto: largas colas para intentar conseguirlo, demoras en obtenerlo, racionalización de la venta, estanterías vacías, etc.

Efectos a corto plazo: Por lo general, a corto plazo, las políticas de precios máximos en estos mercados es altamente efectiva: todos los comercios respetan los precios máximos por temor a las penalidades de resultar descubierto infringiendo la ley (multas, clausuras, decomiso de la mercadería, etc)… es decir a corto plazo, el precio máximo cumple su objetivo: nadie vende el producto por encima de ese valor establecido.

Efectos a largo plazo:  A largo plazo, resulta difícil cumplir con los controles, imaginemos que la Secretaría de Comercio debería inspeccionar regularmente a las panaderías de todas las ciudades para controlar que cumplan con los precios máximos permitidos. Los comerciantes se ven tentados a subir el precio, ante tan poca cantidad ofrecida (1.100 Kgs) el consumidor estará dispuesto a pagar en este caso hasta $28,57/Kg es decir no solamente superior al precio máximo sino también superior al precio de equilibrio que pagaría si no hubiera controles de precios ($20). El área sombreada con verde representa lo que se comercializará en el “mercado negro” o “mercado ilegal” (se vende por encima del precio de equilibrio).

A largo plazo, el precio máximo deja de ser efectivo, no se cumple, aparece el “mercado negro” y el mercado no asigna eficientemente los recursos por la intervención del Estado.

Esta explicación de los efectos de los precios máximos en mercados competitivos, lo sostiene la teoría económica y está consensuada por la mayoría de los economistas.

  1. EXPERIENCIAS ARGENTINAS DE PRECIOS MAXIMOS EN MERCADOS COMPETITIVOS O CUASI-COMPETITIVOS: Los controles de precios con aplicación obligatoria (no voluntaria, es decir bajo penalidades) fueron muy utilizados en las décadas de 1970 y 1980 en general como medidas complementarias de planes antiinflacionarios: Presidencia de Isabel Martinez de Perón (Ministro de economía José Gelbard 1975),  Plan Austral del Presidente Alfonsín (Ministro de Economía Juan Vital Sourrouille 1985), entre otros.
  2. III.                CONTROL DE PRECIOS EN MERCADOS CONCENTRADOS:

El análisis es muy diferente si el Gobierno pretende controlar los precios en mercados concentrados (monopólicos u oligopólicos). En estas situaciones, en las que hay un solo vendedor en el mercado o muy pocos que se pueden poner de acuerdo para fijar precios abusivos (se lo conoce como “Colusión”) si no hay regulación estatal es muy probable que el oferente termine aplicando un precio que perjudique en demasía al consumidor.

Siguiendo con el ejemplo anterior, supongamos ahora que el gobierno fije un precio máximo a la harina considerando la escasa cantidad de molinos harineros formadores de precios que operan en nuestro país. El efecto es muy diferente al que produce en un mercado competitivo: es más sencillo controlarlos (son muy pocos) y tienden a fijar precios “excesivamente elevados” considerando que tienen poder de mercado y desean mejorar sus beneficios empresarios.

La Regulación de los monopolios y oligopolios colusivos constituye un tema reciente en la literatura económica (sostenemos por “reciente” con no más de 20-30 años de difusión). Entre las posibles medidas para regularlos tenemos: I) Leyes de defensa de la competencia y contra los monopolios, II) Nacionalizar monopolios privados (ejemplo el Correo Argentino), III) Controles de Precios, IV) Impuestos Extraordinarios a las empresas monopólicas.

En nuestro país, muchas empresas son “formadoras de precios”, actúan en mercados muy cerrados con facultad discrecional para imponer sus precios sin competencia. Sugiero leer también el artículo del Mg Horacio Simes “Flexibilidad de Precios: De la Teoría a la Realidad Social”  http://www.mundomacro.com.ar/?p=710

Los economistas heterodoxos (o como prefiere llamarse el Lic Mario Rapoport “interdisciplinar”) se expresan indudablemente a favor de regular los precios de las empresas monopólicas y oligopólicas para evitar el abuso de posiciones dominantes.

En términos macroeconómicos, regular los precios significa regular el margen del beneficio empresario y por lo tanto el salario real de los trabajadores: Supongamos que la productividad del trabajo es 1 (un trabajador produce 1 bien/día), y m= margen empresario (es la suma del Beneficio empresario más la Renta del Terrateniente más el interés del capitalista), entonces:

Px = (1+m) W el precio de los bienes es igual al costo salarial más el margen empresario de ganancia.

Si despejamos la fórmula nos queda: W/Px = 1/ (1+m) el salario real (W/P)  o poder adquisitivo del salario es igual a la inversa de (1 +  el margen empresario). Si aumenta el margen empresario, disminuye el salario real de los trabajadores.

Bajo esta línea de pensamiento, la inflación no es más que el efecto por la puja en la distribución de la Renta Nacional entre los trabajadores y los empresarios (incluyendo en éstos a los capitalistas y los rentistas).

  1. IV.                EL CONTROL DE PRECIOS EN LA ARGENTINA:

El acuerdo de precios anunciado la semana pasada por el Jefe de Gabinete de Ministros Cdor Jorge Capitanich, y el Lic Axel Kicillof, fue suscripto con las principales cadenas de supermercados y proveedores bajo la figura de un acuerdo voluntario de precios que regirá a partir del 1 de enero de 2014, por un año, que incluye una canasta básica de 200 productos, desde productos de almacén, carnes, lácteos, frutas y verduras, bebidas, limpieza y perfumería. Comprende 100 marcas, 60 empresas proveedoras y 1500 comercios adheridos.

Del escaso material difundido hasta la fecha, surge entonces, que este “control de precios” no encuadra en ninguna de las 2 situaciones anteriores planteadas: se realiza a nivel de PyMES incluyendo en algunos rubros  a algunas empresas “formadoras de precios” pero es voluntaria no obligatoria, sin sanciones ni penalidades.

Del modo que está planteado, no surtirá el efecto deseado de regular los precios, pues conforme lo expuesto en el punto I. anterior no es obligatorio por lo tanto no existe sanción al incumplirlo, es muy difícil de fiscalizar en el segmento de las pequeñas y medianas empresas, y si los costos de producción suben el oferente buscará trasladarlo a los precios comercializando el producto por encima del precio acordado.

  1. V.                  LA ASIGNATURA PENDIENTE EN ARGENTINA:

El Lic. Alfredo Zaiat en su reciente artículo denominado “Herramientas” y publicado el pasado 22 de Diciembre en Página 12, señala un trabajo muy interesante llevado a cabo por el “Centro de Investigación y Gestión de la Economía Solidaria (CIGES)” publicado en el pasado mes de Noviembre de 2013. El título del trabajo se llama “Formadores de Precios e Insumos Difundidos” y realiza un análisis sectorial en los mercados del Acero, del Aluminio y del Cemento que son altamente concentrados.

El trabajo del CIGES empieza expresando: “En el mercado del pan elaborado una sola firma (Fargo/Bimbo) concentra el 80% de la producción; las cervezas son producidas en un 82% por 2 empresas (Quilmes el 66% con sus marcas Palermo, Andes, Norte y Bieckert y Brahma con el 16%) y las galletitas son fabricadas en un 78% por tres empresas (Kraft, Arcor y Danone), por citar algunos casos correspondientes al rubro de alimentos. A su vez, los mercados de telecomunicaciones (3 empresas –Telefónica, Telecom y Telmex- el 100%), televisión por cable (1 empresa –Cablevisión- el 70%), productos petroquímicos como fertilizantes (2 empresas –Profertil y Petrobas- el 79%), tolueno (2 empresas -Petrobras e YPF- el 100%) y etileno (1 empresa –Polisur- el 93%), presentan también, como surge de los datos precedentes, un alto grado de concentración. Otros sectores claves por ser insumos de uso difundidos en distintas cadenas de valor industriales presentan las mismas características. Como los casos del acero, el aluminio y el cemento que se analizan en este documento”.

A su vez, este trabajo hace referencia a una excelente publicación denominada: “Concentración y extranjerización en la economía argentina en la posconvertibilidad (2002-2008)” de los autoresDaniel Azpiazu, Pablo Manzanelli Martín Schorr.

Algunos datos interesantes: en el año 1996 las 200 empresas más grandes del país vendían por el equivalente al 21,3% del Valor Bruto de Producción del país (excluyendo sector primario y financiero). Este valor se incrementó al 37,9% en el año 2002 (coincidente con la importante pérdida del poder adquisitivo de los salario de ese año producto de la alta inflación) y luego se estabilizó en para situarse en el año 2008 en el 31,9%.

En el año 1996, las 200 empresas que más exportaban, representaban el 62,2% de las exportaciones totales de nuestro país, guarismo que subió al año 2002 al 72,2% y que al año 2008 alcanzó el 74,3%.

En el año 1996, las 50 empresas más importantes del país vendían el 60,8% de las ventas de sus respectivos sectores, valores que alcanzaron el 63,5% en el año 2002 y el 62,7% en el año 2008.

Menciona en este informe que los sectores y empresas más beneficiados en la post-convertibilidad fueron la agroindustria (Cargill, Bunge, Louis Dreyfus, Aceitera General Deheza, Molinos Río de la Plata, Nidera, Vicentín, A. Toepfer, ADM Argentina, Oleaginosa Moreno, Noble y Arcor), la producción de aluminio y derivados del hierro y el acero (Aluar y Siderca), la armaduría automotriz (Toyota, Ford, Volkswagen, Peugeot-Citroen, General Motors, Fiat Auto y Renault), la minería (Minera Alumbrera y Minera Argentina Gold), la actividad petrolera (YPF, Pan American Energy, Petrobrás Argentina, Refinor, Shell, Sipetrol, Vintage Oil y Esso) y la elaboración de productos químicos (Compañía Mega y Dow Argentina).

Este libro es extenso pero contiene datos muy interesantes que merecen un análisis más profundo. Por lo pronto, resulta claro que el tema pendiente de resolver en estos últimos años es el control de las empresas formadoras de precios, nacionales y extranjeras, que provocan una puja distributiva de la renta nacional, retroalimentan (si no generan) el fenómeno inflacionario y perjudican al ingreso real de los demás factores de la producción incluyendo a los trabajadores.

La legislación contra los monopolios debe ser más severa y estricta. En Estados Unidos, el paradigma del liberalismo económico las llamadas leyes antitrust o antimonopolio son muy rigurosas a tal punto que por ejemplo, Bill Gates se vio obligado a escindir en dos empresas la fabricación de sus computadoras Microsoft (Hardware) con el programa Windows (Software) dado que la legislación estaba considerando que venderlos en un solo “paquete” consistía en una actitud monopólica que perjudicaba a la competencia.

Resulta necesario que nuestro país avance con medidas más firmes para el control de los mercados concentrados, a las empresas formadoras de precios, tanto en materia de legislación como en la puesta en vigencia de medidas económicas con mayor injerencia del Estado en estos sectores.

 

Cdor. Adolfo Safrán

www.mundomacro.com.ar

Etiquetas:

Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Descargar Semanario Seis Páginas