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De herencias naturales y partidismos impostados

La muerte del ex presidente Néstor Kirchner puso en clara evidencia que su esposa y jefa de Estado Cristina Fernández es la natural heredera de un proyecto político que él comenzó pero ella profundizó, teniendo sólo en cuenta la titularidad de la Presidencia ejercida y no el relacionamiento personal que mantuvieron en la gestión de uno y otro como complemento de la fundamentación política y la ejecutividad práctica. Es posible incluso que ese gradualismo que imprimieron fuera previsto por ambos en función del contexto social y político de cada momento.

Nadie puede negar, sin embargo, que el fallecimiento de Kirchner sepultó también a buena parte de esa dirigencia partidaria que lo denostó, colgándose de su saco para mantenerse especialmente en los medios concentrados que necesitan hablar por boca de otros.


 


Dirigencia que sólo avanzó proyectos de muy vidrioso propósito –como el del 82% móvil que remite al quiebre de las cajas previsionales protagonizado primero por la dictadura militar del ’76 y el certificado de defunción posterior del menemismo- y que hoy no tienen contra quien lanzar críticas de una visión distorsionada de la realidad. Para colmo de males en un país que no sólo logró emerger de la peor crisis de su historia de la mano del ex Jefe de Estado sino que desde entonces no dejó de crecer, de expandir tanto la producción primaria como la industria, en la medida en que se extendía el consumo a capas de población que de a poco salían de la marginalidad.


 


Un modelo de inclusión que tiene como referentes en la provincia, al Frente Renovador, porque es la única fuerza política que sustenta similares criterios en lo relativo a la inclusión social, el desarrollo económico, el no endeudamiento, una política tributaria que busca la redistribución de la riqueza en la rentabilidad, pero exime a la producción hasta tanto alcance estadios que le permitan devolver en impuestos los apoyos obtenidos para crecer.


 


Claro que en Misiones se avanzó más. Aquella transversalidad planteada por Kirchner en el 2003 no logró mayores avances en cuanto a la incorporación de desprendimientos partidarios, pero sí se instaló como opción para grandes sectores de población, con participación decidida de jóvenes que empezaron a comprometerse con la realidad nacional, o adultos mayores que pudieron jubilarse mediante la incorporación de aquellos que trabajaron toda su vida sin que sus empleadores les hubieran hecho los aportes pertinentes.


 


Pero en esta Provincia se cristalizó la confluencia de desprendimientos del peronismo, radicalismo y sectores independientes, además de partidos de proyección provincial y vecinal. Igualmente con participación de jóvenes y mayores adultos. Estas coincidencias han llevado a que la Presidenta visitara en numerosas oportunidades Misiones y escuchara sus requerimientos de mayores obras o recursos para el crecimiento.


 


En cambio, la muerte de Kirchner dejó en la orfandad al senador Luis Viana, que se distinguió por condicionar su actuación en la Cámara alta del Congreso de la Nación a la obtención de favores personales. Logró así la presidencia del Partido Justicialista de Misiones. Y mientras declina su estrella fugaz, se afianza la figura del sindicalista camionero Adolfo Velázquez, un moyanista de la primera hora, que vuelve a considerarse con aspiraciones para ese cargo.


 


En el marco de estas reubicaciones no sería descabellado imaginar que Viana termine por hacer las paces con su viejo mentor, el ex gobernador Ramón Puerta que parece ser volvió a equivocar sus “estrategias”. Porque el también ex presidente Eduardo Duhalde se lanzó nomás a la carrera presidencial y Puerta ya no sabe dónde posicionar a su amigo Mauricio Macri. Que hoy mide flaco en las encuestas y por el que se sacó de encima al joven dirigente del Pro, Claudio Wipplinger, de no menos errática trayectoria. Porque al flanco de quién se ubicarán. El autodenominado Peronismo Federal se apresuró a decir que irá sólo a las elecciones del 2011. Y ahora se muestra desmembrado. Macri siguió manteniendo su candidatura a la Presidencia, pero cada vez con menos aliados. Wipplinger sólo maniobra con su diario familiar y realiza sorprendentes viajes al exterior: a China para firmar un convenio (¿?), a Estados Unidos como supuesto observador (¿?) de una ignota fundación.


 


Las viejas prácticas partidarias siguen en esos ámbitos a la orden del día. Mientras un revisionismo ágil abría las puertas –las ventanas- de una Argentina diferente para el nuevo siglo: con ganas de mayor justicia, de mejor distribución de la riqueza, donde nadie sobre ni se sienta excluido.


 


 


 

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