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De la Tierra Colorada al continente blanco

Destinado en la Estación de Buceo de la Base Naval Mar del Plata, Armando Emanuel Cáceres de 27 años, nacido en Posadas, participó de la última Campaña Antártica de Verano como buzo salvamentista a bordo del rompehielos ARA “Almirante Irízar”.

 

Antárticos del interior

Existe una Antártida tangible, de la que se observa el paisaje de hielos, témpanos y picos nevados; el ambiente natural de la fauna y flora antártica; las misiones y tareas que comprenden la logística de campaña, ejecutadas por unidades navales y aeronavales; y las bases permanentes y transitorias; también el trabajo mancomunado entre científicos y militares argentinos, entre ellos y personas de otros países.

Y existe una Antártida intangible también, aquella que se describe a través del espíritu, de las emociones y sentimientos que despierta en sus protagonistas; una Antártida que no se ve ni se toca, pero que está reflejada a través del ser y el sentir de la gente que la habita y la visita.

“La Armada es una gran familia y los compañeros van formando parte de tu vida”

Destinado en la Estación de Buceo de la Base Naval Mar del Plata, Armando Emanuel Cáceres de 27 años, nacido en Posadas, participó de la última Campaña Antártica de Verano como buzo salvamentista a bordo del rompehielos ARA “Almirante Irízar”.

Armando Emanuel ingresó hace 8 años a la Armada Argentina, es Cabo Primero Buzo Salvamentista, y es la primera vez que hace una comisión a la Antártida: “Fue mi primera vez, aunque espero sea la primera de muchas veces”, expresó contento de haber vivido una nueva experiencia en su carrera y conocido, incluso, la nieve; y enfatizó: “Haber hecho la campaña embarcado en el rompehielos también fue muy importante y satisfactorio, y lo considero un verdadero premio”.

A bordo del “Irízar”, el Cabo Cáceres cumplió funciones como buzo salvamentista, actividad que explicó se realiza en conjunto con los nadadores de rescate de la embarcación, “para auxiliar y asistir a todo el personal tripulante del rompehielos, y estar presentes en el momento de hacer las cargas y descargas con los botes, en las bases antárticas”. Este posadeño fue integrante de una tripulación de casi 300 personas.

Desde su ciudad natal, donde hoy se encuentran sus abuelos, hasta la base antártica Belgrano II, lugar más austral donde llegó el rompehielos, hay una distancia de 5.700 kilómetros.

 


Tenía 18 años cuando decidió ingresar. Hoy, siente un profundo orgullo de pertenecer a la Institución. Cursó 2 años en la Escuela de Suboficiales de la Armada y se recibió como Aeronáutico en Supervivencia, luego fue destinado 5 años a la Base Aeronaval Punta Indio en Buenos Aires para, más tarde, realizar el Curso de Buceo de Salvamento. “Ingresé porque siempre me llamó la atención el ámbito militar; ser alguien respetado es algo que en mi provincia es muy bien visto”, apuntó.

Aunque no tenía familiares ni influencias que lo incentivaran a ingresar, fue averiguando personalmente por Internet y se acercó solo a la Delegación Naval de su provincia. Él fue quien motivó a sus hermanos menores a hacer carrera en la Armada: “Recuerdo que mi familia me apoyó mucho en ese momento; somos una familia numerosa y yo soy el mayor de 6 hermanos, por eso costó despegarme un poco al principio, pero después uno se va acostumbrando”.

“Mis hermanas se fueron interesando por mis viajes, mis destinos, les mostraba mi trabajo y especialidad y quisieron ingresar”, explicó. Así fue como Romina, Cintia y Soledad también quisieron ser parte de la Armada. A sus padres, Juan Carlos Cáceres y Claudia Alejandra Agüero les pareció buena idea mudarse a Mar del Plata junto a Rafael y Melina, hermanos menores de los marinos. “Y nos trajimos a la familia a Mar del Plata, ellos decidieron venir a la ciudad para estar más cerca nuestro, aunque sabemos que los destinos de la Armada se encuentran en todo el país”, aseguró.

En Posadas quedaron sus abuelos maternos y paternos, Juan Carlos y Alba, Roque y María, a quienes visita seguido cuando puede. “En Posadas me han quedado muchos amigos y compañeros también con los que siempre nos juntamos, charlamos y les interesa escuchar mis historias. Tengo muchos tíos y tías también. Todos los recuerdos que tengo de Posadas son muy lindos, Misiones es una provincia hermosa, la gente es amena y tranquila. Nosotros vivíamos en Minicity, un barrio cerca de la terminal; y fui a la EPET N° 2, la Escuela Provincial de Estudios Técnicos, donde fui muy aplicado”, contó.

En la Armada también fue muy buen alumno y fue Dragoneante Primero en el segundo año de cursada de la Escuela de Suboficiales, por haberse destacado primero de su promoción; e hizo lo mismo en el Curso de Buceo de Salvamento, también logró ser el primero.

“La especialidad en buceo requiere de un curso de un año intensivo y riguroso, que se hace en la Escuela de Submarinos y Buceo de Mar del Plata; es una especialidad linda que disfruto mucho y estoy muy contento con ella. En mi destino actual (Estación de Buceo) hacemos trabajos varios de inspección de cascos de buques y submarinos, recuperación de objetos y actividades subacuas en general”, detalló.

El buzo salvamentista de Misiones, quien vivió por primera vez una experiencia antártica, destacó que la Armada le ha brindado mucho todos estos años, “y le estoy siempre agradecido; la Armada es una gran familia y los compañeros van formando parte de tu vida; vengo cumpliendo mis objetivos propuestos y como aspiraciones futuras, me encantaría estar de pase en la fragata ARA ‘Libertad’”.

Abrir camino entre los hielos: el “Irízar” en la Antártida

La presencia del rompehielos en la operación antártica se inició el 28 de diciembre pasado y finalizó el 11 de abril. Navegó 17 mil millas náuticas. El buque brindó apoyo logístico en las tareas coordinadas por el Comando Operacional de las Fuerzas Armadas, del Estado Mayor Conjunto: tareas de abastecimiento a las bases y apertura de refugios antárticos, recambio de personal civil y militar, y reabastecimiento de víveres y materiales.

En la Antártida se realizan trabajos de investigación en sismología, estudios punto geodésico (detección de la deriva continental), seguimiento de mamíferos y aves, estudio de algas y hielos, recolección de datos meteorológicos: presión, humedad, temperatura del agua, observación de nubes y vientos.

Las Fuerzas Armadas Argentinas y sus bases antárticas brindan el apoyo logístico a las investigaciones y tareas científicas que se desarrollan en la Antártida ininterrumpidamente desde hace 114 años. Cada base cuenta con una dotación de personal especializado.

El “Irízar” al mando del Capitán de Fragata Maximiliano Mangiaterra, con una dotación conformada por 286 personas entre militares y personal civil científico, tuvo como objetivo abrir camino entre los hielos y permitir el paso de las otras unidades participantes en la campaña como el transporte ARA “Canal Beagle” y el aviso ARA “Estrecho de San Carlos”.

Fue protagonista de la llegada a la base antártica Belgrano II, una de las más australes y la que por su ubicación requiere necesariamente de la participación del rompehielos para llegar. Asimismo, las bases antárticas Petrel, Esperanza, Marambio, Orcadas y Cámara contaron con su presencia como puente logístico para su apertura y reabastecimiento.

También funcionó como plataforma de despegue para los helicópteros Sea King de la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros que se utilizaron para las tareas de abastecimiento y repliegue de material, junto con los Vehículos Anfibios a Rueda (VAR) y botes Zodiac.

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