SEGUINOS

POSADAS

De uniforme y civilidad

La sanción a policías que no habían informado de sus movimiento a sus superiores, no obstante a que es obligación hacerlo, movilizó una ulterior manifestación de esposas de uniformados que reclaman ajustes salariales y que, además, ubicaron la medida disciplinaria como represalia al deseo de sindicalizarse que ha motorizado ese mismo grupo. Es así como se escucharon voces provenientes del arco político-partidario opositor dando su respaldo a la sindicalización, sin mayor debate y sin advertir que en la Argentina ésta no está permitida. Que inclusive el país hizo la opción por esta preferencia ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Es por esa razón que no hay provincia en el país que tenga sindicalizada a su fuerza policial. Ni siquiera la provincia de Santa Fe gobernada por el Partido Socialista, cuyo diputado provincial misionero, sin embargo, no dudó en adherir con comunicados, un proyecto legislativo y personalmente, sumándose a la manifestación frente a Casa de Gobierno, de las mujeres policías. Había allí también personal retirado que otrora fue custodio de ex gobernadores y ex vicegobernadores, cuya presencia reforzó la hipótesis de que junto a genuinos reclamos hay sectores opositores interesados en agitar las aguas. Sectores que, de hecho cuando fueron gobierno, no concedieron liberalización alguna a la fuerza, ni mucho menos aumentos salariales, porque era una época en la que hasta se imponían impuestos a los empleados del Estado. Un dato más, quienes pretenden agremiarse tienen denuncias y sumarios y hasta hay quienes ponen en duda su honestidad. 



Más allá de estas habituales connotaciones políticas, la cuestión de si una institución como ésta que monopoliza la fuerza pública para el resguardo de la seguridad de personas y bienes puede asumir actitudes civiles de la índole de una agremiación que supone, por ejemplo, una horizontalidad que no está admitida por la reglamentación que la rige o que lleva un uniforme que distingue a sus efectivos del resto de los ciudadanos. Porque cada una de estas cuestiones tiene su razón de ser y son sustantivas. Las Policías en Argentina están armadas y portar un instrumento en condiciones de producir heridas graves o la muerte, lleva a que el control personal y grupal en cuanto a actitudes y conductas sea más que riguroso. De hecho en las naciones en las que se permite la sindicalización están prohibidas las huelgas y los reclamos deben hacerse sin uniforme.



 



La profesionalización de esta fuerza conlleva además una capacitación intensiva en materia de civilidad, de resguardo de los derechos humanos, de maduración democrática, que como sucede en toda sociedad, en todo grupo humano, no es integral sino que supone una gradualidad común a procesos madurativos. La Policía es expresión de una sociedad y tiene sus mismos defectos y virtudes. La sociedad argentina, la misionera, admite que todavía tiene materias pendientes en cuanto a democratización. Reconoce que es un proceso en el que se viene avanzando en forma sostenida. Puede decirse que en la Policía de Misiones sucede otro tanto. En otras palabras se está en procesos y cuestiones como ésta llevarán más de un debate y no se resolverán en una manifestación a las apuradas de un pequeño grupo, posiblemente alentado desde fuera con otros propósitos.



 



 

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