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POSADAS

Dejando huellas: la historia de Pedrito, el niño que sobrevivió a un ACV

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El neurocirujano infantil doctor Mario Armando Barrera contó el caso de un paciente llamado Pedro, quien hace diez años jugaba en la chacra donde trabajaban sus padres en El Alcázar y de repente sintió un fuerte dolor de cabeza. Luego empezó a sacudir sus brazos y piernas, debido a que sufrió una convulsión. El menor de seis años fue llevado de urgencia al centro de salud de la zona para luego ser trasladado al hospital de Posadas. “Ingresó en un mal estado general, con dificultades para respirar y en coma”, comentó.

Una vez que se le realizaron los estudios, el diagnóstico fue una hemorragia cerebral, es decir un ACV, producto de un aneurisma. “Fue una situación grave que puso en riesgo su vida. Se rompió un vaso sanguíneo en su cabeza y la sangre le ocasionó un aumento de la presión dentro de la cabeza. Iniciamos un tratamiento médico y quirúrgico para revertir la situación y  lo logramos en parte porque Pedro no despertaba”, detalló Barrera.

Reveló que el menor pasó mucho tiempo en terapia intensiva, con respirador. “Su mamá colaboró siempre, de manera humilde. Lentamente Pedro empezó a recuperarse, cada vez menos necesitó de nuestra ayuda y más de la presencia de su madre, eso era lo que necesitaba para seguir aferrado a la vida. Logró recuperarse gracias a eso”, destacó.

El médico aseguró que los ACV en los niños no son frecuentes pero dejan secuelas muy graves y hay un alto índice de muerte. Dijo que “el caso de Pedro me impactó porque el principio la mamá peleaba mucho conmigo, estaba enojada por el diagnóstico y sobre todo porque cuando recibió el primer tratamiento no obtuvimos la respuesta que se esperaba, la pasó muy mal”.

En ese sentido, remarcó que luego la mujer se tranquilizó y encomendó la vida de su hijo a Dios. Añadió que después de que Pedro se recupere, faltaba el tratamiento definitivo por lo que fue derivado a Buenos Aires, debido a la complejidad de la malformación que era tan profunda en el cerebro.

Actualmente Pedro tiene 16 años y va a la escuela, hace una vida normal, aunque periódicamente viaja a Buenos Aires para hacerse controles.  “Se recuperó maravillosamente y disfruta de la chacra. Tiene algunas limitaciones por su malformación pero puede hacer una vida normal. Cualquier esfuerzo le puede producir un sangrado en la cabeza, por eso debe cuidarse. Este caso me pone feliz, por cómo logró recuperarse”, concluyó.

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