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POLITICA

Despenalización del aborto: presión de la Iglesia y jugadas para demorar el debate

En el Senado empezó a instalarse la pulseada. De entrada, genera tensiones la definición de los tiempos y de la hoja de ruta para el trámite legislativo. Se agregan la dura reacción del Papa y el anticipo de una ofensiva sobre los senadores en las provincias.

Pasado el optimismo inercial por la votación en Diputados, algunos de los impulsores de la despenalización del aborto empiezan a advertir que el trámite no sería sencillo en el Senado. Ponen sus fichas en la aprobación de la iniciativa, pero computan el intento de dilatar el tratamiento –para amortiguar el efecto de la “media” sanción- y la dura reacción del papa Francisco. Esto último no sería sólo una cuestión de puras declaraciones, sino más bien el anticipo de una renovada presión en cada provincia sobre sus legisladores.

La reacción del Papa sorprendió por su tono y por su contenido a dirigentes que suelen mantener relación con integrantes del Episcopado. “La respuesta de la Iglesia ha sido razonable, diría que moderada, además del natural rechazo”, señalaba el día de la aprobación en Diputados un dirigente peronista que fue funcionario de la ex presidente y conoce ese paño. No imaginaba vehemencia, sino palabras cuidadas, entre otras razones frente al “apoyo de los jóvenes” al proyecto. Casi una explicación táctica.

Y un ex legislador radical, que trabajó activamente por la despenalización, advertía que el camino que se abría en el Senado sería áspero, a contramano de los pronósticos sobre un andar más o menos garantizado, y evaluaba una respuesta muy activa de sectores religiosos, aunque menos sonora.

Las declaraciones del Papa salieron del registro que imaginaban incluso algunos de sus críticos, no sólo por las referencias comparativas con los nazis y otro párrafo grabado con el término “homicidio”, sino además porque volvió sobre otra ley también rechazada por la Iglesia y entendida como una batalla: el matrimonio igualitario, punto sino inicial al menos muy gravitante en el proceso de la mala relación con Mauricio Macri.

 

Los ecos de ese mensaje ya son perceptibles, en una estructura eclesiástica que se fue colocando en plena sintonía con el Papa sin muchas demoras, y que fue expresada acabadamente en la recomposición de su cúpula y la designación de monseñor Oscar Ojea como titular. No fue un único hecho sino un proceso cuyo último capítulo acaba de ser escrito por Víctor Fernández, al asumir como arzobispo de La Plata, en reemplazo de Héctor Aguer.

 

Las palabras del ex rector de la UCA son significativas no sólo por el peso de la arquidiócesis a su cargo desde hace apenas unos días, sino por su extensa y sólida relación con el Papa. Exhortó a los senadores a revertir la votación de Diputados y lo hizo afirmando que “representan el interior profundo donde el valor de la vida está muy arraigado”. “Hagan la diferencia”, les pidió.

 

Las afirmaciones del arzobispo platense podrían ser analizadas en varias dimensiones. En términos prácticos, daría por hecho un interior monocolor al que deberían ajustarse los senadores, más allá de que representan diversas fuerzas políticas y por consiguiente, diferentes franjas de la sociedad. Las definiciones, miradas históricamente, también tienen como implícito una distinción entre distritos con mayor gravitación de la tradición hispano-colonial y otros más urbanos y liberales, hijos además de las inmigraciones. Viejo tema de análisis en medios políticos y académicos.

 

Pero al margen de esa cuestión de óptica, en el ámbito legislativo el mensaje a los senadores del “interior profundo” fue traducido como la señal que anticipa una renovada acción de los obispos locales sobre los legisladores de tales provincias en particular. Algunos diputados podrían dar testimonio del efecto práctico.

 

En el Senado, ya se registran algunos aprestos de batalla. El proyecto ingresó ayer formalmente. Existía la intención de realizar una primera reunión de jefes de bloque con el objetivo práctico de armar un cronograma para el tratamiento de la despenalización, pero la tragedia sufrida por el senador Luis Naidenoff postergó la agenda.

 

Los contactos informales entre las conducciones de los principales bloques, en general a favor del proyecto tal como fue sancionado en Diputados, se han sucedido desde el viernes pasado. Es un dato político significativo la posición asumida por Miguel Angel Pichetto y Naidenoff, pero al igual que en la otra cámara son visibles las fisuras en el peronismo de los gobernadores y en el oficialismo.

 

No está dicho abiertamente, pero los primeros gestos responden casi sin vueltas al análisis sobre las estribaciones de la votación en Diputados, ajustada pero de inocultable impacto. Línealmente, podría decirse que los partidarios de la ley de interrupción voluntaria del embarazo intentan aprovechar ese impulso y quienes se oponen, buscan que se desvanezca.

 

En el primer grupo, señalan que el texto debería ir a pocas comisiones, tal vez sólo un par: Salud, y Justicia y Asuntos Penales. Y plantean que la semana que viene, el Senado ya debería comenzar el tratamiento, para agotarlo en un mes o algo más. “Están tratando de pisar el tema”, protestaban anoche cerca de Pichetto, que ya se ha pronunciado públicamente sobre el proyecto y decidió colocarse en primera línea para motorizarlo, a pesar incluso de las divisiones hacia el interior de su bloque.

 

Esas miradas, la del jefe del bloque federal y las de algunos radicales, apuntan en primer lugar hacia Gabriela Michetti. La vicepresidente se mostró muy activa en los movimientos para tratar de asegurar votos contra el proyecto en Diputadas y se destacó entre quienes promovieron la postal de oficialistas opuestos a la iniciativa, después de la foto también de oficialistas pero con pañuelos verdes.

 

Michetti trabaja ahora intensamente en el armado del voto contra la despenalización en el Senado, en la misma línea de Esteban Bullrich y Federico Pinedo: porteños y bonaerenses que ya anotan en su lista también a legisladores del “interior profundo”.

 

Como sea, la cuestión de los tiempos, para dilatar el trámite legislativo, suena a chicana antes que a cuestión de fondo. Cuando Mauricio Macri decidió abrir las puertas del Congreso al debate sobre la despenalización del aborto –de hecho, una ampliación de legislación que está por cumplir un siglo-, atendió a un tema que estaba instalado como reclamo. El Senado debe atender ahora la misma demanda, pero con el antecedente de Diputados, que le sumó volumen político. No se borra eso en un par de semanas.

Fuente: Infobae.

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