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Dos siglos después, hay que poner las cuentas en claro

La celebración del Bicentenario moviliza. Más allá de las turbulencias de la coyuntura nacional, hay una historia que discurre desde hace dos siglos fragmentando el tejido social de la nación, fomentando un desarrollo inequitativo –y hasta consentido por dirigencias que gobernaron el país, aún en los tiempos modernos. No obstante la ciudadanía votó, una y otra vez, proyectos que se le presentaban como de raigambre federal pero que, ya en el poder, sucumbían a los intereses del país central. La semana que hoy comienza registrará uno de esos intentos por escribir otra historia.

Los Gobernadores plantearon su rebeldía sobre los recursos federales por distribuir. El Norte grande haciendo hincapié en las asimetrías padecidas y en él Misiones mostrando también sus cuentas ordenadas.



En esta historia que es la del país profundo pretende enancarse una oposición que ya fue gobierno y que, en el poder, no sólo nada hizo por la nación “marginal” sino que hasta profundizó las desigualdades. Hoy, con la mira puesta en el cortísimo plazo –las elecciones del 2011-, reivindica coparticipaciones inequitativas y habla de una nueva ley federal pero sólo a partir de las producciones agrarias de la que es dueña y para las que quiere menos impuestos y más recursos que el resto del país. Ya lo tienen –en rigor- y con privilegios.



Porque en los ‘80 las Provincias resignaron a favor de la Provincia de Buenos Aires puntos de sus propias coparticipaciones. Claro que Misiones acaba de advertir que ARBA (Agencia Recaudadora de la Provincia de Buenos Aires) deberá dejar de hacerlo. Es que alguna vez se tienen que poner las cuentas en claro. La Provincia tiene su propia política fiscal enderezada a quienes tienen capacidad contributiva. Ahora quiere que la Nación le regrese lo que de aquí se lleva y compense desigualdades. De hecho frente a la crisis global de los dos últimos años, la Provincia salió airosa por sus previsiones y su  prolijidad fiscal. Algo que ahora pretende  el jefe de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Mauricio Macri quien, puesto a gobernar, se dio cuenta que necesita recursos para atender las necesidades de la gran ciudad. Ahora no sólo aumenta el ABL (Alumbrado, Barrido y Limpieza) sino que además revalúa propiedades según metros cuadrados y ubicación –más o menos cerca de servicios-. Su discurso es hoy diametralmente opuesto al de sus socios provinciales –desde los dueños de un diario hasta el ex gobernador menemista-.



No obstante, esas figuras opositoras continúan actuando en la cresta de la ola, buscando el favor del electorado que les resulta esquivo. Porque no tienen proyectos de corto y largo plazo que signifiquen cambios para mejor. Lo testimonia el artificioso debate por las reservas. Cuando el país estaba en el infierno el ex presidente Néstor Kirchner logró imponer el criterio que el país hará honor a la deuda externa en función de su crecimiento. Desde entonces hasta ahora, Argentina cumplió la palabra empeñada. Porque continuó creciendo. Tiene ahorros –reservas- disponibles y un presupuesto aprobado, puede trascurrir el año sin sobresaltos. La oposición quiere las reservas intocadas y restarle recursos al presupuesto. En criollo, se llama desestabilización.



 



 



 



 



 




 

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