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Opinión

Economía real. Sin dogmas, con sentido común (Por E.Soria Vieta)

Hace pocos días, sentí el impulso de escribir sobre el valor de la Paz Social. Creo que los dirigentes políticos, sociales y la sociedad en general debemos debatir, emitir opinión, discutir qué pretendemos del Estado. ¿Qué pretendemos del Estado? ¿Qué rol debe cumplir? ¿Qué servicios y programas promover y sostener y en algunos casos profundizar?

“La economía es el estudio de la humanidad en sus quehaceres cotidianos”
Alfred Marshall- Siglo XIX
Hace pocos días, sentí el impulso de escribir sobre el valor de la Paz Social.
Hoy 1 de enero por la mañana, iniciado el 2014 y angustiado quizás por la voracidad de opiniones truculentamente desesperanzadoras sobre la economía y su impacto en la vida de la gente.
Creo que los dirigentes políticos, sociales y la sociedad en general debemos debatir, emitir opinión, discutir qué pretendemos del Estado.
Difícil relación del Estado, Sociedad y Economía, y sobre todo cuando ello se cubre con el poncho de la política, pero es la realidad, es la vida.
¿Qué pretendemos del Estado?  ¿Qué rol debe cumplir? ¿Qué servicios y programas promover y sostener y en algunos casos profundizar?
De donde obtiene los recursos para respaldar gastos e inversiones que permitan a la Provincia seguir creciendo con inclusión social, que en otras palabras significa generar riqueza con nuestro trabajo, transformando  nuestros materias primas con el más alto valor agregado, generando trabajo en blanco y sumando  los servicios como el turismo y otros se transforme en una potente polea de trasmisión de una gran rueda económica que lleve a toda la sociedad sin distinciones a un mejor destino, la felicidad colectiva como utopía de la economía y la política.
El otro punto igual de importante es la inclusión social, término más emparentado al concepto económico del mercado. Por eso me gusta más hablar de justicia social.
Aquí entramos en un campo que preocupa y atormenta a todos los gobiernos de la región. Cómo achicar la desigualdad económica y social y darle sustentabilidad de mediano y largo plazo a los programas y acciones que buscan ese objetivo.
A modo de síntesis referencial, miremos al este, al poderoso Brasil y vemos como aplauden a la presidenta por la justicia social lograda por programas en ejecución que permitieron sacar de la pobreza e indigencia a 50 millones de compatriotas y los incluyó en el modelo. Ahora anunció la profundización de los mismos con “Miseria Cero”. Son sus principales banderas, incluso con la vista puesta a las elecciones de octubre.- 
No obstante el Mercado (las poderosas concentraciones económicas en manos de corporaciones nacionales y transnacionales) le pasa avisos preocupantes, inflación creciente, devaluación de su moneda, disminución de la competitividad de su industria, y además le imputan el pecado de alentar el consumo superfluo (autos, motos, cocinas, lavarropas, electrodomésticos, etc. ) que llevó al endeudamiento del pueblo, quien ya tendría el 50% de sus ingresos en deuda con un voraz sistema financiero.
A esta altura de la síntesis pareciera que describimos una realidad parecida a la nuestra.
Los misioneros debemos pensar y decidir que pretendemos de nuestro Estado, porque nada es más paralizante y dañino que opinar con ligereza, ser contradictorio con elocuente intencionalidad.
Es obvio y ya salen quienes como siempre ven la solución en el ajuste, que significa menos sueldos, precarización laboral, menos salud, menos educación. Para esos opinadotes, los pobres son descartables y hay que invisibilizarlos, o en el mejor de los casos aplicar programas que sostengan la pobreza y no sirvan para sacarlos progresivamente de ese sector social. Hasta estarán los prometen bajar impuestos y subir los sueldos.
Le pedimos al Estado servicios públicos cada vez más eficientes y de mayor calidad: Salud Pública de excelencia, Educación de calidad, Seguridad capacitada, Justicia rápida y eficiente, agua para todos, luz y energía barata y abundante, que se disponga de subsidios a los distintos sectores, vía las cooperativas, otras veces directos, que se aumenten los retornos a las exportaciones o se subsidien las importaciones, y además se abonen los sueldos por más de 400 millones de pesos por mes, el último día hábil de cada mes como además corresponde al recurso humano del Estado. Sin olvidar de pagar la deuda heredada y realizar las obras públicas.
A todo esto hay que agregarle la promoción, ejecución y sostenimiento de los programas de protección social universales o focalizados para los sectores vulnerables, como los programas de viviendas sociales, viviendas rurales, plan Techo, el Hambre Cero, los programas de soberanía y asistencia alimentaria, plan cuchetas, colchones, programas de capacitación e inclusión educativa etc.
Luego, lo que nadie dice, es de dónde se sacan los recursos para afrontar responsablemente todas las acciones del Estado. Si compartimos que la Economía es la ciencia que posibilita la administración de recursos escasos, y que cuando se toma una decisión que significa recaudar, los sectores y las corporaciones se irritan, se ven agredidas, se oponen. Hay sectores que quieren todo y nadie pone nada.
 Es hora de pensar, debatir, discutir cómo se distribuye la renta y a quienes se destina el mayor esfuerzo de la sociedad.
Gobernar es en definitiva administrar los recursos escasos de la economía, en el justo equilibrio que permita crecer pero a la vez redistribuir con justicia social.
Hay mucho que recorrer y muchas injusticias que reparar, tratemos que ni las corporaciones con intereses sectoriales ni el mercado nos indiquen el camino a seguir, algo aprendimos y sabemos quien gana y quien pierde, cuando eso ocurre.
Mgter  Edmundo R. Soria Vieta
Secretario Ministro de DDHH
Pcia . de Misiones
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