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“El aborto no es solución de nada”, dice comunidad evangélica de Misiones

Los representantes del Consejo Pastoral de la Provincia se pronunciaron sobre el tema “tan cuestionado” en las últimas semanas por varios sectores de la sociedad. En una misiva dirigida al gobernador Hugo Passalacqua, los Senadores Maurice Closs, Magdalena Solari Quintana y Humberto Schiavoni;los Diputados Nacionales Cristina Britez, Flavia Morales, Verónica Derna, Daniel Di Stéfano, Jorge Franco, Ricardo Wellbach y Luis Pastori, los representantes de la comunidad evangélica de la provincia expusieron su postura.

La carta completa

Atentos al proyecto de ley denominado Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), a tratarse a partir de los próximos días en distintas comisiones del Congreso de la Nación Argentina, los abajo firmantes, representantes del Consejo Pastoral de la Provincia de Misiones, queremos hacerle conocer la postura de miles de misioneros que, semana tras semana, se reúnen con nosotros.

El primer dato irrebatible respecto a la cuestión de la vida en el seno de la mujer es que, en el momento de la fertilización, los dos gametos de los padres fusionados forman una nueva entidad biológica, la cual lleva en sí mismo un nuevo proyecto-programa individualizado, una nueva vida individual. Esto es un dato de alto rigor científico, basado estudios genéticos en todo el mundo.

Es decir, cuando hablamos de un embarazo, hablamos de vida. Y no solamente la de la madre o la del padre, sino la de un nuevo ser que se desarrolla por sí mismo. Negar este hecho, significaría ningunear los resultados ciertos de la ciencia.

Por otro lado, afirmar que «la mujer puede hacer con su cuerpo lo que ella quiera» y que, por tanto, debería tener derecho a abortar, además de ser una afirmación presuntuosa, no tiene en absoluto respaldo de la ciencia, puesto que el embrión no es parte del cuerpo de la madre, ni el feto es una víscera de su cuerpo: El ADN del embrión es distinto al de sus progenitores.

Esto nos lleva a una certeza irrefutable: Aunque se encuentre en una fase de su existencia en la que la forma humana —tal como nos inclinamos a pensarla habitualmente– no se ha expresado todavía, el embrión humano no es en absoluto una potencialidad, sino más bien una sustancia viviente e individualizada. Y, desde el momento de la fecundación, es capaz de llevar hasta su madurez una corporeidad que le servirá para expresar las grandezas inconmensurables del espíritu. En todo caso, un embrión humano es un niño latente, un probable adulto, un posible anciano, pero sin duda ya es una persona. Por eso, la proclama de «aborto libre, seguro y gratuito», que desconoce que el límite de cualquier derecho es el del otro, niega al niño o niña por nacer el derecho más básico de todos, que es el de su propio nacimiento.

En efecto, el proyecto de ley IVE nos enfrenta a un hecho que hace a la vida humana y sus derechos. Pero cuando no se parte de la realidad de la vida como un dato objetivo, comprobable científicamente, y frente al cual no se puede admitir la gradación, perdemos de vista desde dónde debemos observar este hecho: Un niño o niña por nacer es una nueva realidad que tiene autonomía genética, aunque no independencia total. No obstante, su estado de fragilidad no disminuye su grandeza ni la responsabilidad de sus padres acerca de la preservación de un derecho cardinal, como lo es el de la vida.

Ciertamente, no estamos ante un tema primariamente de fe. Las comunidades evangélicas somos plenamente conscientes que miles de mujeres viven circunstancias dolorosas todos los días, situaciones de marginalidad y pobreza, falta de oportunidades, maltrato doméstico y laboral, soledad y abandono, pero también sabemos que el aborto no es solución de nada, y que, además, expresa el fracaso del Estado en sus políticas públicas en favor de la mujer, de la familia y de la infancia.

En definitiva, lo que subyace en esta cuestión que se discute en el país es la altísima dignidad de la persona que es llamada a la existencia, y que, por ende, no es moralmente aceptable su supresión mediante cualquier técnica abortiva.

Adherimos al lema #NiUNAmenos, pero también al #NiUNOmenos, porque se trata de dos vidas, la de la madre y la del hijo. Ambas merecen ser cuidadas y respetadas. Y en este sentido, la estrategia más eficaz para prevenir la interrupción voluntaria del embarazo es la educación moral y ética, sobre todo en la infancia, la adolescencia y la juventud.

Finalizando, dejamos en claro que, para los evangélicos de Misiones, la defensa de la vida no se reduce a luchar sólo contra del aborto, sino que debe abarcar todo el desarrollo de la misma vida, principalmente en sus momentos de mayor fragilidad, comenzando por el embarazo, pero siguiendo por el nacimiento y su cuidado posterior.

Por lo expuesto, y en nombre de la comunidad a la que representamos, rechazamos de manera categórica toda ley que implique poner fin, de manera unilateral, a la vida de otra persona, por más pequeña que esta sea. Y le solicitamos que Ud. haga lo mismo ante toda práctica que atente contra la integridad o la vida de las personas, sea cual fuere el grado de su desarrollo.

Asimismo, le animamos a que, como líder y representante del pueblo misionero, se comprometa con las causas que resguardan la vida, la cual procede de Dios. Para Él, la existencia humana es un bien de inapreciable valor. Por eso paga con creces a los valientes que la defienden.
Por último, elevamos nuestra oración al Altísimo para que su Gracia sea sobre cada legislador, a fin de que pueda trabajar en las comisiones y en el recinto con la paz que se obtiene al hacer lo correcto para con Dios, votando a conciencia y con sabiduría, para que la Argentina sea bendita, próspera y sana.

Amén.