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El fundamentalismo ecologista cambió papeleras por represas

La Asociación Maderera, Aserraderos y Afines del Alto Paraná (Amayadap) confirmó su interés por la instalación de una cuarta papelera en Misiones, como modo de avanzar en el desarrollo foresto industrial y dar adecuado uso a la producción disponible. A diferencia de otros años, ahora puede decirlo porque los ecologistas ambientalistas cambiaron de miras. Ya no operan contra las papeleras, este año en especial, empujados por los intereses electoralistas, van contra las represas. En los dos casos, claro está, contra el desarrollo. Lo publica el Semanario /6p en su edición Nº 60.

El presidente de la entidad forestal, Gabriel Marangoni, explicaba que en bosques implantados hay unas 900 mil hectáreas entre Misiones y Corrientes cuyo producido debe destinarse a las pasteras para mejorar inclusive estas plantaciones. Pero para ello se requiere de nuevas inversiones ya que, virtualmente, se dispone de una solo gran empresa como es la de Alto Paraná. Para la entidad Papel Misionero es chica y Celulosa Puerto Piray, más que pequeña. Esta es una realidad de un área productiva muy dinámica que mantiene una deuda con Misiones, la no contaminación del río Paraná donde tiran sus desechos las tres papeleras. PM y Puerto Piray acusan problemas en sus sistemas de efluentes.



La papelera en mano de sus obreros ha comprometido correcciones en el corto plazo. Sin embargo, no se escuchan a los ecologistas furibundos que en la actualidad la emprenden contra los proyectos de Garabí-Panambí y Corpus. Es como si hubieran cambiado de objetivo a partir de vientos que soplan (¿y financian?) desde estructuras político-partidarias devenidas en minoritarias, tales los casos del intervenido Partido Justicialista o la UCR de Bordón-Pastori.



Claro que apuntando a las represas apuntan al corazón del crecimiento: la provisión de energía fundamental, básica, para cualquier emprendimiento. A qué se opone el fundamentalismo?: en el caso de Garabí-Panambí  a que Misiones disponga de 800 megavatios anuales. Al presente la provincia consume 220 megavatios. En 10 años necesitará de 120 más, por lo que el resto le quedará disponible para favorecer industrias intensivas, por ejemplo, para comercializar energía con otras zonas necesitadas.



Pero además el compromiso asumido por la Nación es realizar obras de infraestructura antes de comenzar la construcción de la represa en sí, lo que significará una inversión en la zona de emplazamiento de 1,5 millones de dólares. Pero además esta represa con dos cierres posibilitará regular el río Uruguay. “Algo que ya han hecho los brasileños con 10 represas ubicadas sobre el Uruguay en su territorio”, acotaba días atrás el director ejecutivo de la Entidad Binacional Yacyretá, por la Argentina y representante argentino en la Comisión mixta de Garabí-Panambí, Oscar Thomas.  



Ninguna de estas cuestiones está siendo tenida en cuenta por los fundamentalistas que además de faltar a la verdad, continúan esgrimiendo el proyecto viejo de garabí. Es decir aquel que se descartó a pedido de Misiones y por lo cual Argentina y Brasil emprendieron una minuciosa investigación de las posibilidades que ofrecía el río en la frontera común en el tramo misionero-correntino. El resultado de esa investigación ya fue puesto a consideración de las comunas brasileñas que no discuten el emprendimiento, al que consideran un hecho, sino cuáles serán los aportes y ventajas que traerán aparejados a las poblaciones de la zona de emplazamiento. Brasil es un país promotor de la hidroenergía. Dispone de un muy extenso país, grandes ríos y millones de habitantes, combate la pobreza y el hambre, quiere el desarrollo, necesita energía. Su actual presidenta Dilma Rousseff es una gran defensora de las hidroeléctricas, como que fue la ministra de Energía del ex presidente Inázio Lula Da Silva.




Y Corpus? Exactamente la misma situación que Garabí-Panambí. Los ecologistas se mantienen con el proyecto anterior rechazado por el plebiscito misionero. Y no hablan de su emplazamiento en Pindoí porque se les derrumbarían todas las teorías. Sucede, en principio, que en ese emplazamiento la opinión pública misionera siempre se mostró de acuerdo, aún antes de la consulta popular que se hizo sobre Itacuá. Es que en Pindoí, la represa sólo inundaría 14 mil hectáreas en ambas márgenes -.Argentina y Paraguay-, once veces menos que la afectación de Yaciretá que alcanzó las 150 mil hectáreas. Porque en la zona donde hoy se emplaza la isla del mismo nombre el río corre encajonado.



Con el crecimiento que tiene el país, Argentina necesita de un Yacyretá cada tres años. Misiones un 65% más dentro de 10 años. Si no se recurre a las represas habrá que pensar en otra generación desde las térmicas –contaminantes- a las nucleares. (www.seispaginas.com o Semanario Seis Páginas Nº 60 edición papel)



 




 

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