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El NEA, la región con mayor inactividad física

La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, realizada a fines de 2009 en todo el país, registró que entre 2005 y 2009 la inactividad física se incrementó de 46.2% a 54.9%, considerándose como inactividad la no realización de actividades moderadas o caminatas, al menos tres veces a la semana. Las regiones con mayor inactividad física son el Noreste (63.3%) y Cuyo (59.7%), seguidos por la Patagonia (55.4%), el Centro (55.1%) y el Noroeste (44.3%).

A pesar de estas diferencias, en casi todos los grupos al menos una de cada dos personas es inactiva. En cuanto a las provincias, las que tienen mayores índices de inactividad física son Chaco (73.8%), Formosa (68.7%) y San Juan (64.6%), mientras que en el otro extremo se ubican Jujuy (31.5%), Ciudad de Buenos Aires (43.3%) y Tucumán (41.9%).



“En estos últimos años la inactividad física se incrementó entre los argentinos”, asegura el ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur, y agrega que “aunque esta es una tendencia mundial, es importante concientizar a la población sobre la importancia de realizar ejercicio para evitar una gran cantidad de problemas de salud y, fundamentalmente, para sentirse mejor”.



La afirmación del titular de la cartera sanitaria nacional surge de los datos de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, realizada a fines de 2009 en todo el país, la que registró que entre 2005 y 2009 la inactividad física se incrementó de 46.2% a 54.9%, considerándose como inactividad la no realización de actividades moderadas o caminatas, al menos tres veces a la semana.



En Argentina, la inactividad física ocurre con mayor frecuencia en mujeres (58.5%) que en hombres (50.8%) y empeora con la edad (en mayores de 65 años es del 66.9%), aunque también abarca a los adultos jóvenes: entre los 18 y los 24 años la inactividad física es del de 45.8%.



La tendencia se da también en las personas con un nivel educativo más bajo, las que presentan mayor inactividad física en relación a los de mayor nivel: 64% entre aquellos con primario incompleto versus 51.4% entre quienes completaron el secundario o alcanzaron un nivel superior. También los de menores ingresos presentaron mayor inactividad (56%) comparados con los de mayores ingresos (51.8%).



El sedentarismo se asocia con una mayor prevalencia de obesidad: los que realizan un nivel intenso de actividad física presentan un 12.9% de obesidad; en un nivel moderado, la obesidad asciende al 15.5%, y en aquellos que son inactivos, a un 20.8%.



Además, las personas inactivas presentan una mayor prevalencia de hipertensión (39%) que aquellas que presentan actividad física intensa (24.2%) o moderada (31.7%) y también una mayor prevalencia de diabetes: 14.4% los inactivos, 10.2% los de actividad moderada y 7.7% quienes hacen una actividad intensa.



Los motivos



Las regiones con mayor inactividad física son el Noreste (63.3%) y Cuyo (59.7%), seguidos por la Patagonia (55.4%), el Centro (55.1%) y el Noroeste (44.3%). A pesar de estas diferencias, en casi todos los grupos al menos una de cada dos personas es inactiva. En cuanto a las provincias, las que tienen mayores índices de inactividad física son Chaco (73.8%), Formosa (68.7%) y San Juan (64.6%), mientras que en el otro extremo se ubican Jujuy (31.5%), Ciudad de Buenos Aires (43.3%) y Tucumán (41.9%).



Según se desprende de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, los principales motivos referidos para no realizar actividad física son la falta de tiempo (40.7%), problemas de salud (24.3%), falta de interés y motivación (15.8%), falta de voluntad (8.4%) y falta de dinero (7.3%), seguidas por distancia, falta de seguridad, de instalaciones y de información.



“Si agrupamos la falta de tiempo, interés y motivación, y voluntad, el 64.9% de los argentinos no realiza actividad física sin una barrera clara para hacerlo”, define Sebastián Laspiur, director de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles de la cartera sanitaria nacional, y agrega que “estos motivos se pueden vincular con la falta de motivación suficiente, en el marco de un entorno no favorecedor”.



Por otra parte, las barreras para realizar actividad física fueron referidas como motivos poco frecuentes (menos del 1% refirió problemas de acceso, falta de instalaciones o de seguridad). “La falta de tiempo y de dinero pueden superarse incorporando a la vida cotidiana la actividad física, sin tener que concurrir a un sitio especial que involucre mayor tiempo y dinero. Caminar para llegar a destino, utilizar escaleras o bajarse algunas paradas antes del transporte público”, sugiere el funcionario.



Beneficios de la actividad física



La actividad física regular disminuye el riesgo de enfermar o morir en personas sanas, reduciendo la incidencia de enfermedad cardiovascular, diabetes, hipertensión, obesidad, depresión y osteoporosis, como así también la incidencia de algunos cánceres como el de colon y mama, y mejora la evolución de diversas patologías, como la coronaria, insuficiencia cardíaca y diabetes.



Asimismo, permite desarrollar habilidades de competencia recreativa en los niños y adolescentes, de manera que éstos tengan los mecanismos para mantenerse activos durante toda su vida. Realizada en forma regular y acompañada de una dieta equilibrada, contribuye a la regulación del peso corporal, evitando la aparición de obesidad, tanto en la infancia como en la vida adulta.



La adopción de hábitos favorables hacia la actividad física regular produce además beneficios en las habilidades motoras y cognitivas, como también en las relaciones personales y en el grupo social. Todo lo que se obtiene de una vida activa es especialmente significativo a partir de la pubertad.



En prevención primaria de muerte por enfermedad cardiovascular, tanto varones como mujeres que reportaron niveles aumentados de actividad física presentaron reducciones de entre el 20% y el 35%. Una reciente revisión sistemática reveló que existe una relación inversa y graduada entre la actividad física y el riesgo de muerte cardiovascular. Además, la actividad física regular puede detener la progresión de la enfermedad coronaria establecida.



El ejercicio físico disminuye el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2 (DM 2) en personas sanas. Los estudios muestran que caminar al menos dos horas diarias por semana se asocia a una reducción en la incidencia de muerte cardiovascular prematura del 40%.



 



 



 



 





 

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