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El viejo e irresuelto debate de Misiones en torno de la provisión energética

Se puede ir muchos años hacia atrás para ver que el debate en torno de la provisión de energía movilizó a los misioneros, una y otra vez, sin que se hubiera tomado una decisión, excepto en el último tiempo cuando se sancionó la ley provincial de Soberanía Energética. Primera vez que se tomaba conciencia en lo institucional del invalorable recurso natural de que dispone la Provincia: el agua.

 

Porque hasta ese momento los requerimientos, planteos, proyectos fueron siempre soslayados por la Nación. Es que recién con la Reforma Constitucional del 94 se reconoció el derecho soberano que asistía a las Provincia sobre sus recursos naturales. Recorrer la historia escrita de esos impulsos por sacar a Misiones de su aislamiento y proyectar un futuro con crecimiento, llama la atención.

Y basta con recurrir, por ejemplo, a una nota publicada en el diario El Territorio desde su corresponsalía en Eldorado, por entonces a cargo de Gumersindo Esquivel, un 30 de junio de 1976. Se publicaba la posición asumida por la Federación de Cooperativas Eléctricas de Misiones. Presidía la Federación Adolfo Gurnier. Una extensa exposición pormenoriza el convencimiento acerca de que urgían respuestas.  

“Debemos salvar mediante un gran esfuerzo, el abismo económico y déficit energético que se presenta para Misiones en los próximos años, si no ponemos en inmediata ejecución la obra hidroeléctrica propia, que nos producirá energía a precios razonables, sin erogación de divisas y uso de combustibles. También repetiremos hasta el cansancio que la construcción del Complejo hidroeléctrico de Piray Guazú es absolutamente prioritario para Misiones. Sin energía no hay industria, sin industria no hay bienestar y sin bienestar no queda iniciativa para trabajar, ni para el campo, ni para la ciudad”, pormenorizaba con lucidez la Federación.

Por entonces el proyecto que estaba finalizado era el de construir una represa sobre el Piray Guazú y hacerlo con rapidez para poder disponer de energía que posibilitara mayor consumo residencial y fundamentalmente, la radicación de industrias generadoras de riqueza y empleo. Estimaban que en 3 años se podría contar con esa generadora. Pero por entonces, se les oponían los proyectos de Yacyretá y de Corpus como los que harían innecesarias esa inversión.

La Federación de Cooperativas bregaba entonces porque no se hiciera primar el interés nacional por sobre la urgencia provincial, dado que las grandes obras hidroeléctricas iban a demandar décadas en su ejecución y así se postergaría en el tiempo las necesidades de desarrollo de Misiones. Una Provincia que, por entonces, ni siquiera estaba integrada al Sistema Integrado nacional y le compraba energía a la Administradora Nacional de Energía (Ande), de Paraguay, preocupando las oscilaciones del dólar y el aumento en la tarifa eléctrica misionera.

Una y otra vez la entidad cooperativa puntualiza la importancia de disponibilidad de un recurso de tanto valor como el agua y la racionalidad de apelar a este combustible renovable. Dice la Federación en aquel año 1976: “La tarea nuestra es transformar el agua de nuestros ríos en petróleo, es decir extraer la fuerza allí donde el país posee. La obra hidro-eléctrica, sea grande o chica, no admite dilación. Así reemplazaremos los petrodólares por hidro-dólares, también en nuestro caso pino-dólares, pues para Misiones es indispensable tener energía suficiente para poder elaborar en industria su producción enorme de maderas exportables”.

 

Añade “Misiones necesita imprescindiblemente la inmediata construcción de la represa Piray Guazú, Misiones puede aportar aún más al programas energético aprovechando sus incontables recursos naturales en procura de reparar la evidente distorsión que nuestra Provincia y el País vienen soportando en materia energética.

“Desde los primeros años del siglo, según las estadísticas la curva de demanda energética es constante, mientras que la oferta siempre era irregular. Se reemplazaba las ingentes necesidades con grupos térmicos de fácil y más rápida instalación y se dejaba relegadas las obras hidroeléctricas, las que, si bien su inversión inicial es mayor, el aporte a la oferta es mayor y por más años y a precio menor. La consecuencia de esa política estamos pagando ahora. Si bien se hicieron algunos esfuerzos, Chocón, Salto Grande, Atucha, con su aporte nuclear, nunca fue suficiente para satisfacer la demanda. También es conocido el hecho que la corriente empieza a ser económica cuando sobra la corriente más cara es la que no hay”.

 

Pero aquella oleada en pos de la hidroelectricidad se estrelló en el mal manejo inicial de Yacyretá,  que desoyó las necesidades y demandas de resarcimiento de las zonas afectadas, principalmente Misiones y la enorme relocalización de población –al igual que ocurrió en la zona fronteriza de Paraguay-. Ese gravoso hecho y la simultánea pretensión de hacer Corpus contra toda la opinión misionera en una zona que inundaría gravemente tierras fértiles de la Provincia, abrió un ancho camino a la oposición a la hidroelectricidad. Al fundamentalismo ecológico incapaz de mirar el futuro que está al alcance de la mano.

El debate naufragó también alimentado con un Garabí que promovía Corrientes sin importar cuanto impacto tendría en Misiones y en sus propias tierras nordestinas. Recién después aparecieron los proyectos de Corpus en Corpus y de Garabí-Panambí. Pero para entonces se había desandado mucho camino en pro de las hidroeléctricas.

A pesar de que desde entonces el crecimiento de la demanda se mantuvo sostenido y continúa figurando como la más alta del país la tasa de natalidad. Y Misiones sigue contando con un único proveedor propio: Urugua-í. El abastecimiento principal proviene del Sistema Interconectado Nacional. Así los ajustes tarifarios de la Nación impactan de lleno en la Provincia, por su electro dependencia y la irresuelta cuestión de generar nuevas fuentes energéticas.

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