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EDITORIAL

En los últimos 10 años hubo marcado recupero del protagonismo misionero

Cuando a Misiones se le devuelve la condición de Estado provincial, el planteo de su crecimiento, del logro del bienestar general, comporta el principal desafío de los visionarios que habían demandado una y otra vez la recuperación plena del protagonismo. El cese del servilismo en la explotación agraria, la posesión de las tierras que trabajaban y habitaban, pioneros y criollos, estaba en la prioridad absoluta de la dirigencia, que quería ponerle punto final al oprobio de haber sido condenada a la marginalidad, ignorando su rica historia como suelo de argentinidad.

En ese contexto, no es casual ni azaroso, que la disponibilidad de energía fuese una necesidad claramente advertida. Posadas, la capital, experimentaba hasta bien entrada la segunda mitad del siglo pasado cortes diarios al atardecer. En el interior de Misiones, la chacra no disponía en general de energía y las zonas industriosas como la del Norte misionero, poseedora de caminos –dificultosos caminos de tierra, pero vías de comunicación, al fin- buscaban formas de abastecimiento que la sustrajera de la dependencia externa.
No es casual, tampoco, la proliferación de las Cooperativas de Electricidad y de Agua Potable. La forma asociativa había sido la única encontrada como herramienta eficaz para enfrentar el aislamiento al que era sometido Misiones, por la mentalidad centralista de Buenos Aires.
Por eso es posible que a mediados de los ’70, la Federación de Cooperativas Eléctricas de Misiones demanden la realización de represas que permitan evitar la dependencia del abastecimiento de Paraguay y, al mismo tiempo, contribuyan al crecimiento de las zonas urbanas y de la producción agropecuaria. Misiones tenía una dirigencia muy preparada e informada. En otros lugares del mundo –estaba fresca la memoria de Asuán, en Egipto y el aprovechamiento del Tennessee, en Estados Unidos- se habían desarrollado con éxito la construcción de hidroeléctricas que al tiempo que regulaban el río -caso de la egipcia con el Nilo-, abastecían de la energía necesaria para la industria –caso de la estadounidense-.
De hecho, el Plan del Tennessee era considerado por muchos como un modelo a seguir, en cuanto a las posibilidades de la extensión de la zona dedicada a la agricultura como la intensificación de la producción industrial.
Este pensamiento misionero se ve alterado luego, con las malas prácticas de la vieja Yacyretá, cuando el neoliberalismo de los ’90 vuelve a condenar a Misiones a la marginalidad, contradiciendo su mejor tradición progresista, y lanza una formidable campaña para poner en manos privadas lo que no estaba dispuesto a realizar el Estado y destrata a las poblaciones ribereñas. Una historia que quedó atrás en la última década, cuando la Entidad Binacional Yacyretá,  por decisión de los gobiernos de Argentina y Misiones –primero Néstor Kirchner y Carlos Rovira y luego Cristina de Kirchner y Maurice Closs- deciden concluir la obra y reparar la grave deuda social contraída.
En el ínterin, la amañada consulta por un no menos amañado proyecto de Corpus generó una imagen falsa de la opinión pública misionera. Como que la población estaba en contra de las hidroeléctricas en general, cuando en realidad se había pronunciado sobre un proyecto de represa, que no era el inicialmente previsto, elaborado también con desconocimiento de la opinión local y nueva invisibilización de la sociedad que vivía en el territorio.
Misiones fue defensora desde siempre de la producción hidroeléctrica. Lo testimonia aquel documento de la Federación de Cooperativas Eléctricas. Lo testimonia Urugua-í, la única que logró sortear la presión de las petroleras, de fuerte presencia en los 60 y 70. Incluidos representantes locales que lograban alta rentabilidad con la generación térmica.
En estos últimos 10 años, viene escribiéndose otra historia. La del recupero del protagonismo misionero, de la mejor tradición, del debate con fundamento. Como el que deberá darse para los proyectos binacionales de hidroenergía. El más cercano por definir podría ser Garabí-Panambí. Tanto en este caso como en el de Corpus deberá expedirse la sociedad vía plebiscito, en un marco legislativo que rescata el poder de decisión y la condición de socio que se asumirá en la administración de la energía por generar. Ejerciendo a plenitud la soberanía energética, la propiedad del recurso natural. Y, también, la generación de hidro dólares. Abogando por la represa de Piray Guazú, decían los cooperativistas de los ’70:   “así reemplazaremos los petrodólares por hidro-dólares, también en nuestro caso pino-dólares, pues para Misiones es indispensable tener energía suficiente para poder elaborar en industria su producción enorme de maderas exportables”. 
Y a propósitos de visiones y vanguardias, acaba de conocerse la favorable impresión que el gobernador Daniel Scioli tiene del dirigente misionero Carlos Rovira, destacando la gestión llevada adelante como mandatario provincial. La avanzada misionerista del Frente Renovador y la recuperación de la Provincia, mediante una gestión ordenada. Tampoco esta complementariedad es azarosa; antes bien, se inscribe un adelantamiento a los tiempos en procura del objetivo mayor: afianzar el modelo de bienestar general alcanzado, en un marco de convivencia social respetuosa de las diferencias.
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