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POSADAS

En un par de semanas reanudan los trabajos en el Finito Gehrmann

Lo anticipaba el intendente de Posadas Orlando Franco dando cuenta que el retraso experimentado en la obra de construcción del Polideportivo Finito Gehrmann, ubicado en Comandante Rosales y Rademacher, obedeció al saneamiento que debió hacerse del arroyo que cruza por el lugar. También debió acordarse la relocalización de antiguos vecinos residentes en la misma zona, explicó Franco.

Pero una vez cumplidos estos pasos, la reanudación de las obras se hará en un par de semanas, antes de que finalice el mes en curso, precisó.

Precisamente este lunes 7, el atleta cumple 67 años rodeado de su familia y sus afectos. Fue un deportista emblema de Misiones y de allí el reconocimiento que busca tributarle la comuna levantando un moderno polideportivo en un popular barrio posadeño, como lo es Villa Urquiza. Allí está prevista la construcción de una piscina climatizada semi olímpica, con posibilidades de accesibilidad para personas con discapacidad. Un espacio cubierto que albergará una cancha de fútbol, básquet y así como también gimnasios y albergue, entre otras instalaciones para la práctica deportiva.

Un ejemplo en el deporte

Ernesto Gehrmann, “Finito” para el mundo del básquetbol, está de festejos. Hijo de padre y madre alemanes, de Hamburgo, nació en Oberá, el 7 de mayo de 1945, e hizo sus balbuceos basquetbolísticos en el club Tokio.
“Me reclutó Pelozzo, un correntino que trabajaba en las menores y me dio las primeras nociones. Luego tuve muchos entrenadores pero fue un brasileño que cayó por aquí, Damaseno Lopes -que después dirigió a River y a Paz Juniors- del que más aprendí, fundamentalmente en la parte sicológica, anímica, porque yo sufría mucho complejo con mi altura.
Además, fue el que perfeccionó mis lanzamientos al cesto”, recordó alguna vez agradecido.
Llegar al plantel superior de su club e incorporarse a la selección misionera fue automático.
“Disfruté defendiendo los colores de mi provincia. Teníamos un quipo más que aceptable, con un base muy habilidoso, Ratier, que me daba muchas asistencias. También el “Tupy” Varela, pero sólo cuando él quería, ya que era muy individualista para jugar”.

En los argentinos de selecciones comenzó a toparse con los dueños de la zona pintada.
“Primero contra Guillermo Riofrío, que era mi ídolo. Luego con Runcho Prato, un cordobés que defendía bien y tenía gran capacidad de salto. De a poco fui aprendiendo a jugar contra ellos, aunque me costó bastante”, admitió.

“Finito” Gehrmann para todo el mundo

Su vidriera en el básquetbol del país fue el Campeonato Argentino realizado en Mendoza en el año 1963. Ernesto Gehrmann concurrió como integrante de la Selección de Misiones. Un año antes, cuando la misma cita convocaba en la capital de su provincia, ya había sido preseleccionado. Pero, mientras se entrenaba, Finito sintió miedo (ya entonces existía el “miedo escénico” que popularizaría Valdano) y, para evadirse, se ocultó en los montes de Colonia General Alvear, muy cerca de Oberá, su ciudad natal.

En Mendoza ya había superado el trauma. Entonces impresionaba su altura: 2,06 metros. Después se quedaría en sus históricos 2,11. Cuando caminaba por las calles era toda una atracción. “¡Oigan! ¿Y a éste para qué lo tienen?”, preguntó ironizando un lugareño. Los misioneros contestaron haciendo gala de sus bondades turísticas: “¡Lo tenemos para pasarles el plumero a las Cataratas!”

Obviamente que sirvió para mucho más.
Tres años más tarde, nada más, el 12 de febrero de 1966, debutaba en la Selección Argentina. Fue contra Paraguay en Cosquín jugando el torneo “Confraternidad Americana”. Y sería campeón sudamericano en Mendoza 1966, con “Los Cóndores”,y Medellín 1976.
En 1978 cumplió su última temporada internacional e igualaría hasta ese momento el récord de permanencia en el equipo nacional -con doce años de trayectoria-, considerando el debut y la última vez. Lo tenían Rafael Lledó y Ricardo Alix. Pero Gehrmann hizo lo que nadie: dio el presente en cada temporada. Hoy, con 16 años, ese récord lo ostentan Carlos Raffaelli y Carlos Romano.
En su amplio abanico internacional se destaca su participación en seis Campeonatos Sudamericanos (desde 1966 hasta 1977), tres Juegos Panamericanos (1967, 1971 y 1975) y dos Mundiales (1967 y 1974).
Es el argentino más goleador de nuestra historia mundialista, al jugar 16 partidos y promediar 20,5 puntos. Fue el goleador (23,8 de media) del Sudamericano de Bogotá 1973.

Por su gran aporte, por ser un gigante que peleó contra todo el mundo, yo he escuchado decir al gran Beto Cabrera: “La Selección Nacional siempre se debe armar empezando por Gehrmann”. Y al Tola Cadillac referirse en el mismo sentido: “¡Que Fino no se muera nunca en la Selección!”.

De Tokio de Posadas se fue a Gimnasia y Esgrima La Plata y de allí recaló en el Palmeiras de San Pablo, Brasil. Volvió en 1976 al Lobo platense, siendo bicampeón de la Capital Federal en 1978 y 1979.
Después de haberse escondido aquella vez en los montes misioneros, le saqué la cuenta de todos los países donde pisó una cancha: ¡24!
Finito fue un grande. Y por sobre todas las cosas es un gran tipo.

Fuentes: www.noticiasdel6.com y www.deportesmisiones.com.ar

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