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Fallas de comunicación agravan la crisis de credibilidad de Macri en los mercados

La falta de sensibilidad para la comunicación del presidente del Banco Central agrava la pobre credibilidad de la administración de Macri frente al mercado. Es que la ausencia de explicaciones, sumado a lo errático y “heterodoxo” de las medidas que instrumenta Luis Caputo para intentar domar al dólar transmite desesperación y refuerza la desconfianza de los tenedores de activos argentinos.

El gobierno de Macri viene enhebrando una serie de errores no forzados en materia de comunicación de la política económica, en lo que ya es un elemento importante de la incapacidad de la actual administración para revertir las expectativas negativas. Si las expectativas son estados de opinión pública que mezclan datos con percepciones, la comunicación se vuelve un instrumento crítico de la gestión de las mismas.

Sin ir más lejos, tres semanas atrás, como publicó en exclusiva LPO, el fondo soberano de la Anses (FGS) decidió no renovar su tenencia de Letes en dólares, lo que generó un muy bajo nivel de renovación del primer vencimiento de agosto. Y esto se tradujo en un susto que castigó a los bonos nacionales e hizo saltar el riesgo país a un nivel cercano a los 700 puntos del que ya no regresó.

Y aunque en el Gobierno ahora admiten que el susto por la no renovación de las Letes obedeció a una mala comunicación, la política de formalismo extremo respecto de la independencia de los organismos económicos devino en coordinación cero entre Hacienda, la Anses y el Banco Central, que se mantiene.

Esto volvió a quedar en evidencia en la desordenada emisión de anuncios cruzados entre Hacienda y el Central el último 13 de agosto, día en que llegó al país la misión del Fondo Monetario Internacional y Caputo respondió con una batería de anuncios repentinos: desarme de Lebacs, cambio de tasa de referencia, suba de la tasa de interés y fin de la subasta diaria de dólares del Tesoro, mientras Hacienda anunciaba que se cancelaba la venta de dólares, lo que obligó a la propia Casa Rosada a emitir un comunicado aclaratorio, ante el pánico del mercado.

Esa es una de las patas del problema. En una situación tan delicada acaso la Casa Rosada debería ser el lugar desde donde se coordine la comunicación económica, pero en un sentido un poco más elaborado que decirle a los respectivos voceros con que medio y periodista deben hablar. “Faltan conferencias de prensa y comunicación institucional sólida que explique la actual situación económica y las políticas en curso para superar la crisis. Con actualizaciones diarias”, señaló a LPO un experimentado hombre de medios que trabaja con Cambiemos.

La negativa de Caputo a dar conferencias de prensa ya le valió inusuales críticas directas de los dos principales medios financieros del mundo. Bloomberg cuestionó la autoentrevista que se hizo hacer por su vocera y Financial Times advirtió que su silencio “envía un innecesario signo de desesperación a los mercados”.

El otro punto es que ese proceso es imposible de consolidar si el Banco Central no cambia de manera radical su política de comunicación, que básicamente consiste en evitar exponer a su presidente ante los medios, lo que lejos de protegerlo transmite fragilidad. “Es una política de comunicación que puede servir con un diputado de tercera línea, pero que no está a la altura de una de las instituciones más importantes del país, que encima es punto de contacto permanente con el sistema financiero global”, agregó la fuente consultada que se alarma de la “precariedad” de la estrategia actual.

Y no es un tema opinable. El silencio de radio de Caputo hacia el mercado y el público ya le valió al banquero central renovadas críticas desde el extranjero: Los dos medios más importantes de las finanzas globales lo criticaron de manera explícita. Primero fue la agencia Bloomberg, cuando Caputo eligió como primer vía de comunicación un insólito auto reportaje que le hizo su vocera. Y esta semana fue el Financial Times quien subrayó la falta de “forward guidance” de parte del máximo responsable de la política monetaria.

“Una suba de 500 puntos básicos (de la tasa de interés de referencia) sin una conferencia de prensa, en medio de una caída de los mercados emergentes, envía un innecesario signo de desesperación a los mercados”, consigna el artículo del FT respecto de la suba de tasa de Leliq justo antes del anuncio del desarme de las Lebacs.

Como lo explicó el economista De Sousa en el artículo, cuando las medidas de emergencia no son explicadas, incluso si son acertadas para la estabilización del peso, “si no sos un inversor global que dedica el 80% de su día a mirar a la Argentina, lo primera que pensás es que las cosas están peor”.

En efecto, aunque muchas medidas fueran bien recibidas a posteriori, estos volantazos generaron susto al transmitir falta de rumbo e incapacidad de previsión. La peor imagen para un banquero central es que está dando manotazos de ahogado porque esto anula su principal activo, la credibilidad.

En el mercado local, la lectura del silencio de radio es otro. Por un lado, están los que se vuelcan por interpretar sus acciones. Tal es el caso del economista y director de la consultora Analytica, Rodrigo Álvarez, quien con humor optó por rebautizar “Lord Voldemort” a Luis Caputo por su apego a las “artes oscuras”, o mejor dicho, medidas que responden al pragmatismo y se desvían de las prácticas de manual de los banqueros centrales.

“La nueva conducción del Banco Central ha demostrado ser más pragmática y agresiva que la anterior, demostrando que está dispuesta a utilizar todas las herramientas que dispone y, quizás, algunas más (…) Esta semana Voldemort hizo uso de su poder. Decidió limpiar la hoja de balance del BCRA que estaba, desde el punto de vista estructural, en ‘falsa escuadra'”, explicó Álvarez en un documento de su consultora.

En ese sentido no son pocos los que creen que la falta de comunicación no es casual, ya que hay poco explicable cuando lo que se hace es enhebrar medidas ad hoc para una estabilización de corto plazo que no responden a un régimen de política monetaria. El problema es que en la práctica al rehuir el contacto con los medios, Caputo agrava la incertidumbre en un mercado que ve contradicciones y no encuentra en interlocutor válido.

Lo dijo con claridad el analista Walter Stoeppelwerth, jefe de research de Balanza Capital, en la conferencia que compartió con Carlos Melconian, que desplegó las inconsistencias de la actual política macroeconómica. “Esto es un juego de credibilidad y hasta ahora no hay un interlocutor del Gobierno que convenza al mercado, no hay nadie en el equipo de Cambiemos que digan guau este es un crack”.

Por eso las dudas subsisten. El central pasó de vender más de USD 1.000 de reservas para contener el dólar a intervenir en el mercado de futuros por un monto similar sin vender reservas internacionales. No se entiende cual es la estrategia y el efecto no fue bueno: Esta semana la divisa tuvo un alza del 3,4% y terminó por encima de los 31 pesos.

Y aunque ahora se señale a Brasil y su inestabilidad política como la causa, lo cierto es que el real recuperó unos puntos frente al dólar y el peso siguió perdiendo terreno. No es Turquía, no es Brasil, no es Rusia: es Argentina, sus desequilibrios estructurales y su altísimo riesgo país que este viernes tocó los 712 puntos básicos para luego cerrar en 700. Y mientras tanto, el mercado sigue sin entender qué está haciendo el Central.

¿Estas intervenciones son reflejo del compromiso de Caputo con la lucha antiinflacionaria, un intento por contener el dólar para que no se acelere la inflación pese a tener las manos atadas por el FMI para vender reservas? ¿Son una forma de acompañar la depreciación y solo reducir la volatilidad porque el Gobierno se siente cómodo con un tipo de cambio más adelantado (habida cuenta que la pérdida de poder de compra del peso en el extranjero no bastó para reducir el déficit de cuenta corriente)?

Esta semana hubo un cambio abrupto en la estrategia del BCRA: Caputo decidió no vender ni un dólar más al contado y empezar a intervenir con futuros por más de USD 1.000 millones.  El saldo fue una escalada de un peso en el dólar (3,5%) a $30,90. Nadie entiende mucho el plan.

Pero hay más: ¿Cuál es el beneficio de cambiar Lebacs, que suman volatilidad a la moneda cada vez que se produce su vencimiento mensual, por Leliqs que hacen lo mismo una vez por semana? ¿Cuál es el equilibrio tasa de interés/dólar que conforma a Caputo? ¿Con qué esquema conceptual imaginó que bajat la tasa preponderante del 56% -que se pagaba por las Lebacs seis semanas atrás- al 45% de las Leliq y el 42% de las Letes no iba a generar presión sobre el dólar? Y quizás la más importante: ¿Cuánto cree el Central que debería valer el dólar?

Parte del problema

Luego de que se generaran fuertes dudas sobre la capacidad de renovar sus deudas y del desarme intempestivo de Lebacs, Macri resolvió enviar al secretario de Finanzas, Santiago Bausili, al vicepresidente del Banco Central, Gustavo Cañonero, y al vicejefe de gabinete, Mario Quintana, a Wall Street en un roadshow para llevar calma a banqueros y bonistas.

Mientras los funcionarios argentinos estaban de reunión en reunión en Estados Unidos intentado devolver el riesgo país a niveles previos a la corrida, el ministro Nicolás Dujovne en una entrevista con el diario Clarín afirmó:”El riesgo bajará de la mano de que los fundamentos son sólidos. Más que explicar y hacer roadshows el mercado está viendo cómo cerramos el Presupuesto 2019 y el tamaño del déficit de la cuenta corriente”.

El mercado pareció tomarle la palabra: respondió con una suba del riesgo país de los 671 puntos básicos el día que viajaron los funcionarios, a 690 en la primera jornada hábil tras su regreso. Tal como anticipó Dujovne, el roadshow dispuesto por Macri no funcionó. Los acreedores quieren pruebas de que hay solvencia y liquidez, que el programa macroeconómico da resultados, o al menos, cambios en el Gabinete responsable por la falta de resultados.

Por el momento, Macri tiene poco que mostrar: en junio la economía cayó 6,7% interanual y para agosto se espera 4% de inflación y una caída del 23,9% interanual en agosto de la Confianza del Consumidor.

Fuente: La Política Online.

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