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Generación de energía eléctrica, parámetros económicos y sociales

Las consecuencias de oponerse al desarrollo de las diferentes fuentes para generación de energía eléctrica de la Argentina, con énfasis en la hidroelectricidad. La problemática energética en la Argentina y el mundo analiza el ingeniero Luis Cardinali, en la edición número 112 del Semanario /6p



(Por Luis Marcelo Cardinali (*) II Parte). Ahora hagamos otro tipo de comparaciones, vinculadas al uso de las diferentes fuentes disponibles para generar electricidad (uso de los recursos). Queda demostrado a través de la información presentada que el mundo desarrollado es líder en las denominadas “energías alternativas” (eólica, solar, etc). De hecho ostenta más del 70% de la capacidad instalada mundial actual. Pero a la vez también tiene el 75% de la capacidad instalada en energía nuclear de todo el mundo, y su matriz ostenta más del 83% de asignación entre centrales térmicas y nucleares, menú tan denostado por las organizaciones ultraecologistas.



 



Vayamos al caso de Europa en particular, siempre nombrado por estas organizaciones como ejemplo de impulso de tecnologías “alternativas”. La generación de electricidad a través de este tipo de tecnologías viene creciendo vertiginosamente en los últimos años, no obstante lo cual es conveniente investigar cual es la causa más probable de que así suceda.



 



Para poner un ejemplo, me centraré en el caso particular de lo que sucede en relación a la utilización del recurso hídrico para la generación de energía eléctrica, que de especial interés de este trabajo.



 



Según datos del World Energy Council del año 1999, tanto el Reino Unido como Francia tenían desarrollados el 100% de sus recursos hídricos técnica y económicamente explotables, mientras que Alemania los tenía en un 85%.



 



Esto deja a las claras el por qué en dichos países no pueden hacerse más hidroeléctricas, o que lo que pueda hacerse hoy en día es de importancia marginal en términos de generación de energía eléctrica. El recurso ya ha sido explotado, dado lo cual deben recurrir necesariamente a la utilización de otros recursos para poder cubrir su demanda creciente sin que caiga su intensidad eléctrica, que ya vimos está asociada al bienestar socioeconómico. 



 



Entonces la cuestión es muy diferente a la que generalmente se plantea. El tema no pasa por la ecología, sino por la necesidad de seguir cubriendo su demanda creciente. No teniendo más capacidad para desarrollar ciertos recursos, entonces generan energía eléctrica con lo que tienen disponible, no pudiendo resignar ninguna de sus fuentes para mantener es alto estándar socioeconómico de sus poblaciones. Ni siquiera las del menú denominado como “contaminante”.



 



Pongamos la contracara, en Sudamérica:  para el mismo año (1999) el World Energy Council informaba que Brasil, líder en el subcontinente en relación con la utilización del recurso hídrico para la generación de energía eléctrica, tenia desarrollado solamente el 19% de sus recursos técnica y económicamente explotables en materia hídrica.



 



Y si ampliamos la mirada hacia el mundo, queda claro que el potencial de utilización de la capacidad instalada hidroeléctrica en los países en desarrollo es baja. Aún así, tienen desarrollado el 55% del total de la potencia hidroeléctrica instalada en el mundo, frente al 30% de los paises “desarrollados”. Y esto, ¿por qué? por la sencilla razón de que por ellos discurren algunos de los más grandes ríos que hay en el mundo.



 



¿Qué quiero decir con eso? Muy sencillo. Que en los países en vías de desarrollo queda mucho que desarrollar en términos de recursos hídricos. Entonces, ¿por qué no utilizar nuestro potencial disponible? ¿Por qué atarnos a menús que responden a una realidad que es muy diferente a la nuestra?



 



Ahora ya estamos en condiciones de bajar la escala geográfica, y concentrarnos en nuestra área de interés: la República Argentina. El porcentaje de desarrollo hidroeléctrico actual de nuestro país se halla  entre el 22% y 23% (según las fuentes).



 



Supongamos por un momento que se pretenda ampliar la capacidad instalada para generación de energía eléctrica por cada millón de habitantes, con el objetivo de lograr un estándar similar al existente en los principales países de la Unión Europea (UE), que es en promedio 2.3 veces mayor que la de la Argentina. No hablo de emular la de USA y Canadá, porque el factor es prácticamente igual a 5.



 



Pues bien, llegar al estándar europeo de capacidad instalada por millón de habitantes significaría, para el estado actual del parque de generación argentino, instalar aproximadamente 36.000 MW adicionales a los actualmente existentes.



 



¿Cómo repartir esos megavatios adicionales? Ensayemos en principio no aumentar la incidencia actual de la matriz hidroeléctrica, para no ser acusado de parcial, pretendiendo inclinar el plato de la balanza. Bajo esa hipótesis, surge la necesidad de tener instalados unos 12.600 MW hidroeléctricos adicionales a los ya existentes.



 



Los otros 23.400 MW podrían ser asignados entre las otras tecnologías disponibles, utilizando recursos varios, algunos renovables y otros no.



 



Dicha asignación significaría un enorme desarrollo de tecnologías como la eólica, y otras que son siempre consideradas como “alternativas” dentro del menú ecologista, que sin lugar a dudas se llevarían varios miles de megavatios, número muy interesante considerando el estado actual de desarrollo de esa fuentes, de muy baja incidencia porcentual actual. Sin duda sería un gran logro y un ahorro para el país de recursos no renovables, como son el petróleo y el gas. Se recuerda a los lectores que el camino en ese sentido se ha iniciado, con la reciente licitación del Estado Nacional a través de ENARSA, de la que se obtuvieron 22 ofertas para ejecutar 49 proyectos, con una capacidad instalada de 1.460 MW, donde más del 80% son de origen eólico.



 



Pero también significaría miles de MW adicionales en centrales térmicas (gas, petróleo y carbón) y nucleares. En definitiva, no escaparíamos a las generales de la ley. Si deseamos un mayor bienestar socioeconómico, debemos echar mano a todos nuestros recursos disponibles.



 



La magnitud del desarrollo eléctrico necesario para tener un estándar propio de un país desarrollado no deja lugar para planteos dicotómicos, ni para las prohibiciones. Y mucho menos para planteos que poco o nada tienen que ver con nuestras realidades concretas.



 



Ahora reenfoquemos hacia la hidroelectricidad ¿Qué significan esos 12.600 MW mencionados más arriba?  Según información publicada por la Secretaría de Energía de la Nación, significa aumentar la explotación de un 28% adicional del total del potencial hidroeléctrico estimado para nuestro país, que asciende a 45.000 MW (Año 2006). Por lo tanto, con ese adicional propuesto recién se llegaría a explotar el 50% del total disponible en nuestro país, muy lejos del 100% del Reino Unido y Francia, el 85% de de Alemania, y aún por debajo del 57% de USA y del 62% de Japón. Recordemos que el porcentaje de desarrollo hidroeléctrico de nuestro país se halla  entre el 22% y 23% (según las fuentes).



 



Físicamente, esos 12.600 MW equivalen prácticamente a dos veces y media la potencia total instalada de la suma de los aprovechamientos de Corpus Christi (variante Pindo-i), Garabí 89 y Panambí 130, o un poco menos de la suma de los anteriores más los 30 aprovechamientos hidroeléctricos prioritarios según estudios efectuados por la Secretaría de Energía en el año 2006.



 



Dicho de otra manera, deberían estar construidos y en operación la friolera de 33 aprovechamientos hidroeléctricos adicionales para que, con la participación actual de la hidroelectricidad en la matriz de potencia instalada, llegáramos a tener una magnitud de intensidad eléctrica similar a la de la UE.



 



Lo mencionado significa que para crecer y aspirar al bienestar socioeconómico, hay que aprovechar los recursos que tenemos. Los desarrollos pueden ser múltiples, donde cada región aporta lo suyo. Crecimiento energético con aprovechamiento de nuestras fuentes, sobre todo, sin planteos dicotómicos. Y mucho menos la oposición al desarrollo.



 



Desde el Estado Nacional se ha comenzado a transitar el camino de la viabilidad de la materialización de esta política de crecimiento, luego de más de casi dos décadas de abandono en la materia. La tarea recién comienza y está colmada de dificultades. Si a ellas se le pretende agregar un discurso negacionista, con una oposición irracional, lo que es de por sí dificultoso se tornará imposible.



 



Nuestro país tiene un inmenso potencial de desarrollo a partir de la utilización de sus ríos. Entonces,¿ por qué no aprovecharlos? Está claro que no hacerlo tendrá una huella socioeconómica que no será neutra ni tampoco positiva. En ello deberían pensar quienes se oponen sistemáticamente al desarrollo hidroeléctrico. La realidad a escala mundial lo demuestra de una manera categórica. Estamos en un grado de desarrollo ínfimo en materia hidroeléctrica, y aún bajo las hipótesis expuestas, no llegaríamos ni siquiera a los porcentajes de los países desarrollados.



 



Difícilmente con estos números pueda adherirse a alguna consigna que signifique un subdesarrollo en términos energéticos. Esta claro que mayor capacidad instalada implica mayor PBI per cápita, con todos los beneficios sociales que ello implica. Y para ello hay que desarrollar todos los recursos que Argentina está teniendo ociosos.



 



Colaboremos entonces desde todas las regiones de nuestra Argentina para que sea más grande y desarrollada, económica y socialmente.



 



Visto lo expuesto, y contrastándolo contra posiciones de corte fundamentalista en contra del desarrollo eléctrico a través de la utilización de determinados recursos disponibles en abundancia, quedan flotando dos preguntas que dejo a los lectores: la primera es ¿ a quién le conviene que Argentina no desarrolle sus recursos para generación de energía eléctrica? , mientras que la segunda es: ¿hay argentinos entre ellos?



 



Que cada uno saque sus propias conclusiones.



 



 



 



(*) Ingeniero Civil



Magister en Administración Estratégica de Negocios.



 



 



 

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