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Gestionar es identificar los propios recursos y administrar con austeridad

A lo largo de la historia nacional Buenos Aires ha sido el dolor de cabeza de las Provincias. Capital Federal y Provincia parecen hermanadas mucho más que por identificarse con el mismo nombre. Parecen dos gigantescos barriles sin fondo, destinatarios de cuanto subsidio nacional anda suelto, porque son ineficientes administradores públicos. Ni la mayor actividad económica, ni la mayor población, ni la ubicación estratégica, ni el puerto de ultramar; nada les alcanza. Tampoco los puntos de coparticipación que le sacaron a provincias como Misiones con el antojadizo argumento -que todavía hoy utilizan en los medios concentrados- de decir que son destinatarios de mano de obra desocupada en sus lugares de origen. Porque ésa es, en realidad, la mano de obra que explotan en condiciones de esclavitud y la mayor parte de las veces proviene de países vecinos expulsores de pobreza.

Que Capital Federal –la ciudad con mayor ingreso per cápita del país- se haga cargo de los mismos servicios que tienen bajo su administración las Provincias mucho menos ricas -por caso, la policía- llevó a que su actual jefe de gobierno pusiera el grito en el cielo. Ni qué hablar de los subtes. Como si no fuera suficiente el contrapeso porteño, las arcas nacionales tienen que aguantar ahora el desmanejo de la Provincia de Buenos Aires. También la más rica del país, que jamás intentó siquiera devolver a Misiones lo que le había sustraído, pero que tuvo miles de inconvenientes -y hasta amenaza de fractura política- para aumentar en 20 pesos el impuesto inmobiliario rural.

Esa enorme y poblada Provincia no está en condiciones de afrontar el pago del aguinaldo en el mismo mes que los sueldos. Necesita de 2.800 millones de pesos para hacerlo y la Nación le transferirá 1.000 millones la semana próxima para que pague sueldos. Pocos son los medios que cuentan toda la historia: en lo que va del año la Nación ya transfirió 3.300 millones mientras que, en el mismo período, las transferencias a Entre Ríos fueron por 40 millones. Eso es lo que dijo el ministro de Economía Hernán Lorenzino, al anunciar el nuevo socorro.

Misiones no pidió ningún extra. Pagó aguinaldo en tiempo y forma y ahora los sueldos de junio. Pero claro, para eso tiene que gestionar. Y gestionar no es ir a pedirle a la Nación auxilio. Hay que actuar con prudencia y austeridad y buscar los propios recursos en la distribución de la riqueza que allí se genera, mediante un sistema tributario equitativo.

Ello permite, por caso, disponer de una entidad capaz de invertir en obras públicas requeridas por todos y cada uno de los municipios, como lo acaba de hacer la Provincia. Empezar a incorporar a los más chicos al mundo digital con pequeñas netbook. Sumar instrumental de última generación al sistema sanitario. Y hasta comenzar a pensar en la posibilidad de estructurar un sistema jubilatorio compatible con lo que la Justicia ha venido aportando en su caja diferenciada. Hacerlo mediante una ley que hasta identificará –como ya es costumbre en la Cámara de Representantes- de dónde provendrán los recursos.

La fragilidad del contexto internacional obliga a extremar la prudencia, redoblar los esfuerzos, prestar oídos a las demandas genuinas y desoír los cantos de sirena. También en Buenos Aires debieran saber que falta mucho para el 2015.

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