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Gobierno y camioneros pactan “tregua” en huelga que causa trastornos en Brasil

El gobierno brasileño y representantes de los camioneros acordaron el jueves suspender por 15 días la huelga de transportistas que desde hace cuatro días amenaza con paralizar a la mayor economía latinoamericana.

Los líderes sindicales “se comprometen a suspender el movimiento huelguista por 15 días, cuando será realizada una nueva reunión con el gobierno”, afirmó Eliseu Padilha, el jefe de gabinete del presidente Michel Temer, en una conferencia de prensa en Brasilia.

El gobierno se comprometió por su lado a suprimir al menos un impuesto sobre el diésel (denominado Cide) y a implantar un sistema de subvenciones para prolongar la reducción de 10% del precio del diésel en las gasolineras anunciada la víspera por Petrobras, inicialmente limitado a quince días.

Queda por ver cuál será el acatamiento de los levantamientos de los centenares de bloqueos de rutas que este jueves tuvieron lugar en 26 de los 27 estados del país, incluyendo los más ricos como Sao Paulo, Rio de Janeiro y Minas Gerais.

La principal reivindicación de los transportistas es la reducción del valor del diésel, cuyo precio ha sufrido aumentos diarios recientemente por la política de Petrobras de alinear los valores a las variaciones del mercado internacional.

Esto hace prácticamente inviable su trabajo, alegan los camioneros.

Uno de los gremios, la Asociación Brasileña de Camioneros (Abcam), abandonó prematuramente la reunión afirmando que su grupo no concuerda con la tregua.

Pese a ello, el gobierno espera con la tregua ver “la desmovilización de toda la paralización y una vuelta a la tranquilidad”, según afirmó Padilha.

El anuncio de la tregua fue hecho en conjunto por sindicalistas y ministros en el Palacio de Planalto tras más de siete horas de reuniones a puertas cerradas, mientras los noticieros se hacían eco de los efectos de la huelga.

Escenas de desabastecimiento

Los reportes sobre el impacto del movimiento fueron componiendo un panorama preocupante, a menos de cinco meses de las elecciones que deben decidir el nombre del sucesor del impopular presidente conservador Michel Temer.

En un país que transporta más del 60% de sus cargas por carreteras, los cortes desde el lunes provocaron desabastecimiento en puestos de gasolina y supermercados, paralizaron las actividades en frigoríficos, fábricas de automóviles y llevaron a algunos estados a suspender clases en escuelas públicas o a interrumpir la limpieza urbana.

Las acciones de Petrobras se derrumbaron en torno al 14% en la Bolsa de Sao Paulo, un día después que la estatal accediera a reducir un 10% el valor del diésel durante dos semanas para facilitar el diálogo.

Una decena de aeropuertos en todo el país está agotando sus reservas para repostar aviones y el de Brasilia solo admite desde el miércoles la llegada de aparatos con combustible suficiente para partir.

Fiat suspendió su producción y distribución de vehículos en sus plantas de Minas Gerais y Pernambuco, indicó la compañía, citada por los medios locales.

En Minas Gerais, mil litros de leche son tirados por día a causa de los problemas de transportes, informó el Sindicato de la Industria Láctea de ese estado.

En Brasilia, las autoridades decretaron un asueto escolar el viernes.

El miedo al desabastecimiento llevó a los brasileños a formar largas filas en las gasolineras, muchas de las cuales se quedaron sin combustible a lo largo del día.

Donde todavía restaban reservas, el litro de gasolina superaba con facilidad los 5 reales (cerca de 1,4 dólares), frente a 4,215 reales de media nacional a fines de abril. En algunos casos llegaba a 7 reales.

La población también sentía el impacto en el aumento de los precios de otros productos, como frutas y hortalizas.

Pese a eso, el movimiento encontró cierto apoyo popular.

“Pienso que esto se produce por una mala gestión del gobierno federal, una mala gestión con todos esos casos de corrupción”, dijo Ana María Lobo, de 54 años, aguardando su turno en una gasolinera de Sao Paulo, en referencia a los escándalos que en los últimos años vapulearon al país.

“La gente ya no aguanta más esto”, se quejó por su lado Denis Moura, chofer de ómnibus de 49 años. (rcnradio.com)

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