SEGUINOS

ESPECIAL

Historia de vida: luego de un grave accidente, volvió a caminar y corre maratones

Dinorah Méndez es madre, enfermera y deportista. Oriunda de Uruguay, llegó a Entre Ríos en 1980. “Uno tiene que conocer a las personas, hacer amistades y me tocaba tener muy poco tiempo libre entre el estudio y el trabajo. Siempre me gustó el deporte pero nunca me había enganchado con un grupo o actividad”, contó.

“Después que me recibí de enfermera, me tocó ir a trabajar a un centro de vida sana. Me enfoqué en el deporte como proyecto, realmente vi cambios en las personas de todo tipo: gente que iba por alcoholismo, por depresión, por tabaquismo, por obesidad, todos iban mejorando y logrando el objetivo que los había llevado ahí”, comentó.

Su historia prosiguió en Buenos Aires y trabajó en la Clínica Adventista de Belgrano. Allí comenzó a participar en carreras de 10 y 15 kilómetros los fines de semana. “Nuevamente me tuve que trasladar a San Pedro, Provincia de Buenos Aires. Ya tenía a mi hijo, era más difícil con un bebé y monté un gimnasio para mí en casa con lo que tenía porque estaba segura de que nunca iba a dejar de hacer deportes, lo adopte como estilo de vida”, aseguró.

En el 2004, Dinorah y su pequeño hijo Lucas de 11 años tuvieron un accidente automovilístico a 44 kilómetros de Gualeguaychú.  Una camioneta se adelantó sin mirar, pasó a un camión y chocó el auto de ellos destruyéndolo por la mitad. “Dios me bendijo con un hijo y yo digo que estoy viva por él. En el accidente no me daban por viva, había llegado Gendarmería y por la súplica de mi hijo, cortaron el auto y me sacaron de allí”, manifestó.

“Me tocó pelear muy feo, por 15 días tuve 3 por ciento de probabilidad de vida. Estaba bien negro el panorama, se fue complicando por un paro cardíaco de por medio. Recién después de 2 meses y medio me pudieron operar. Dentro de todas las lesiones, molí el acetábulo de mi  pierna izquierda, me fracturé el fémur y las dos pelvis. Todo eso fue una cirugía larguísima, 14 horas duró la primera y faltaron horas pero mi organismo no dio para más”, detalló.

“Desperté y estaba viva, nadie podía creer, los médicos iban apostando día a día, más de una vez  me hablaron del límite al cuál podía llegar. Sobre todo antes de esa cirugía tan larga, mi estado era muy calamitoso después de tantos meses internada”, declaró.

Se prometió volver a pisar el suelo, tuvo que volver a aprender a caminar por su pérdida de las huellas plantales y el equilibrio. Pero su lema siempre fue: “no importa cuándo voy a volver a caminar, pero si puedo físicamente, lo voy a intentar”.

Su gran motor que la impulsó a seguir fue su hijo, quería verlo crecer, terminar su primaria, la secundaria, compartir más cosas con él. Además, dos meses antes del accidente, había comenzado a entrenar fuertemente porque tenía un gran objetivo por cumplir: el cruce de los Andes.

Finalmente, en el 2005 arribó a Posadas, siguió con la rehabilitación e incorporó los bastones canadienses para poder desplazarse. “Un día quería andar en bicicleta y  solo di una vuelta con el pedal. No tenía más fuerza, me agoté. Me dije que iba a poder, que al día siguiente daría dos vueltas. Me faltaba el deporte, el aire en la cara, y practiqué golf. Necesitaba más aire y retomé con la bicicleta a hacer turismo aventura, competí en varias carreras, me fue muy bien”, enfatizó.

Siguieron las competencias, pero esta vez fueron en dos oportunidades, la carrera de Yaboty. Hoy se prepara para participar el 2 de mayo, de una nueva maratón en Salta. Con mucho entrenamiento y acompañamiento de su grupo, Dinorah llegará con muchos ánimos.

“El deporte para mí es salud y vida, yo puedo estar muy cansada por compromisos o reuniones pero al otro día no necesito el despertador, a las 5 de la mañana me levanto porque a las 6 me espera mi profesor en el gym.  Lo hago con alegría porque voy mejorando, siento que me oxigena todo el organismo, mi mente se despeja, me calzo las zapatillas, agarro mis bastones y me voy a la costanera maravillosa que tenemos”, concluyó.