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Iara, de estar en lista de espera a bailar en la Estudiantina

Iara González es una joven de 17 años que tuvo que afrontar junto a su familia momentos dolorosos, debido a una insuficiencia renal crónica que la llevó a formar parte de la lista de emergencia nacional del Incucai. Hoy, gracias a un trasplante de riñón, no sólo logró mejorar su calidad de vida, sino que además volvió a tener sueños. Comenzó la Estudiantina 2010 y pudo cumplir uno de ellos: ser parte del Cuerpo de Baile de su colegio. La joven vive actualmente en Garupá con su familia que esta compuesta por su papá  Hugo González y su mamá Marta Lezcano y sus dos hermanos menores Emilia (13) y Fabricio (11).

“Todos tenemos que entender lo importante que es donar órganos, porque gracias a eso las personas que recibimos un órgano logramos recuperar nuestra vida y nuestra salud. Vale la pena donar órganos, porque más allá del dolor de la pérdida de un ser querido tenemos que pensar  que la vida de otras personas dependen de un trasplante”, resaltó Iara.
     
Con su testimonio de vida la adolescente, que forma parte de la escola de baile de la Comercio 6,  quiere mostrar la otra cara de la donación de órganos: la gratitud y felicidad de las personas que gracias a un trasplante hoy pueden llevar una vida normal. Además llama a la sociedad a reflexionar en el tema.
     
Comenzó la Estudiantina 2010 y Iara pudo cumplir uno de sus sueños: ser parte de la escola de baile de su colegio. Hoy, después de tanto luchar por su vida la joven disfruta de su momento junto a su familia. Detrás de su rostro angelical  hay una mirada hacia el pasado no muy lejano en la cual hay una historia muy conmovedora…
     
“Cuando tenía 9 años comencé a sentir dolores de cabeza fuertes y prolongados, así que mis padres me llevaron al médico y después de varios estudios nos dijeron que tenia  insuficiencia renal crónica”, inició su charla Iara.



Después de dos años, al ver que los tratamientos convencionales no mejoraban su estado de salud, los médicos les dijeron a sus padres que para poder vivir tendría que hacerse hemodiálisis tres veces a la semana.
     
Con tan solo 11 años esa pequeña niña no tenía idea de que era “hacerse una hemodiálisis” y menos aún que gracias a eso podría sentirse mejor y prolongar su vida hasta que recibiera un trasplante.
    
Durante la transición de su enfermedad Iara anhelaba realizar una vida normal poder jugar y asistir al colegio como todos los niños de su edad. Si  bien su niñez ya quedó atrás,  su mirada hacia el futuro tiene otro color. “Desde que me sometí al trasplante todo cambió y mis sueños comenzaron a hacerse realidad”.
     
Luego de entrar en octubre del 2006 en la lista de emergencia nacional del Incucai, y al ver que se reducían las posibilidades de recibir un órgano, su madre comenzó a evaluar la posibilidad de donarle un riñón a su hija.
     
Pero el 22 de febrero de 2007 una simple llamada cambio el curso de su vida. “Nos llamaron del Incucai y nos dijeron que ya tenían un riñón para Iara. No sabíamos que hacer, la emoción nos invadió, después llevar casi 5 años de tratamiento nuestra hija iba a ser intervenida”.
     
Iara tenía 14 años al momento de someterse al trasplante de uno de sus riñones. “Antes de  entrar  al quirófano me preguntaron dónde quería dormirme y les dije: en los brazos de mi papá”. Ese es el recuerdo que guardo de aquel día antes de recibir el órgano que me permitió retomar de nuevo mi vida como cualquier adolescente de mi edad.  Si bien ella viaja cada mes y medio a Buenos Aires,  desde  hace tres años para controlar su evolución, se observa en ella un semblante resplandeciente, lleno de energía y esperanza.
    
Desde aquel día la adolescente  no tiene más que agradecimientos para aquellos que en un momento de dolor tuvieron la actitud solidaria de donarle un órgano y le brindaron  la posibilidad de recuperar su salud, su vida y sus sueños.



“Quiero estar en la estudiantina”
    
Ella como tantas jóvenes de su edad anhela representar a su colegio en la estudiantina. Y lo logró, el pasado viernes recorrió el estudiantodromo junto a sus compañeras. Se la vio muy contenta y animada.
     
Iara comentó que sus padres, al principio miraban con temor la idea de que ella participará de la estudiantina, pero luego de consultar con el médico, se mostraron muy optimistas y la animaron a participar como ejemplo viviente de ser una persona trasplantada que realiza una vida normal como las otras jóvenes de su edad.    (Prensa Ministerio Salud Pública)



 

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