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Irak expulsó al Estado Islámico de otro de sus bastiones y continúa la ofensiva

El Ejército iraquí y milicias irregulares aliadas recuperaron este domingo el control de la ciudad de Tal Afar de manos del grupo extremista Estado Islámico (EI), la victoria militar más importante desde que el gobierno anunció en julio pasado la toma de Mosul, la segunda urbe del país, ubicada no muy lejos de allí, en el norte del territorio.

El comandante de las Operaciones Conjuntas iraquíes, Abdelamir Yarallah, informó que sus tropas tomaron los barrios de Al Askari y Al Senaa al Shamaliya, además de la zona de la Puerta de Tal Afar y el recinto ferial, lo que les permitió terminar de controlar los suburbios del noreste de la ciudad, la última parte de Tal Afar que quedaba en mano de los milicianos islamistas del EI.

En apenas siete días, el Ejército, la Policía nacional y milicias irregulares aliadas lograron avanzar, entrar y tomar por completo la ciudad, un punto clave en la estrategia del gobierno iraquí de empujar al EI hacia el oeste, hacia la frontera con Siria, el otro país donde el grupo radical islamista logró crecer sorpresivamente en 2014 hasta controlar más de un cuarto del territorio. 

Las fuerzas contaron con el apoyo en el terreno de asesores de Estados Unidos e Irán -una alianza poco común para estos dos enemigos declarados en Medio Oriente y en el mundo en general- y la ayuda de cotidianos bombardeos aéreos lanzados por la coalición internacional que lidera Washington y que también ataca desde el aire al EI en la vecina Siria. 

El domingo pasado el primer ministro de Irak, Haidar al Abadi, había anunciado el inicio de una ofensiva para recuperar la comarca de Tel Afar, a unos 70 kilómetros al oeste de Mosul, el gran bastión del EI que la misma coalición iraquí-estadounidense-iraní había recuperado hacía apenas un mes. 

En un discurso trasmitido por la televisión, Al Abadi anunció "la operación para liberar Tel Afar" y advirtió a los que miembros del EI que "no tienen otra opción que la de rendirse o morir".

Según la Organización de Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios (OCHA), cerca de 30.000 personas habían huido de Tal Afar desde abril pasado, mientras que otras 40.000 continuaban en la zona, 10.000 de ellas dentro de la ciudad de Tal Afar.

Al mismo tiempo que soldados, policías y milicianos festejaban con banderas iraquíes y banderas del EI robadas por las calles completamente destruidas de la pequeña ciudad del norte de Irak, desde Bagdad, el Ministerio de Migración inauguró fomalmente un nuevo campo de desplazados para los civiles de esa devastada localidad. 

El ministerio explicó que el nuevo campamento tendrá una capacidad para 3.000 familias, que recibirán todos los servicios y bienes básicos, un reconocimiento indirecto de que, tras las ofensivas terrestres y aéreas para desterrar al EI, las ciudades y los pueblos quedan devastados, con su infraestructura vital destruida o prácticamente inutilizable. 

Una situación similar sucedió con la vecina ciudad de Mosul, la localidad que el EI reivindicó durante casi tres años como su bastión en Irak. 

Después de casi un año de ofensiva militar sin tregua, más de un millón de civiles tuvieron que abandonar sus hogares y buscaron refugio en alguna ciudad o pueblo vecino, o en los campos de desplazados que muy lentamente comenzaron a abrir el gobierno nacional iraquí y organizaciones internacionales, como la ONU. 

El director del Departamento de Migración de la provincia de Nínive, donde se encuentra Mosul, su capital, y Tal Afar, Jaled Abdelkarim Ismail, informó a EFE que sólo hoy, en el día de la inauguración, recibieron a 1.500 desplazados de varios puntos de Tal Afar en el flamante campamento de Nimrud.

La semana en pleno inicio de la ofensiva sobre Tal Afar el secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, visitó de sorpresa Irak y ratificó el apoyo político, militar y económico de su país en la guerra que Bagdad mantiene contra el EI. 

Mattis celebró las victorias militares del gobierno de Irak, pero evitó hablar del escenario de devastación y desamparo que están dejan después, especialmente para la población civil. 

A principio de este mes, el Parlamento iraquí tuvo que postergar hasta abril próximo las elecciones provinciales previstas para septiembre por considerar que no existe "un ambiente adecuado" para realizar comicios y reconocer que aún no han podido permitir el regreso de cientos de miles de desplazados, que tuvieron que huir de sus casas para escapar de los combates entre el Ejército y milicias, como el Estado Islámico. 

Las últimas elecciones iraquíes se celebraron el 30 de abril de 2014, es decir, casi dos meses antes de que el EI invadiera y ocupara varias provincias y localidades, una avanzada inédita que también incluyó gran parte de la vecina Siria.

En los últimos meses el Ejército y la Policía iraquíes, junto con milicias y potencias extranjeras aliadas -principalmente Estados Unidos e Irán- consiguieron recuperar el control de muchas de las ciudades y localidades tomadas por el EI, las más recientes Mosul y Tal Afar. Sin embargo, detrás de estas victorias, quedan urbes completamente destruidas y rumores de represalias y abusos contra la población civil.

Fuente: Ámbito.

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