SEGUINOS

POSADAS

Juicio por la verdad: dos testimonios y pocos datos sobre González

En la primera jornada se escucharon los requerimientos de elevación a juicio realizado por el fiscal Federal Guillermo Negro y los representantes de la familia de la víctima, el Estado Provincial y el Estado Nacional. El teniente coronel (r) Carlos Humberto Caggiano Tedesco no quiso declarar, pero dijo que lo hará “cuando lo crea oportuno”.


El Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Misiones comenzó a juzgar este jueves al teniente coronel retirado Carlos Humberto Caggiano Tedesco por el secuestro, las torturas y muerte del decano de la Facultad de Ingeniería Química (actual Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales), Alfredo González, quien está desaparecido desde el 4 de marzo de 1978.



El debate comenzó con la lectura del requerimiento de elevación a juicio que el 27 de diciembre del año pasado realizó el fiscal Guillermo Negro. También se escuchó durante la mañana las acusaciones planteadas por los abogados de la familia de la víctima, del Gobierno de Misiones; y de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.



Posteriormente Caggiano Tedesco, que se desempeñó como jefe del Area Militar 232, se sentó en el banquillo de los acusados pero sólo respondió el cuestionario de identificación. Dijo que declarará “cuando lo crea oportuno”. Sobre el mediodía el Tribunal integrado por los camaristas Carlos Sodá, Manuel Moreira y Norma Lampugnani rechazó un planteo de uno de los querellantes, que insistió con un pedido de filmación del juicio.



Caggiano Tedesco, que estuvo muy distendido durante toda la jornada y charló animadamente con su defensora, almorzó unos sándwiches que le proveyó el Tribunal, donde permaneció desde las 7.00 hasta casi las 19.00.


El militar, que podría ser condenado a prisión perpetua, tiene 78 años y su estado de salud está bastante deteriorado.



A media mañana, integrantes de ATE y estudiantes que responden a la agrupación MURO hicieron un escrache frente al Tribunal para repudiar los crímenes cometidos por la última dictadura militar.



Por la tarde declaró la hermana del ingeniero González, María Amelia, quien recordó que su hermano fue secuestrado en la casa que alquilaba en Posadas. Dijo que el grupo de tareas vestía uniformes similares a los de Gendarmería, pero otro testigo, Julio Capli, aseguró que estaban de civil y portaban armas largas y cortas.



La mujer indicó que el por entonces obispo de Posadas, Jorge Kemerer, le dijo a un conocido de la familia que el ingeniero no había aguantado una de las sesiones de tortura y falleció. “Mi madre, que tiene 98 años, todavía no lo sabe”, se sinceró María Amelia.



Si bien no tuvo una activa participación en la búsqueda de su hermano, recordó que su madre junto a dos hijos radicaron denuncias por la desaparición del decano y también se entrevistaron en Corrientes con Cristino Nicolaides, quien los recibió con armas sobre el escritorio y no les aportó datos sobre el paradero del ingeniero.



María Amelia González recordó que un ex ministro de Miguel Angel Alterach, le contó que en abril de 1978 participó de un asado con un grupo de militares y al final de la comida uno de ellos les dijo “ahora tenemos el carpincho” e hicieron ingresar a González con secuelas de una feroz golpiza. El ingeniero, que fue arrojado sobre la parrilla, era señalado con ese mote por su origen correntino.



Por su parte, Capli contó que trabajaba como ayudante de González y que horas antes del secuestro regresaban de la empresa Bañay, en Alem, donde desarrollaban un producto abrasivo para lustrar muebles y autos.



Recordó que a la noche el grupo de tareas ingresó violentamente a la casa, apagó la luz y tras maniatarlos y encapucharlos, los cargaron en los baúles de dos autos y los llevaron a un lugar que no pudo reconocer porque tenía los ojos vendados.



Capli dijo que sufrió todo tipo de torturas: pasajes de corriente eléctrica, azotes con ortiga, le tiraron sobre el cuerpo hormigas coloradas y golpes de todo tipo, además de tortura psicológica.



Durante su permanencia en “La casita del Mártires”, Capli pudo advertir que a su lado estaba el ingeniero González y que ambos fueron sometidos a una golpiza cuando le preguntó a su jefe cómo estaba.


Capli fue liberado trece días después en la zona céntrica de Posadas y nada más supo sobre la suerte corrida por el decano de la Facultad.



El testigo no pudo precisar el móvil del secuestro, aunque dijo que durante las sesiones de tortura le preguntaron varias veces sobre el proyecto que desarrollaba González.



Para hoy está previsto que declaren el ex preso político Ramón Alfredo Glinka, el médico Hilario Domingo Arnaudo y el ex penitenciario Héctor Luís Cantero.

Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Descargar Semanario Seis Páginas