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POSADAS

Juicios por la verdad: se estrecha el círculo sobre Caggiano Tedesco

Mario Alfredo Marturet, un ex empleado de la Universidad Nacional del Nordeste, contextualizó la desaparición de su amigo Alfredo González y no dudó en responsabilizar del hecho al por entonces coronel Carlos Humberto Caggiano Tedesco. Y dijo que el secuestro del ingeniero tuvo que ver con “un enfrentamiento ideológico”.



Cuando el presidente del Tribunal Oral Federal de Posadas anunció el motivo por el cual se demoró una hora y media el inicio de la nueva jornada del juicio oral y público por la desaparición del ingeniero Alfredo González, muchos esbozaron una sonrisa. “El imputado amaneció con un cuadro de gastroenterocolitis”, dijo casi solemne Carlos Adolfo Sodá y algunos se preguntaron si por primera vez el militar retirado comenzó a sentir la proximidad del largo brazo de la Justicia.


 


Si ese fue el detonante del cuadro médico, es probable que durante la jornada se agrave. Es que nuevamente dos de los tres testigos sindicaron a Carlos Caggiano Tedesco (78) como el responsable de muchos de los secuestros que se cometieron en Misiones durante la última dictadura militar.


 


Mario Alfredo Marturet, un hombre de 82 años, llegó desde Corrientes para dar su testimonio en el juicio. Además de hacer una clara lectura política de la época, este militante de la Democracia Cristiana dijo que la desaparición de su amigo Alfredo González se inscribe en “el enfrentamiento ideológico de la época” y ubicó en la vereda de enfrente al doctor Leumann, otro integrante de la Facultad de Ingeniería Química que la víctima condujo en la década del 70.


 


Marturet destacó “la integridad moral de González que se quedó en la provincia pese a todas las recomendaciones que recibió y pese a haber estado preso varios meses en 1976”.


 


Marturet le envió una carta documento al temible Cristino Nicolaides para pedirle una audiencia para la madre del ingeniero desaparecido, pero sólo fue recibido por un oficial subalterno que lo derivó al general Reston, en Curuzú Cuatiá. “Cuatro fuimos a esa reunión y Reston nos dijo que debíamos hacer las gestiones ante Caggiano Tedesco, que era el responsable máximo del Area 232, en Misiones”, recordó con envidiable memoria.


 


Marturet, que fue empleado de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), dijo que a través del obispo Jorge Kémerer se enteraron de la muerte del ingeniero en una sesión de tortura. Y contó que por entonces los verdugos “generalmente eran asistidos por un médico que les indicaba cuándo parar y por un sacerdote, que se encargaba de hacerles creer a los torturadores que lo que hacían estaba justiciado”.


 


El testigo indicó que tras el derrocamiento de Isabel Martínez “el terrorismo de Estado se convirtió en un Estado terrorista y aquí en Misiones quien ejecutaba esa política era Caggiano Tedesco porque tenía el poder”.


 


Otro que apuntó sobre el militar que está sentado en el banquillo de los acusados fue el comerciante Carlos Alberto Souriau, quien sostuvo que “Caggiano Tedesco manejaba las fuerzas conjuntas que se encargaban de los secuestros”.


 


El jornalero Juan Manuel Gómez fue secuestrado meses después de abandonar su trabajo en el establecimiento Las Marías, donde se desempeñaba como delegado gremial. “Fueron a mi casa y me trajeron detenido a Posadas y después me llevaron a la Casita de Mártires que nosotros le llamábamos “La chupadera”, donde fui estaqueado y picaneado en una cama que era conocida como “La parrilla”. El hombre anduvo por distintas cárceles hasta que fue liberado en 1981.


 


Gómez reconoció que estuvo en dicho centro clandestino de detención “porque se escuchaba el ruido de los aviones”, pero dijo que fue alojado en ese lugar en marzo de 1977, un año antes del último secuestro de González.

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