SEGUINOS

POSADAS

Juicios por la verdad: un testigo apuntó a Caggiano Tedesco

Fue Moisés Hassán, amigo y compadre del desaparecido ingeniero correntino Alfredo González. Dijo que el jefe de un Regimiento del Ejército lo mandó a hablar con el jefe del Area 232 cuando él llegó hasta el cuartel para preguntar por el por entonces decano de la Facultad de Ingeniería Química. Mañana sigue el debate con otros tres testimonios.


Moisés Hassán, un ex empleado no docente de la Universidad Nacional de Misiones (UNAM) apuntó directamente sobre el teniente coronel Carlos Humberto Caggiano Tedesco como el responsable de la desaparición de su amigo y compadre, el ingeniero Alfredo González. El testimonio se escuchó en la tercera jornada del juicio oral y público que se realiza para conocer la suerte corrida por el decano de la Facultad de Ingeniería Química de Posadas tras su segunda detención por un grupo de tareas, en marzo de 1978.


 


Hassán contó que se enteró del secuestro el 5 de marzo a la mañana, cuando la empleada doméstica del ingeniero lo llamó para avisarle que la casa estaba revuelta y su patrón no aparecía por ningún lado. “Fui a Gendarmería a hacer la denuncia pero me mandaron a la primera porque dijeron que Alfredo podía estar de parranda”, explicó.


 


Hassán indicó que con los padres del ingeniero recorrieron las distintas fuerzas pero nadie les dio ningún dato. Y que en una oportunidad el jefe del Regimiento de Infantería de Monte 30 le recomendó que hablara con el por entonces jefe del Area 232, el teniente coronel Carlos Humberto Caggiano Tedesco. “Con la madre de Alfredo fuimos dos veces, esperamos una hora y media y nunca nos atendió. Después el obispo (Jorge) Kémerer me dijo que el ingeniero murió durante una sesión de tortura. Lo mismo le dijo a Elba, la mamá de Alfredo, pero ella no le creyó” relató.


 


Reveló que durante una cena que se realizó en su casa un comandante de Gendarmería le pidió a González que abandonara la ciudad, que buscara refugio en su Bella Vista natal, pero el ingeniero se negó porque dijo que no tenía motivos para hacerlo.


 


El testigo dijo que el desaparecido nunca les dio detalles de su primera detención, en 1976. “Sólo nos dijo que ‘otra (detención) no aguanto más’”.


Por su parte, el bioquímico Miguel Benito Onetto era por entonces alumno de la Facultad de Ingeniería Química, dijo que González “era muy respetado en el ámbito académico” y que “los servicios de inteligencia controlaban la ideología de los docente antes de su designación”.


 


Agregó que los principales enemigos que González tenía en la facultad eran el doctor Julio César Leumann y un ingeniero de apellido Colombo, a quien colocó en la reunión que se realizó en la Casa de Gobierno, donde se habría sellado la suerte corrida luego por el ahora desaparecido decano de la Facultad.


 


Onetto sostuvo que “el ingeniero jamás tuvo una propuesta violenta dentro de la Facultad, tenía un accionar transparente y no alentaba actividades contra el Gobierno.


 


En la década del 70, Miguel Alejo Holowaty era un conocido empresario que vendía tractores e insumos agrícolas en Leandro N. Alem. Primero fue engañado por su hermano que residía en Estados Unidos y propietario de la fábrica donde trabajaba González. Miguel luego fue capturado y llevado a la Casita de Mártires, donde vio a González “con los ojos y la nariz con pus y a su alrededor revoloteando moscas verdes, pero todavía respiraba”.


 


Holowaty, que ahora reside en Asunción, dijo que “después escuché que alguien dijo que había muerto. A nosotros nos picaneaban y golpeaban todo el tiempo y nos tenían encadenados y encapuchados en una habitación”.


Agregó que los militares “creían que nosotros éramos subversivos económicos”.

Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Descargar Semanario Seis Páginas