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Justicia: el “pecado” de demorar en averiguaciones a un sindicalista

La detención del titular de Uatre Gerónimo “Momo” Venegas parece ser un “pecado” y habilita a sus seguidores a cortar rutas y amenazar con un piquete frente a la casa del juez –en este caso Norberto Oyarbide- que se atrevió a llamarlo a declarar en la causa abierta por la llamada mafia de los medicamentos, porque hay cuestiones que no cierran. Qué pasaría si por cada ciudadano que es llamado por la Justicia en averiguaciones se cortan rutas, en qué país se estaría viviendo?.


 

Evidentemente el peso o presión ejercita por la cofradía de Venegas es tan poderoso que el juez terminó por liberarlo en la tarde del viernes aunque con el pago de una importante caución: 500 mil pesos. Es que hay un contador allegado al dirigente de los trabajadores rurales que lo ha incriminado en charlas telefónicas. Porque también aquí hay escuchas. Lo decía inclusive el gastronómico Luis Barrionuevo, asegurando que “desde siempre somos escuchados”. No dijo si para ello necesitaron provincias como ocurrió con Misiones, para tercerizar la orden de escuchar.


 


Pero indudablemente también éstos son “ruidos” de la campaña electoral en cierne, que se producen tanto de un lado como del otro. Pero también es evidente que el sindicalismo tiene que actuar cada vez con más fuerza para convencer primero al trabajador y luego a la sociedad acerca de sus reales intenciones.


 


 Porque esta detención coincidió con los operativos de la Afip encontrando trabajo irregular. En Misiones se sabe que para levantar una cosecha de 700 millones de kilogramos como la de yerba de este año, se necesitan 11-12-13 mil tareferos y están registrados 5 mil. Y porqué estos dirigentes de Uatre no hacen piquetes a los que explotan a los tareferos, piquetes en las empresas grandes o multinacionales que aceptan esta situación. Es mucho lo que tienen que hacer para recuperar la confianza de la gente. Porque se los ha visto perderse en la búsqueda del poder. Es cierto que tienen que estar en el esquema del poder nacional, pero no involucrados en un poder político que los aleja de sus objetivos sindicales, para trabajar por el poder mismo. Porque el afiliado als más de las veces siente que a quien votó lo ha traicionado, lo “ha vendido”, al no defender los derechos laborales.


 


También parece que en el sindicalismo no existe el pecado de la re-re-re elección, sino sólo en la política. Sin embargo, se nota la necesidad de recambios. Se observa en las pujas sindicales de dos y tres grupos en distintas provincias por acceder a las conducciones de la CGT o de la CTA. A propósito en esta última ni siquiera se sabe quién ganó finalmente las elecciones nacionales.


 


Los partidos políticos se rompieron en el 2001 en medio de una crisis gravísima. El sindicalismo hizo oídos sordos a aquella advertencia. Ahora parece haberle llegado la hora de volver a las fuentes: defender al trabajador, hacer que el suyo sea trabajo decente.

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