SEGUINOS

POSADAS

La concentración, el trabajo esclavo, las privatizaciones

Sin tapujos, en la década del ’90, el gobernador misionero de entonces proponía la “concentración” en la actividad yerbatera –de la que formaba y forma parte como empresario- como “solución” a los problemas, remitiendo a la “buena voluntad” de esos pocos el precio de la materia prima. Hablaba de “armonía” en el sector. Pero a finales de ese período, la yerba mate no tenía precio, tanto se había depreciado. Muchos colonos habían abandonado o malvendido sus chacras. La pobreza y la indigencia tenían en los tareferos, a los mensúes modernos, los nuevos esclavos. No llama la atención, entonces, los resabios que hoy pueden verse de aquel entonces.

El campamento denunciado en Caraguatay, por ejemplo, en el que se sometía a un virtual servilismo a estos obreros rurales, por parte de una empresa proveedora del grupo Las Marías –uno de los concentrados- no hace más que poner en el debate público, algo más que frecuente en el sector.



En algunos lugares, como en Andresito, se dice también que no se consigue mano de obra para la cosecha de verano porque los obreros se contentan con los planes sociales –en este caso con la asignación universal por hijo-. De allí se deduce de inmediato que el obrero “no quiere trabajar”. Porque el criollo es haragán. Así se vino construyendo desde siempre una ideología racista nacional. Tan argentina y misionera como el mate.



Sin embargo, quien desea llegar a una conclusión más profunda, la pregunta de rigor es: quién querría trabajar como un esclavo. Dormir en una suerte de tinglado con techo pero sin paredes. Con colchones tirados en el piso, con hijos menores que también tienen que salir a cortar yerba. Quién querría? No es menos cierto que la década del ’90 se dedicó a cerrar fuentes de trabajo y abrir comedores comunitarios. Conspirar contra la cultura del trabajo fue también una estrategia del achicamiento nacional y del menoscabo de la dignidad personal de los argentinos.



En los sectores marginales la cultura del trabajo se ha perdido, como se han alterado los valores de la familia, de la convivencia, del respeto, porque esos mismos sectores son irrespetados por la sociedad. Que los ningunea y descalifica. Reconstruir todo el tejido social dañado llevará tiempo, mucho tiempo. Pero nadie podrá cruzarse de brazos. Ni hacerse el desentendido.



Antes bien, los organismos del Estado deberán funcionar a full. Por ejemplo en el caso del servilismo en la actividad yerbatera. Los controles del Ministerio de Trabajo de la Nación deberán ser inflexibles. Otro tanto de parte del Instituto Nacional de la Yerba Mate. En tanto los legisladores nacionales deberán articular mecanismos de denuncia nacional para los empleadores del campo que violen las leyes y condenen a los obreros rurales al trabajo esclavo que era habitual antes de la sanción del Estatuto del peón en la década del ’50 del siglo pasado.



Esta será, sin embargo, una de las acciones por encarar. Ya que el planteo que en la actualidad realizan en otra actividad, como la forestal, tiene que ver con el mismo achicamiento de país y provincia y la concentración favorecida que sólo arrojó resultados en esa dirección. Porque hoy resulta insuficiente un papel Misionero originariamente pensado como empresa testigo estatal en condiciones de favorecer un desarrollo equilibrado para el productor de la materia prima: el forestador. Por un lado y, por el otro, la incursión en la industria del papel, también para posicionar a Misiones como abastecedora.



 



Contra ese proyecto de crecimiento se conspiró cuando se entregó a manos privadas una empresa que –como todas las que pasaron a manos privadas- era rentable.



La empresa después no creció. Tampoco se favoreció a Celulosa Puerto Piray que llega virtualmente desmantelada a la década del 2000 y ahora en manos de sus obreros, trata, primero, de subsistir y acaso en el futuro mediato volver a crecer. Ingentes esfuerzos entonces en los ámbitos de la producción y la industria regional, con una aspiración. La creación de otra papelera que asegure la industrialización del producto forestal misionero y correntino.



Una de las salidas para la actividad. La otra estará dada por las viviendas de madera que se dejaron caer también en la década del ’90. Misiones que había avanzado en tecnología retrocedió y ahora nuevamente intenta recuperar espacios. Hay mucho por hacer.



 

Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Descargar Semanario Seis Páginas