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La cultura, la otra oportunidad para rehabilitarse

Camilo Blajaquis estudia filosofía. Tiene editado su primer libro de poesía “La venganza del cordero atado” (2010) y muy pronto presentará el segundo. Además da talleres de lectura en su barrio, la villa Carlos Gardel, de Buenos Aires, y edita una revista llamada “¿Todo piola?”. “Esta es una manera de mantenerse económicamente, para mí. Si lo que se pretende es una transformación social, menos violencia, menos pibes en la calle, se puede lograr con cultura, con deportes. Quiero que mis hermanos y mis hijos crezcan en una sociedad más justa, con más posibilidades que las que tuve yo”, dijo el joven quien nació hace 21 años con el nombre de César Gonzáles. El que a los 16 años participó de un secuestro extorsivo y luego lo atraparon. Su condena duró 5 años.

Acerca de los cuestionamientos que se realizan desde diversos sectores al gobierno nacional, el literato consideró que en esos ámbitos “no hay una autocrítica, no hay que esperar todo del Gobierno”; además, se preguntó “qué aportes realiza el ciudadano cada día para el país sea mejor”.


 


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¿Quién es Camilo Blajaquis?



Camilo Blajaquis nació hace 21 años con el nombre de César Gonzáles, en la villa Carlos Gardel, partido de Morón, Buenos Aires. “Nací en una villa donde la vida es dura, desigual,


distinta a la que tienen otros chicos; mucha calle, viendo panoramas muy crueles. En una villa un chico a los 6 o 7 años ya incorpora en su mente lo que es un arma, ya sabe lo que es la droga; uno se cría de una manera distinta”, sostiene Camilo en una entrevista para la TV Pública.


 


Y así creció, en ese marco: “Familias numerosas, o mejor dicho madres solteras con muchos hijos / Los cascotes que inventan caminos así el barro no te muerde los tobillos. Pilones de basura por acá y por allá / Esqueletos de autos robados ya desmantelados, saqueados y prendidos fuego / El sonido de un disparo en una esquina, diez disparos de respuesta en la otra / Charlas de vecinas a través del alambrado mientras cuelgan la ropa en la soga: ¨Che te enteraste que lo mataron a fulano¨. ¨Sí, y que a mengano le reventaron el rancho en la madrugada¨ / La policía y sus cacerías / La iniciación sexual bien temprana, los guachos, las pibas / El comedor que se redujo a tan solo una merienda por día / Los que se van a trabajar con sus bolsitos y sus bicis y sus ojos tristes y cansados”. Así, como un pintor de la periferia, Camilo traza el papel de “La venganza del cordero atado”, su primer libro de poemas.


 


Y de esta forma su vida se condicionó, como la de miles de pibes paridos en el seno de la pobreza y la exclusión. “Los pibes chorros son consecuencia de esa década (los 90’). Es importante tener memoria: íbamos a la escuela a comer más que a estudiar. Y en mi caso, mi madre era madre soltera; estuvo presa ella también y yo me crié con mi abuela”, comenta Camilo en el programa de entrevistas “Historias Debidas”.


 


El destino iba a ser coherente con tan difícil historia: “Yo caí en un instituto de menores cuando cumplí los 16 años. Venía de tener un enfrentamiento con la policía en el que me hirieron de bala en la pierna derecha. Desde ese momento estuve en casi todos los institutos”. (Visión Siete)


 


Camilo resume en una sola frase la problemática más acuciante que golpea a muchos jóvenes excluidos de la sociedad: “la vida pasaba por ahí: era vivir el día a día; no había esperanza de un futuro, no había una perspectiva a mediano plazo. Soñaba con un blindado, soñaba con un banco o entrar a una casa en un country; esos eran mis sueños y eran los sueños de un montón de pibes. Yo le decía a mi mamá que quería morirme en una toma de rehenes en un banco”. (Historias Debidas)


 


A los 16 años participó de un secuestro extorsivo y lo atraparon. Ese delito lo llevó a su encierro definitivo que duró 5 años.


 


De César a Camilo


Fue en la cárcel cuando en la vida de César Gonzáles apareció Patricio, un tallerista que enseñaba pasos de magia a los internos. Patricio, entre los trucos de magia, les hablaba del Che Guevara a los pibes. De este modo, César empezó a conocer en profundidad al guerrillero argentino: su vida, sus luchas. Ese fue el primer impacto.


 


Hasta que un día, cumpliendo una penitencia en una celda del instituto, César recibe de manos de Patricio varios libros. Los autores: Roberto Arlt, Henry Charles Bukowski y Rodolfo Walsh.


En principio César no les dio importancia a los libros, hasta que leyó el título del de Walsh y le llamó mucho la atención: “Operación Masacre”. Devoró el libro en un día de lectura.


Desde ese momento todo cambió en la cabeza de César. Se dijo a sí mismo: “voy a transformar este dolor en algo productivo (…) Entre cinco o seis me dieron masa esa vez. Entonces, estar tirado en esa celda como estaba y leer ese libro fue como luz. Me cambió la vida; como Dios cambia la vida con el evangelio, a mí me la cambió Walsh”. (Historias Debidas)


 


Comenzó a leer y a profundizar su interés por otros autores. Descubrió la poesía, la historia, la filosofía.


 


“La primera vez que escribí sentí como una descarga eléctrica y me dije ‘mirá vos, no sirvo simplemente para ser un pibe chorro, como me dicen todos los días en el juzgado el juez o el fiscal’”. Ese fue su primer paso.


 


Así, César González comenzó a transformarse en Camilo Blajaquis, el escritor, el poeta.


Camilo, por el guerrillero Camilo Cienfuegos, líder de la revolución cubana junto al Che y a Fidel. Y Blajaquis por Domingo “el griego” Blajaquis, héroe de la resistencia peronista asesinado por las balas del vandorismo e inmortalizado por la pluma de Walsh en “Quién mató a Rosendo”.


 


Salió de la cárcel a los 21 años con una conciencia capaz de poner nervioso a los que saben que “es más peligroso un pibe que piensa que un pibe que roba”, tal como lo explica el mismo Camilo.


 


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