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POSADAS

La defensa de los niños y las políticas de Estado

La manipulación a la que se ha sometido a niños misioneros, el abuso de que fueron objeto bien podría ser el objeto de sanción y condena por parte del flamante Defensor del Niño, Niña y Adolescente, reciente ley sancionada por la Cámara de Representantes, que resta reglamentar y designar a el o la responsable. Podrá cerrarse así el círculo de protección, rescate y reivindicación iniciado con el programa Hambre Cero, que un sector de la oposición político-mediática ha pretendido vulnerar una y otra vez con información falsa. Claro que esa misma oposición comienza a verse arrinconada con la buena fe de los que, en verdad, desean recuperar a los niños misioneros de la desnutrición y la extrema pobreza.

Porque junto con el oficialismo que lanzó este programa para hacer frente a lo que se escondía como realidad vergonzante de la pobreza no combatida, hay un sector de la oposición política igualmente preocupado por este flagelo que debe erradicarse. Al menos el diputado y candidato a la gobernación Luis Pastori se pronunció por sustraer la problemática del partidismo, afrontándola como política de Estado, buscando consensos complementarios.



La misma Iglesia Católica de Posadas, en la voz de su obispo Juan Rubén Martínez hacía notar la oportunidad de enfrentar el problema y la determinación gubernamental. Algo en lo que igualmente coincidía la intendenta opositora de Montecarlo, Elba Auzmendi, para quien también era una desmesura el tratamiento dado por los medios porteños concentrados –“siempre se exagera”, acotaba Pastori, residente por 20 años en aquella localidad altoparanaense-.



Algunos periodistas “progre” devaluados, inclusive, trataron de guardar las formas confesando su ignorancia del país profundo. “Me avergüenza decir que no sabía qué era un tarefero”, se disculpaba Jorge Lanata quien, no obstante, ingresaba al tema a los tropiezos: “ganan mal y son empleados de los pequeños productores”, aventuró. Acaso por ignorancia -o por conveniencia- endilgaba el problema de los trabajadores rurales misioneros del sector yerbatero a los pequeños plantadores. Olvidando que los precios de la materia prima son devaluados por la poderosa industria en la que interviene, por ejemplo, el ex gobernador y actual diputado Ramón Puerta. El mismo que se paseó por los canales metropolitanos concentrados hablando sin sonrojarse de los niños desnutridos del Hambre Cero. Porque nadie le preguntó, por supuesto -y él tampoco pidió disculpas-, por el 33 por mil de la mortalidad infantil que agobiaba a Misiones en su gobierno.



Nada dijo de los tareferos en negro que se detectaban en los contratistas que lo abastecían a él de yerba, cuando era gobernador. Cuando tampoco hubo interés por llevar adelante el registro aprobado ahora por ley de la Cámara de Representantes para que, de una vez por todas, se pueda establecer una política de asistencia para el sector. Ha sido en estos años cuando se decidió subsidiar a estos trabajadores rurales en la inter safra, con recursos provenientes de Rentas Generales de Misiones. Porque a pesar de que Corrientes insiste en hablar de la común zona productora, no se hace presente cuando hay que enfrentar problemas.



Así las cosas, la asistencia financiera y el registro de estos trabajadores rurales corren por cuenta del gobierno provincial, con asistencia de la Nación cuando hay una registración de estos obreros. Los mismos que son llevados al Obelisco para ser usados por la misma oposición político-mediática que contribuye a generar, desde lo empresarial, este tipo de situaciones. Y si no lo hace en forma directa, tampoco combate estas prácticas desleales en sus atildadas mesas empresariales.



Hace falta que de una buena vez las empresas misioneras se sumen con mayor presencia en la mejora de la calidad de vida de los obreros que cosechan como en el siglo pasado. Por ellos y por sus hijos, como forma de contribuir en la construcción de ciudadanía de sectores de población que persisten en la marginalidad y cuyo rescate empezará a gestarse desde su visibilización mediante el registro que se elabora.



Formará parte del recupero de la actividad agraria que está en plena ejecución, podrá ser el valor agregado de la oferta que se haga al exterior: consumir yerba mate o mate cocido es alentar el trabajo en blanco de obreros rurales que viven en los campos y tienen hijos que van a la escuela y a las universidades.



Evadir la ley tiene efectos nefastos más tarde o más temprano. La reciente tragedia de un colectivo urbano de Santiago del Estero que circulaba sin habilitación y en una “guerra” declarada con otras líneas del servicio es una evidencia irrefutable. Como lo es de la desidia oficial, la falta de controles y de regulación por parte del Estado que así abonó ese estado de cosas. Irregularidades de las que también fue presa Posadas, años atrás, cuando las empresas competían en plena calle por ver quién captaba más pasajeros.



Un ciclo definitivamente cerrado con la incorporación del Sistema Integrado de Transporte en la nueva Carta Orgánica de la ciudad. Cuestión que también molesta a un diputado provincial que demanda extensión del período de sesiones de la Cámara pero que, en rigor, es de muy baja producción legislativa. En sus escasos proyectos de ley se ve la intención de inmiscuirse en el sistema urbano de pasajeros, en respuesta a los intereses empresariales de su familia.

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