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La desintegración de una oposición que ninguneó a la gente

Se apresuraron en salir a decir que no había ninguna posibilidad de diálogo con el Gobierno, apenas horas después que miles y miles de personas le daban a la Presidenta su respaldo para continuar con su gestión. Así, el gesto a favor de las instituciones no tuvo su equivalente en buena parte del arco opositor –se vio inclusive en el comportamiento en la Cámara de Diputados-. Claro que, como contrapartida a ese ninguneo y a los nuevos “palos en la rueda” impuestos respecto del Presupuesto, empezaron a sentirse los crujidos del anticipado desmoronamiento del autodenominado Peronismo Federal. El portazo de Carlos Reutemann fue seguido de adhesiones por parte de Francisco De Narváez, Felipe Solá –dos de los dirigentes que estuvieron en el sepelio del ex presidente Néstor Kirchner– y el chubutense Mario Das Neves.

Todos coincidentes en que el escenario político nacional ha cambiado y deben reelaborarse estrategias. Por elevación, críticas a los marmóreos Eduardo Duhalde, los Rodríguez Saa y Ramón Puerta. El misionero que no fue a la sesión de Diputados para considerar el Presupuesto 2011 y a quien el fallecimiento del legislador y ex vicegobernador Julio Alberto Ifrán, deja a la deriva en la Cámara de Representantes. No alcanzan su talla ni Pablo Tschirsch ni Blanca Acosta. 



El panorama para Puerta, en consecuencia, parece el más solitario de todos. Porque ya Duhalde, su socio político, le había dicho no a la candidatura presidencial de su amigo Mauricio Macri, desbaratando la torpe “construcción partidaria” que terminó con la expulsión del mediático Claudio Wipplinger.


 



Así las cosas, no logra hacer pié en Buenos Aires escenario por el que siempre se “desvive” y que siempre le fue esquivo. Nunca logró los primeros planos que sí obtuvieron, en cambio, otros exponentes del país del interior, los Rodríguez Saa. Hoy por hoy aparece como el dirigente “federal” más devaluado: sin socios ni seguidores. Esa performance se compadece con la provincial, donde tampoco logra adhesiones en el campo justicialista. Ni siquiera de la vieja guardia a la que otrora fuera afín el fallecido Ifrán. Claro que nada la había impedido una semana atrás pasearse por canales de televisión porteños para hablar sobre la pobreza en Misiones, ésa que ayudó a expandir en los ’90, pero de la que no se hizo cargo en ningún momento.


“Ni Lole ni yo hemos cambiado nuestra visión respecto del kirchnerismo, pero estamos convencidos de que es necesario serenarnos y escuchar a los argentinos, que necesitan paz y tranquilidad. Comparto absolutamente su visión y su postura en este momento”, decía en un comunicado De Narvaez. Después de una críptica adhesión de Solá: “como Carlos Reutemann, yo también planteé diferencias con el Peronismo Federal. El no se fue del partido, marcó una diferencia importante, que creo saber cuál es, pero sigue en el bloque como senador. Su renuncia no es una partida de defunción del justicialismo disidente”. Tal vez no, pero la escisión fue expandiéndose a medida que corrían las horas, en un jueves que amaneció con la noticia de la salida de Reutemann y terminó con la soledad de los Duhalde, Rodríguez Saa, Puerta.



 



 



 



 

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