SEGUINOS

NACIONALES

La Iglesia pidió “no ser indiferentes” ante el sufrimiento de “muchos argentinos”

La unidad se convirtió en el gran ruego comunitario de esta nueva edición de la peregrinación juvenil a Luján, la número 44, ya que el lema fue “Madre: danos fuerza para unirnos como hermanos”, que surgió de un anhelo de las bases percibido a lo largo de los últimos meses y de la reflexión de los organizadores.

El anhelo de unidad estuvo acompañado de signos como las banderas de las 24 provincias acompañaron a la imagen cabecera de la Virgen a lo largo de todo el trayecto y el encendido de velas por parte de los peregrinos a medianoche para que la luz de la fe ilumine el camino de los argentinos.

La peregrinación se había iniciado el sábado al mediodía. La partida oficial fue en el santuario de San Cayetano, en el barrio de Liniers, y se extendió a lo largo de 63 kilómetros por la avenida Rivadavia y la ruta 7. Unos 6.500 voluntarios asistieron a los caminantes en 20 puestos de apoyo y 50 sanitarios.

Las excelentes condiciones climáticas favorecieron la concurrencia. El año pasado un aguacero había provocado una gran merma. La imagen cabeceraingresó a la plaza de Luján pasadas las seis de la mañana en medio de vítores y agitar de pañuelos. A la siete, puntualmente se inició la misa.

“En esta larga y sacrificada jornada pidamos juntos a la madre que nos dé nuevos ojos para reconocer a cada persona como a mi hermano y hermana. Esta es la Argentina que queremos, y no claudicamos. Madre, danos fuerza para unirnos como hermanos”, dijo Poli en la homilía citando el lema.

Sostuvo que si la Virgen movilizó a los peregrinos hacia la basílica de Luján es porque los “quiere mucho. Nadie vino a hacer una maratón, lo sabemos. Todas las peregrinaciones que llegan hasta el santuario son un acto de amor a la Virgen. A los peregrinos los mueve la fe y la esperanza en Dios”.

Tras afirmar que la Virgen “siempre escucha” a los fieles y que vuelve hacia ellos “sus ojos misericordiosos” . Señaló que ella es la que proclama que la misericordia de Dios llega a nosotros de generación en generación. Ella conoce las angustias y necesidades de nuestro pueblo, sabe de pruebas y nos amina a tender los brazos fraternos de la solidaridad”.

El cardenal destacó que la Virgen enseña a “no ser indiferentes”, y completó: “Ella se la pasa diciendo en el cielo: ‘hijo, no tienen pan, no tienen trabajo, no tienen techo, no tienen paz’. El corazón de la madre se enciende de ternura para exhortarnos a reconocernos como hermanos”.

Fuente: Clarín.

Descargar Semanario Seis Páginas