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POSADAS

La noche en que León Gieco recibió el Mensú de Oro

“En este momento hay 12 mil personas y otras 500 están afuera sin poder ingresar, por razones de seguridad”. Los conductores daban cuenta en el cierre de la 41º edición del Festival Nacional de la Música del Litoral, de la afluencia de público que había desbordado la capacidad del anfiteatro Manuel Antonio Ramírez. Era momentos antes de que, ante ese mismo público de pié y aplaudiendo, ingresara al escenario León Gieco y sus músicos. Se produjo, entonces, un cierre de festival extraordinario para una noche que había sobresalido por la calidad de los artistas y la calidez del público. Como en los viejos tiempos de esplendor, este público de hoy compuesto por adultos mayores y gran presencia de jóvenes, volvió a poner en evidencia una calidad de espectador que siempre llamó la atención y distinguió a Posadas. Porque sabe hacer silencio para escuchar al artista y sabe reconocer en su aplauso, en su ovación, aquel  arte que se despliega en el escenario.

Una de las tantas evidencias: León Gieco estaba disfórico, porque padecía una gripe, así que cuando decidió despedirse, el público que lo había seguido de pié, aplaudiéndolo y cantando con él sus más tradicionales y también recientes canciones, se resignó al final. Le prodigó una ovación, pero se contuvo, no pedía un bis. Salieron entonces los conductores a demandarlo y con cierta timidez la gente se fue sumando, unas voces, otras voces, hasta que León volvió al escenario y cantó a capella. Se hizo un extendido silencio. Los integrantes de su banda volvieron al escenario, se sumó un coro local y se produjo entonces el cierre con un homenaje a los pueblos originarios y la figura del presidente boliviano Evo Morales, en la pantalla.



 



La noche se cerraba, con un Gieco que momentos antes recibía de manos del intendente de Posadas Orlando Franco, a quien acompañaba su esposa la diputada provincial Alicia Duarte, el Mensú de Oro. Un gesto que conmovió al músico, cuya devolución fue cantar Kilómetro 11, en guaraní. 



Pero este cierre sin igual, único, histórico, fue el broche de una velada que sólo contabilizó excelentes actuaciones. Por ejemplo, entre las primeras, la revelación del Festival Brenda Stefani, que mostró la calidez de su voz y su dominio de la flauta traversa. Y su ejemplar testimonio de vida. La no menos afinada voz de Olga Leguizamón, la jovencita de Garupá, que también interpretara música regional y misionera. Como expresión misionera estuvieron igualmente Los del 9, una banda integrada por jóvenes del Regimiento 9 de San Javier, con algunos integrantes de Posadas, como el destacado baterista.



Emocionante, además, el Ballet Municipal de la capital provincial, que interpretó en danza moderna un antiguo –acaso de los más bellos- poemas de Ramón Ayala, aquel de la Bajada Vieja del recuerdo, con sus niños y sus ranchos.



Un acierto mercosureño –era ésta la tercera edición del Festival del Mercosur- fue el grupo Generación de Paraguay. Excelente, en calidad de voces e instrumentos. Realmente un afiatado conjunto.



Los 4 de Córdoba aportaron la memoria del antiguo Festival y dieron cuenta de la emoción de ser recibidos, 40 años después, por un anfiteatro desbordado de gente, que los escuchaba y los aplaudía.



Después hubo que esperar 15-20 minutos el recambio de equipos en el escenario. Pero la noche había sido tan perfecta, con una rodaja de Luna iluminando el río Paraná, que la gente no se quejó. Aguardó y de pié, con una cerrada ovación recibió a León Gieco.


 


Bien entraga la madrugada del domingo, otra página del Festival había ingresado a la historia. La gente recogía sus canastos con mate, con gaseosas, con algunos sándwiches, con empanadas. Como los antiguos atenienses en las noches de teatro, aquí también es costumbre, llevar algo de comer y beber, mientras se disfruta de un Festival hoy redivivo.



 



 

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