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La salud pública, una cuestión de todos

El presidente de Estados Unidos Barak Obama acaba de poner fin a un siglo de fracasos con una reforma al sistema de salud que permite extender la cobertura sanitaria a 32 millones de personas -que se encontraban fuera del sistema-, llevando al 95% de la población los servicios de salud que tenían sólo un 83% de los estadounidenses. Lo hizo apelando a un seguro de salud que financia el Estado y que bien puede compararse con el que adoptó Misiones, con la diferencia sustantiva de la antelación: en la Provincia lo puso en vigencia el gobierno de la Renovación en el 2004 y debió esperar acceder a una mayoría parlamentaria para integrarlo a la ley de salud, por la sistemática oposición legislativa de entonces.

También Obama debió enfrentar una cerrada oposición de los legisladores republicanos que obligaron a introducir importantes reformas, pero así y todo introdujo el concepto de salud, una cuestión que interesa al conjunto de la sociedad y por lo tanto es cuestión de Estado. Algo ya visto por la Argentina desde siempre. Sistema que, sin embargo, tras interregnos dictatoriales y gestiones democráticas ultraliberales, se había resentido fuertemente y, con la crisis del 2001, expulsado de la seguridad social a vastos sectores de población. Circunstancia que Misiones buscó superar lanzando un seguro de salud para pequeños productores rurales, con recursos provenientes de Rentas Generales. El seguro se extendió después a un  mayor número de habitantes sin cobertura –como los feriantes-. En la actualidad, unos 20 millones de pesos provenientes de recursos propios destina Misiones anualmente a la atención del 10% de población –unas 120 mil personas-.



 



El seguro de salud –una iniciativa que reconoce antecedentes en criterios sanitaristas de Ramón Carrillo o de Oñativia y pretendió ser adoptado, sin éxito, por Juan Domingo Perón en su tercera presidencia y por Raúl Alfonsín-, sólo se logró aplicar en esta Provincia en un avance hacia la concepción de la salud como cuestión de esencial obligación del Estado.



 



Criterio que pretendió imponer en su país el presidente Obama, con éxito parcial. Porque no alcanzó a adoptar un sistema sanitario público, estatal, sino que intervendrá como otro asegurador, en un país dominado por las aseguradoras. Porque de lo que se trata es en realidad de dos modelos: el ultraliberal  que deja todo en manos privadas y la intervención estatal para la inclusión de los que menos tienen. Este criterio fue rechazado por “comunista” y “socialista” por la oposición republicana. Que se cuidó muy bien, sin embargo, de aludir a la socialización de la medicina que rige desde hace muchísimos años en Gran Bretaña –el sistema privado exclusivo y excluyente igualmente funciona-.



 



Lo cierto es que mediante el plan Obama desde este año, los niños con asma o cáncer, con graves patologías no podrán ser rechazados por ningún seguro de salud. Su atención será obligatoria, como lo será para los adultos desde el 2014 cuando esté en plena vigencia.



 



Los argentinos que siempre cuestionaron la falta de solidaridad del sistema vieron de cerca la cara más oscura en una película John Q interpretada por Denzel Washington en momerntos en que la entonces senadora Hillary Clinton pretendía reformas sanitarias. La película muestra a un padre desesperado cuyo hijo sufre una cardiopatía que requiere de un transplante. Nadie había  advertido al padre del problema porque el seguro de salud que pagaba no contemplaba ni el estudio ni el tratamiento de la dolencia. Aún vendiendo todo lo que poseía no podía cubrir el tratamiento del hijo. Armado toma el hospital y obliga a la operación de su hijo, logra salvarlo y plantea el debate de la necesidad de cobertura sanitaria de toda la población.



 



 



 



 



 



 

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