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La Universidad y el Bicentenario (Por Aritz Recalde)

En la antesala del cumplimento de los 200 años de la Revolución de Mayo, el sistema de Educación Superior y el conjunto de los hombres y las mujeres abocados a la ciencia, la tecnología y la innovación en el país y en el continente americano, nos enfrentamos a un importante desafío y deber histórico: alcanzar el desarrollo integral, independiente, pleno y sustentable de la comunidad nacional. Asimismo, al conjunto de las organizaciones libres del pueblo que dan contenido histórico al siglo XXI, les cabe la inmensa responsabilidad de culminar la segunda independencia americana que es el desarrollo económico, social y cultural integral.

La primera independencia fue la política, la segunda es y será, la social, la económica y la científica  tecnológica.



El bicentenario reconoce y conmemora el pasado, pero especialmente, es una actividad del presente que posibilita discutir y planificar el futuro recuperando las experiencias de nuestros precursores. Las organizaciones del trabajo, la producción, la cultura y el comercio, sean industriales o agrícolas, con o sin fines de lucro, encontramos en el bicentenario el marco propicio para reunirnos de manera mancomunada y establecer los aportes que cada uno puede hacer al proyecto nacional del siglo XXI.



Para nuestras Universidades y para los hombres de ciencia del sector público y privado, los dos siglos transcurridos desde 1810 a la fecha, son la base de una experiencia de suma importancia que nos permite reconocer los aciertos y los errores del legado activo de nuestros compatriotas de entonces para articular el conocimiento, la producción y el desarrollo nacional.



Las figuras de revolucionaros como Mariano Moreno, Juan José Castelli y Bernardo Monteagudo, que se formaron en letras en la Universidad de Chuquisaca, son ejemplos patrióticos para nuestros jóvenes que se sumergen en el mundo de la ciencia y la Educación Superior. De la mano del General San Martín, Fray Luis Beltrán acompañó el desarrollo de la industria metalúrgica para la independencia e inauguró una tradición que se expresó posteriormente en militares como el Ingeniero Huergo, Enrique Mosconi o Manuel Savio, grandes contribuyentes del desarrollo científico y la ciencia aplicada a la industrialización de la Argentina.



Las grandes transformaciones políticas del país conocieron cambios en nuestra Educación Superior y es por eso, que el proyecto de Hipólito Yrigoyen dio cauce a la tradición reformista del año 1918 que inauguró una nueva corriente política y cultural que reconoció en la juventud un actor político transformador.



De la mano de Juan Perón que eliminó los aranceles universitarios a la educación superior, ingresaron a la universidad los sectores populares dando contenido material a la masificación de la formación de científicos y técnicos. En este contexto, se planteo el desafío de superar un modelo de universidad aislada y ajena a los problemas cotidianos de la producción, la educación básica y media, la salud y la inclusión social en los territorios en los que las universidades están insertas.



A partir de aquí, se apoyó desde las políticas del Estado la industrializaron de la Argentina y se implementaron grandes innovaciones científicas aplicadas a la producción aeronáutica, automotriz o de energía El retroceso del aparato productivo y la eliminación de los derechos democráticos y constitucionales tras el año 1955 y especialmente desde 1976, impidieron el normal desenvolvimiento de nuestra economía, de nuestra política y de nuestro sistema de ciencia, tecnología e innovación por décadas.



De estos dos siglos, contamos con todo un cúmulo de acciones y saberes emanados de nuestros pueblos y comunidades, desde el artesanado a la industria y a las innovaciones que los millones de trabajadores y de productores, aplican generando la riqueza que agranda a la nación en el teatro de la división mundial del trabajo. Desde el año 2003 fueron modificados los  patrones del modelo económico neoliberal y se dio cauce a la recuperación de un programa con fuerte perfil productivo e industrial, que implicó nuevas demandas y desafíos para la educación, la formación de recursos humanos, la ciencia, la tecnología y la innovación.



La formación de cinco millones de puestos de trabajo, la entrega de dos millones y medio de jubilaciones, la recuperación de la obra pública a partir de los planes de vivienda, las rutas, los hospitales y las escuelas o el importante desarrollo industrial, nos hablan de los cambios producidos en el país desde esa fecha. Uno de los aspectos más cuestionados de la gestión inaugurada en el 2003 fue que coexistió con una fuerte desigualdad social, política y cultural.



Durante la breve gestión de Cristina Kirchner a cargo del ejecutivo nacional, se tomaron tres decisiones de suma importancia para revertir esa condición, pilar sin el cual difícilmente se consolide el proyecto nacional. Por un lado, se recuperó la administración de las cajas de jubilaciones y se destinaron esos fondos para implementar el subsidio universal por hijo y para otorgar créditos hipotecarios, entre otras acciones. Los fondos que antes iban a la especulación financiera en el extranjero y a la ganancia de grupos concentrados, hoy apuntalan a la niñez y construyen el progreso para país. Dichas decisiones son un pilar fundamental para la emancipación social del pueblo argentino y operan como un fuerte impulsor del consumo y el mercado interno.



Asimismo, la presidenta sancionó la ley de Servicios Audiovisuales dando pasó a la posibilidad estratégica para el proyecto nacional, de democratizar la comunicación y la cultura. Finalmente, se sancionó la reforma política para reforzar el sistema de partidos y mejorar la representación de los cargos públicos. Democratizar el ingreso, la riqueza, la política, la cultura y la palabra, son parte de las acciones y los desafíos que estamos resolviendo en el bicentenario. El enfrentamiento desatado por las corporaciones a partir de aquí, no se hizo esperar y no son pocas las dificultades, las carencias y los desafíos del proyecto de aquí en adelante.



El aumento de la inversión en educación, ciencia y tecnología y la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva durante los gobiernos de Néstor y de Cristina Kirchner, son respuestas y medidas que buscan apuntalar aquellas ramas y programas científico tecnológicos  ligados al nuevo patrón de producción. En 6 años la cartera universitaria  tuvo un aumento salarial promedio de 400 %, se sancionó la ley de jubilaciones para docentes del 82 % móvil o se crearon 9 universidades, entre otras importantes medidas.



Entre los años 2003 y 2010 se planificó e implementó uno de los planes de obras de infraestructura universitarias más importante de la historia y que cuenta con 100 terminadas y con 270 obras en cartera. Estas y otras medidas similares, ponen sobre el tapete la importancia de planificar, de discutir y de proponer tareas, acciones y compromisos posibles de las organizaciones del trabajo, de la producción y de la ciencia y la técnica en el proyecto nacional. Es mucho lo realizado pero además, es muy importante lo que aún falta por hacer, por planificar, por acordar y por desarrollar. 
 
En este marco y a 200 años de tan importante fecha patria, la comunidad educativa y científica tecnológica, la producción y el trabajo y la totalidad de los hombres y mujeres abocados a la actividad del sector público y privado, tenemos el desafío y la posibilidad histórica, de homenajear el bicentenario trabajando en la construcción de la segunda y definitiva independencia de nuestros pueblos: su desarrollo integral. (Gentileza: Secretaría de Extensión Universitaria- Unam)
 



 



 

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