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EDITORIAL

Las mejores intenciones y acciones se ven acotadas por improvisaciones casi diarias

La ola polar alcanzó a Misiones y en el extremo Nordeste hasta se vio caer aguanieve. Y mientras el Mundial de Fútbol Rusia 2018 comenzaba a desandarse allá a lo lejos, en la Argentina la crisis se precipitaba en corridas cambiarias; renuncias y designaciones, otra vez, en el nivel de la administración de la economía y las finanzas, con nuevos movimientos en el gabinete del presidente Mauricio Macri. Con disparos del dólar y versiones de todo tipo en el “mercado” que llevan a presumir que el fuego amigo sigue disparando a granel.

Porque ni siquiera la renuncia de Federico Sturzenegger a quien se lo estaba sindicando como el “responsable” de la errática política cambiaria y su sustitución por Luis Caputo, el ministro de las Financias con aceitados vínculos con consultoras y holdouts, calmó la corrida y el dólar se acercó a los 30 pesos. Una cotización que, en rigor, parecía estar prevista para fines de este año y que se estaría anticipando nada menos que en seis meses.

Ni siquiera el debate por la legalización del aborto alcanzó la distracción deseada, aunque sí abrió una grieta diferente porque las posturas a favor y en contra traspusieron los límites partidarios. Inmediatamente después se buscó “empujar” la atención pública hacia el Mundial de Fútbol, que lo llegaba a interesar demasiado. La preocupación persistía –persiste- en los sectores más vulnerables llevados a los comedores comunitarios, a las movilizaciones en pos de abrigos, de techo donde refugiarse de las heladas. Y no solo en ellos, en sectores de trabajadores y profesionales también hay ceños fruncidos porque la espiral cambiaria se lleva los sueldos, y los clientes y los pacientes y los usuarios.

Porque quién paga los platos rotos? La población en su conjunto, las pymes, las industrias. Y sólo un puñadito que se maneja en dólares se beneficia con la devaluación del peso argentino. El país se achica y las Provincias son las espaldas institucionales que siguen amortiguando las improvisaciones –para elegir un calificativo piadoso- que se practican en la economía nacional.

Y mientras algunas provincias como Chubut parecen estar al borde de la peor de la crisis, Misiones sigue capeando el temporal con su política de prudencia y austeridad. Con esa posición de “estar cerca de la gente” que no es otra cosa que atender a mujeres y hombres de carne y hueso, niños, adolescentes y mayores. Se vio la rapidez, por caso, con que se actuó en el socorro de las personas, las familias, las localidades de las zonas Centro y Sur provincial afectados por el último gran temporal. Las políticas públicas siguen poniendo el acento en la educación y la salud, con decisorias medias que apuestan al presente y al futuro. El comienzo de la habilitación del enorme Hospital Materno Neonatal que apunta a lograr a plenitud un parto seguro es una ulterior evidencia del sostenimiento de estas políticas inclusivas aún en un contexto gravemente adverso.

Pero no es menos cierto que se depende de los envíos nacionales de esa coparticipación que no sólo no es igualitaria entre las jurisdicciones provinciales, sino que además –y desde siempre- no vuelve en valores cercanos a lo recaudado en concepto de impuestos nacionales. Entonces sus esfuerzos están acotados, tienen ese límite.

Y ahora podrá tener nuevos límites. Aquellos impuestos por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que prevé rebajas dramáticas en los envíos a las provincias –tanto como a salarios, jubilaciones,-, en los subsidios a los servicios públicos para resguardar los fondos que deben destinarse al pago de la deuda externa contraída.

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