SEGUINOS

POSADAS

Lo pequeño y diminuto no ha podido frenar el avance hacia el futuro

Hay que remontarse al arameo –la lengua que hablaba Jesús- para encontrar el sentido de la palabra mezquino. Es la que da cuenta del “falto de nobleza de espíritu” como primera acepción y es éste seguramente el mejor calificativo que cabe a aquellos que, olvidando las necesidades del pobre –y hasta de quienes tienen cobertura social-, pretendieron echar un manto de duda y descalificación sobre una obra que acaso sea la más significativa en décadas de gestión de la salud pública. Un hospital escuela de agudos como el Doctor Ramón Madariaga es seguramente un hito, como lo fue su predecesor casi 100 años atrás. Pero, además, es sólo una de las instituciones previstas para un ambicioso Parque de la Salud que reunirá un Hospital de Pediatría ampliado, otro Materno Natal, un Instituto Cardiológico, una Facultad especializada en ciencias médicas.

No se trataba de debatir sobre buenas ideas en papeles. Sino de una obra que se pudo recorrer sin cortapisas de ninguna índole, en momentos en que el proyecto de ley estaba a la consideración de las Comisiones de Salud y Presupuesto. In situ era posible constatar lo que planteaba el texto de la iniciativa. El propio titular de la cartera sanitaria y el administrador dieron cuenta en profundidad del proyecto en ejecución, con toda la documentación disponible y estuvieron a disposición de las preguntas y repreguntas que se les quisieran hacer. Estuvieron también en el recinto cuando se trató en la sesión ordinaria de la Legislatura la sanción de la ley. Claro que el pequeño grupo de opositores tuvo que felicitar por la concreción de este nuevo hospital de última generación –era imposible actuar de otro modo porque la evidencia estaba al alcance de la mano-. Pero entonces qué hicieron se fueron hacia un eventual futuro imaginando que la forma de gestión que contemplaba la ley, una fundación, era pasible de sospechas de “corrupción” y de “enajenación” del patrimonio de los misioneros (sic).



Proponían entonces un ente descentralizado como fórmula ajena a tales mala dadas sospechas. Votaron en disidencia y más de uno pensó que “menos mal que no tenían poder de decisión real, porque de lo contrario todo el proyecto hubiera arriesgado su continuidad”.



Por cierto, todos los opositores se remitieron al juicio de valor de la ciudadanía, pero éste será posterior, ya cuando todo este funcionando a pleno. Y acaso valga la observación preocupada de un joven que vio por primera vez la imponencia de la nueva sede hospitalaria.



“Esto después estará así” decía y mostraba carteles torcidos, paredes con pinturas saltadas, personas aguardando por horas que la atienda un médico, administrativos descomedidos con el público. Ese era el futuro decía si no se tomaban medidas hoy. Por eso la ley prevé la sustentabilidad: 25% de los recursos provenientes de Rentas Generales, una Fundación en condiciones de responder con rapidez a los requerimientos que un uso intensivo plantea para este tipo de servicios sanitarios. Fundación que también hará los convenios con instituciones de calidad científica que permita mantener e incrementar los niveles de eficiencia. Entonces los carteles seguirán en su lugar, las paredes estarán pintadas, los médicos seguirán siendo full time, habrá placas para radiografías de última generación y tomografías computadas, los administrativos seguirán atendiendo con esmero a los pobres que no tienen cobertura y a los que sí disponen de obra social. Porque con el voto del oficialismo y de parte de la oposición –la que es capaz de reconocer que el otro está en lo cierto- la ley del Parque de la Salud fue sancionada. En suma, la iniciativa seguirá adelante.



Del mismo modo que continúa el seguro de salud para quienes no tienen cobertura, igualmente decidido por esta gestión de gobierno y que, asimismo, debió sortear más de una sospecha lanzada seguramente desde la misma mezquindad que impide advertir las necesidades primeras de los que requieren salud.



No es el único caso. El cuarto tramo de la Costanera de Posadas, que corona el largo balcón al río Paraná con una Villa Cultural ha soportado también más de un embate, más de una maledicencia. Pero seguramente como los otros tramos será celebrada por miles de posadeños que, como ya es tradición, recorrerán el paseo los fines de semana. Se reencontrarán con la emblemática ex estación de trenes que fue postal de la ciudad, por muchos años y podrán disfrutar desde una enorme plaza con capacidad para 10 mil personas, la no menos emblemática Estudiantina.




Pero la semana que acaba de concluir se cerró con un impensado “careo”. Unos docentes aprovecharon la presencia del gobernador Maurice Closs en la calle Ayacucho, para supervisar obras de repavimentación, y lo interceptaron a viva voz, saliendo de la Escuela de Comercio Nº 6 en la que trabajan. Y acaso lo que no imaginaron fue que el Gobernador les iba a responder. Pero sí lo hizo en una breve discusión a viva voz. Que un canal de la oposición utilizó para llamar a otros quejosos y que llevó a que Closs diera por terminado el diálogo, para “no terminar a los sopapos”. Curioso, la oposición ni siquiera soporta que el primer mandatario provincial no tenga empacho en detenerse a hablar con quienes arriesgan la compostura y olvidan la investidura. Closs volvió a poner en evidencia que privilegia el diálogo y toma nota de cuanto le piden. Algo que tendría en realidad que haber hecho el Consejo General de Educación para evitar estas exposiciones a quien representa a todos los misioneros.




 

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