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POSADAS

Los chismes de las embajadas y la necesidad de recuperar las instituciones

A pesar de todas las tropelías cometidas, sigue llamando la atención el descontrol de los medios concentrados que dieron grandes titulares a las filtraciones de comunicaciones de tercer y cuarto nivel filtradas por el sitio de la web que se dedica a “espiar” gobiernos y empresas. Los chismes dados a conocer sólo contribuyen a poner en evidencia el uso indebido de las instituciones y el deprimente nivel intelectual de funcionarios de las legaciones diplomáticas de Estados Unidos. Claro que todo esto no es más que una rebuscada “estocada”, en la interna de Washington, enderezada a Hilary Clinton y a Barak Obama, por elevación. Es no menos cierto que, en otros tiempos, estos spam hubieran servido para hacer tambalear gobiernos propios o ajenos.

Pero eso era hace mucho, cuando todavía se lograba manipular de tal modo los medios de prensa, sujetar a los pueblos con dictaduras, que las “embajadas” eran sedes de “virreynatos” que dictaban muchos de los pasos a seguir, en función excluyente de los propios intereses.



 



Los tiempos han cambiado, aunque evidentemente no lo han hecho, los malos modales de los “duros derechosos”. Porque bien podría señalarse que todo este chismerío barato no hace más que descalificar las Embajadas poniéndolas al nivel de “espías de barrio”. Pruebas al canto: una revista de un medio concentrado habló de la “bipolaridad” de la presidenta Cristina Fernández y la astuta Embajada preguntó por la “salud mental” de la Jefa de Estado. A posteriori, los medios concentrados titularon que preocupaba al país del Norte la estabilidad emocional de la primera mandataria. El reciclado es tan evidente y trucho, que sólo puede tomarse en consideración para analizar comportamientos antidemocráticos.



 



Porque en este caso se está vulnerando la razón de ser de una Embajada, como representante de una nación extranjera y hasta restándole la territorialidad que se le reconoce para dar albergue a sus súbitos o a ciudadanos de otros países que buscan allí asilo político. El espionaje ahora mostrado y dado por cierto en el tercer y cuarto nivel de jerarquía interna no hace más que remitir a las escuchas ilegales practicadas desde el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con una triangulación en Misiones, para enfrentar cuestiones familiares –Mauricio Macri espiando a su cuñado- o a cuestionadores de la política porteña –dirigentes humanitarios judíos, como Sergio Burstein, por la designación de un policía considerado encubridor en el atentado a la Amia-.  También acá se afectaron las instituciones. La Policía Metropolitana no iba a ser otra cosa que un espionaje interno para satisfacer intereses comerciales o políticos del gobierno de Macri, según señalan hasta ahora todas las evidencias.



 



El problema hallado en el camino, tanto por el chismerío diplomático como por las escuchas ilegales, es que las instituciones están vigentes y fortalecidas, lo que impide sobredimensionar lo sucedido como pretenden los medios concentrados, o ignorar lo ocurrido tal quisiera el Pro. Es posible inclusive que hasta la secretaria de Estado de los Estados Unidos salga fortalecida. Porque las prácticas ahora descubiertas venían por arrastre de gestiones anteriores, de la penosa era Bush y ahora se les presenta la oportunidad a estos líderes demócratas de escribir otra historia, revistiendo a las embajadas de la dignidad que debieran tener.



 



Del mismo modo como la Justicia, por un lado, y la Legislatura porteña, por el otro, tienen la ocasión de poner punto final a deleznables prácticas dictatoriales, de las que tan dolorosa memoria tienen la Argentina y Misiones. Y que seguramente eran de vigencia diaria en la década de los ’90, cuando también la Embajada cogobernaba.



 



En Misiones, concretamente, no pueden mantenerse las mentiras que sí son posibles en los set televisivos de Buenos Aires. Como aquellas faltas a la verdad en las que incurrió el ex gobernador Ramón Puerta cuando aseguraba no conocer al ex juez José Luis Rey y resulta que era su funcionario y era quien, nada menos, evaluaba las empresas que se presentaban a licitaciones de la Provincia. Entre ellas, las de Mauricio Macri, el amigo del entonces mandatario.



 



De todos modos, debe registrarse como positivo que estas prácticas están donde deben, en la Justicia. Y así los gobiernos se pueden dedicar a las cosas que importan, a gobernar. Porque en ese ámbito, fue una brisa fresca conocer las propuestas que incluirá el Plan Fénix, por ejemplo, para el período 2011-2016. Allí está el planteo del combate decisivo a la pobreza y la desocupación, la adopción de un seguro de salud universal, la mayor aportación a la educación y la mejor calidad de vida de la población con, por ejemplo, jubilaciones dignas que destierren para siempre jubilados pobres.



 



Y es un aliciente porque se está pensando en un crecimiento sostenido con redistribución de la riqueza. Importan también los numerosos puntos de contacto con las políticas activas que se vienen llevando a cabo en Misiones, provincia que también enfrenta una pobreza estructural desde un criterio multifuncional como el que ahora se plantea para la Nación y donde ya fue adoptado años atrás un seguro de salud que incorporara a población excluida. O los puntos de contacto con políticas tributarias redistributivas.



 



Poner al bien común como Norte de las acciones es contribuir a la calidad institucional que deberá buscarse también en la célula básica del sistema democrático, la Municipalidad y, en ella el Concejo Deliberante.



 



Específicamente en el de Posadas, donde se está cerrando un ciclo olvidable en el que fracasó el puertismo y sus maniobras. “Cuando estábamos con ellos estaba todo bien. Ahora que los cuestionamos somos kirchneristas, una identificación que no asignan a quien sí lo es, como el camionero Ramón Velázquez, por el mero hecho que sigue respondiendo al interbloque de Ricardo Skanata”, hacía notar el concejal del Pro José Almirón.



 



Este Concejo que sigue pidiendo mayor refuerzo presupuestario consumió el año buscando obstaculizar la acción de la Intendencia, olvidando que su razón de ser es la de constituirse en la caja de resonancia de las preocupaciones vecinales. Ni siquiera se interesó en participar de las profundas transformaciones experimentadas por Posadas, ni en proyectar su desarrollo futuro, un cometido que sí interesó, en cambio, a la mayoría de las instituciones municipales, provinciales, organizaciones civiles, colegios de profesionales.



 



 



 



 



 



 



 



 



 



 



 



 

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